Las redes sociales y las nuevas tecnologías han cambiado el mundo tal y como lo conocemos. Estas nuevas formas de comunicación, a pesar de llevar pocos años entre nosotros, han modificado drásticamente la forma en la que nos relacionamos, nuestra comprensión del mundo, e incluso la propia autopercepción que tenemos de nosotros mismos.

Se ha escrito mucho sobre las diferencias entre las capacidades de las distintas generaciones, las ventajas e inconvenientes que afrontan los llamados “Millennials”, las implicaciones de ser un “nativo digital”, e incluso sobre las futuras tendencias sociales que se darán a lo largo de los próximos años.

Sin  embargo, en nuestra opinión, no se ha abordado con la suficiente profundidad la dimensión psicológica de todo este cambio, y los efectos cognitivos y emocionales que solo ahora estamos empezando a descubrir. Para dar respuesta a estas cuestiones, hemos respondido a una serie de preguntas que nos planteaban desde El País, que os transcribimos a continuación:

Desde el punto de vista psicológico, ¿qué ha perdido y qué ha ganado el ser humano con la llegada de Internet y las redes sociales a la hora de conocerse a sí mismo?

El incremento en el uso de internet y las nuevas tecnologías en los últimos años, ha supuesto un cambio en nuestra sociedad causando un impacto en la vida de las personas. Los beneficios o problemas que causa el uso de internet van a depender mucho del uso que se haga de este.

Es evidente que el uso de internet ha permitido una mayor accesibilidad a la información de manera inmediata y a tiempo real, disponer de nuevas formas de aprendizaje, así como una evidente mejora en la comunicación. A nivel personal, sin embargo, dependerá mucho del objetivo individual y el modo en el que se utilice.

Pero estos beneficios obtenidos por esta gran revolución tecnológica pueden estar ocasionando daños tanto en la relación con uno mismo como con los demás. Las redes sociales han supuesto que, en cierto modo, la vida privada de uno mismo ha dejado de serlo. A nivel individual, una participación demasiado activa en estas comunidades virtuales puede hacer que la persona sufra un aislamiento de las actividades presenciales. Por ello, es importante tomar conciencia de que un uso normalizado a nivel personal ayuda a conseguir una mejora del bienestar psicológico.

¿Y a la hora de relacionarse con los demás?

El uso de internet, sobre todo en los juegos on-line o de consolas, ha cambiado las relaciones de expansión en los niños y adolescentes; antes se salía más de los domicilios para relacionarte con los amigos, mientras que ahora se queda más en estos para jugar a la consola bien en grupos bien a nivel individual para conectarse de manera on-line, disminuyendo en contacto físico en las relaciones sociales.

Con esto se puede abrir un gran debate, ya que existen diferencias sensibles entre el uso de estas tecnologías en cuanto a las edades y sexos.

Pero no todo es negativo, el uso social de internet y de las redes sociales actualmente es utilizado para crear amistades, que suelen convertirse en presenciales, para participar en foros de discusión, o para formar parte de comunidades virtuales que permitan implicarse en distintas actividades.

Gracias al internet tenemos una gran divulgación de encuentros sobre diferentes temáticas, creándose en estos sitios lugares de encuentro para potenciar las relaciones.

Desde una perspectiva psicológica, existen grandes diferencias entre la población nacida antes de la popularización de internet y las generaciones más jóvenes ¿cuáles serían aspectos destacados de la generación pre-internet?

Una de las ventajas más relevantes en la época pre-internet sería sin duda la existencia de mucha más privacidad en la vida personal, ya que con las redes sociales esto se ha visto afectado.

También existía antes mucho más interés por recordar y almacenar en la memoria información, mientras que actualmente esta capacidad está cayendo en desuso, ya que sólo guardamos información en memoria de teléfonos móviles, ordenadores o tablets, y esto puede estar ocasionando una disminución de la actividad cognitiva de la memoria.

Como desventajas se podrían citar algunas como la desinformación o falta de conocimiento sobre muchos temas debido a que no existía la rapidez en la difusión de información, y esto no permitía desarrollar en ocasiones nuevas formas de aprendizaje.

Otro hándicap añadido para las personas da más edad es la dificultad adaptativa a la nueva situación. Sirva por ejemplo las dudas constantes que aparecen a la hora de educar a los hijos: la popularización de las nuevas tecnologías ha conllevado también efectos tales como la dependencia a estas, o la necesidad constante de tener un buen ordenador, un buen teléfono, consolas, etc. Todo esto produce muchas veces incertidumbre en los padres, al no saber cuándo es necesario entregar un móvil a sus hijos, o cuantas horas es recomendable permitirles pasar jugando. Se trata de algo normal ya que, por así decirlo, se trata de una situación sobre la que nunca han tenido una experiencia previa y se enfrentan a “terreno desconocido”.

¿Y de la generación de los millennials?

La población más joven, por su parte, también se ha encontrado en un entorno que les ofrece oportunidades y desventajas. Un buen ejemplo de oportunidad sería la integración cognitiva de los patrones para la gestión de las redes sociales, ya que existen nuevas formas de comunicación interpersonal así como nuevos medios de entretenimiento multimedia, que utilizándolos de manera responsable pueden producir grandes beneficios psicológicos y cognitivos.

De igual modo, existen peligros inherentes a esta nueva realidad. En este sentido, cabría destacar la existencia de posibles peligros asociados a contactos no sanos en las redes sociales, que es posible pasar desapercibidas en el entorno virtual mientras que son mucho más fácilmente detectables en el mundo físico, sobre todo en niños de cortas edades.

E incluso podríamos hablar de efectos puramente fisiológicos, como por ejemplo la cada vez mayor frecuencia de dolencias óseas y musculares, debido a la cada vez mayor necesidad de estar sentados durante mucho tiempo frente a un ordenador o similares. Y esto, lógicamente, conlleva también efectos de ámbito psicológico, ya que una de las primeras consecuencias de un empeoramiento de la salud física es el deterioro del estado emocional de las personas.

Nos levantamos y lo primero que hacemos es mirar el correo, Facebook, Twitter… Nos interesa más saber qué nos hemos perdido mientras dormíamos que planificar lo que haremos a lo largo del día. ¿A qué se debe este comportamiento?

Con la aparición de internet y de las redes sociales se han producido cambios en los patrones de conducta de las personas, ya que una de las cosas importantes en esta sociedad es estar al tanto de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, por evitar el desconocimiento que esto implica.

Pero no es incompatible el hecho de estar informado de todo lo que ocurre con planificar lo que haremos a lo largo del día, aunque sí es cierto que puede haberse producido una pérdida del enfoque apropiado en las prioridades de la vida cotidiana, aunque al fin y al cabo, de una manera consciente o inconsciente sigue siendo para gran parte de la sociedad una prioridad esa planificación.

Un consejo que deberíamos realizar todos es potenciar el presente que tenemos. Si estamos junto con amigos o familiares, deberíamos empezar por dejar el móvil al lado y percatarnos de que es muy enriquecedor lo que nos cuentan. Disfrutemos de las relaciones sociales y del contacto humano.