El acoso escolar ha existido siempre, pero en estos últimos años esto ha aumentado mucho, y los responsables de este gran aumento son las redes sociales ya que gran parte de este acoso que se puede producir en el colegio, se ve incrementado por las burlas y humillaciones que se producen a través de videos o publicaciones en facebook, tuenti o twitter.

El problema del acoso escolar a través de las redes sociales es que los padres no perciben directamente el acoso que están recibiendo sus hijos y esto hace que dicho desconocimiento pueda producir consecuencias desadaptativas a largo plazo.

En primer lugar es importante saber que cuando hablamos de acoso escolar o bullying nos referimos, a actitudes agresivas, intencionadas y repetidas que ocurren sin motivación evidente, adoptadas por uno o más estudiantes contra uno u otros. La persona que ejerce el acoso lo hace para imponer su poder sobre el otro, a través de constantes insultos, vejaciones o agresiones y así tener el completo dominio sobre esa persona.

Los expertos señalan que el bullying implica tres componentes claves:

  • Un desequilibrio de poder entre el acosador y la víctima. Este desequilibrio puede ser real o solo percibido con la víctima.
  • La agresión se lleva a cabo por un acosador o un grupo que intenta dañar a la victima de un modo intencionado.
  • Existe un comportamiento agresivo hacia una misma victima, que se produce de forma reiterada.

Existen distintos tipos de acoso escolar, físico, verbal, psicológico o social.

En España se estima que un 1,6 por ciento de la población escolar sufren este fenómeno de manera constante y el 5,7 por ciento de esta misma población lo vive esporádicamente.

Los datos también muestran que el acoso escolar afecta a los niños de todas las condiciones sociales, está presente en colegios públicos y privados, en ciudades grandes y en pueblos pequeños.

Muchos estudios demuestran que las causas de bullying residen en los modelos educativos de los niños, en la ausencia de valores, de límites, de reglas de convivencia, entre otros.

Desde un punto de vista psicológico, aunque la tendencia espontánea hacia la protección de la victima nos pueda llevar a pensar que sólo esta necesita ayuda, debemos considerar que existe un mayor riesgo de sufrir trastornos  en aquellos que adoptan el rol de agresores.

Análisis detallados nos muestra que los chicos que utilizan la agresión abierta presentan problemas de conducta externalizada (impulsividad, conductas desafiantes, y culpabilizadoras), mientras que los agresivos relacionales también pueden exhibir problemas internalizados (tristeza, ansiedad, quejas somáticas, etc. (Crick y Grotpeter, 1995).

Desde una perspectiva de género, la agresión abierta se ha vinculado a los chicos y la agresión relacional a las chicas. La implicación en agresión no normativa de género (chicos agresores relacionales y chicas abiertamente agresivas) se vincula a niveles más altos de desajuste psicosocial. Esto puede ser debido en parte a que son conductas asociadas a un mayor rechazo tanto por parte de los iguales, como de los adultos (Crick, 1997)

En conclusión, cada vez se hace más evidente la necesidad de un enfoque holístico, ya que esto permitirá la identificación de los factores de riesgo como son el rechazo de los iguales o la agresión temprana), y su redefinición en una sociedad cambiante como la nuestra que sufre transformaciones aceleradas en todos los campos, incluyendo el psicopatológico, con la emergencia de nuevas patologías psicosociales.

Por último, es importante concienciar a la sociedad de la prevención y actuación tanto en la escuela como en la familia de este tipo de problemas. En el caso en el que se esté produciendo dicho acoso se trata de intervenir lo antes posible en situaciones todavía incipientes para evitar que se consoliden o prestar atención especifica, interviniendo directamente con el alumnado y las familias implicadas, ofreciendo asesoramiento y apoyo técnico especializado.