En teoría ser competitivo te ayuda a crecer en diferentes ámbitos de la vida pero, como en tantas otras cosas de la vida, en el punto intermedio está la virtud ¿Cómo encontrar el punto justo y no excedernos? ¿Cómo diferenciar la sana competitividad de la agresividad o la envidia?

Está claro que la competitividad positiva fomenta el crecimiento personal, la superación y el aprendizaje continuo, pero cuando esta competitividad comienza a producirte un desequilibrio personal es cuando llega el momento de parar y reflexionar. Cuando seas consciente de no respetar las necesidades de otras personas en tu propio beneficio, cuando consideras que tus logros son mayores por producir envidias a los demás o por tener más que ellos, en vez de motivación para el crecimiento personal lo que verdaderamente sucede es que te estás excediendo y debes reconsiderar el volver a tener claro el objetivo de tu competitividad, que no es otro que un impulso que te ayude a lograr objetivos de crecimiento personal respetando siempre las necesidades ajenas.

Una persona competitiva es aquella que acepta los retos, se supera cada día. ¿Cuándo empieza a ser negativo?

La competitividad empieza a ser negativa cuando quieres lograr tus objetivos individuales a cualquier precio, sin importar las necesidades ni los derechos de los demás; cuando tu propio bienestar se ve dañado, o cuando no te importa destruir relaciones sociales o familiares para conseguir tus objetivos individuales.

En ese momento, la competitividad ya no te ofrece un crecimiento personal, sino que la única motivación subyacente es tener más que el otro y generar envidia.

¿Qué sucede cuando no nos gusta perder ni al parchís? ¿Cuándo llega a ser una actitud patológica?

Cuando nuestra competitividad es desmedida, entramos en una espiral de destrucción, donde nuestro bienestar y el de las personas que nos rodean se ven dañados. En esta situación, realmente no tenemos una motivación sana en crecer ni en aprender, no disfrutamos realmente de nuestros logros, ya que lo único que queremos es ganar por el hecho de ser superior al otro, no por aprender o ser mejores nosotros mismos, sino solo por ser superior a la otra persona.

Si, por ejemplo, cuando perdemos a un juego y esto nos genera un malestar emocional, realmente no estamos disfrutando del juego, solo nos dirigimos hacia el objetivo de ser mejores que nuestro contrincante y ganarle; al hacer esto, estamos dejando de lado la competitividad sana. Cuando perdemos en juegos de interacción social y esto nos genera malestar, es el momento de pararnos a reflexionar, prestar atención y hacernos la pregunta de por qué queremos ganar, para darnos cuenta realmente de cuáles son los motivos que nos mueven.

Ser competitivo, ¿es una virtud o un defecto?

Ser competitivo en su justa medida es una virtud, ya que nos ayuda a impulsarnos hacia nuevas metas, conseguir retos, tener aprendizajes continuos, mejorarnos a nivel personal o profesional. Siempre desde la competitividad positiva. Cuestión distinta es cuando esta competitividad resulta excesiva, y en vez de un desarrollo personal lo que nos genera es una angustia emocional.

Nueve claves para convertir la competitividad en una actitud positiva:

  • Cuando aplicamos la competitividad para ayudarnos a superar una situación personal de manera positiva
  • Cuando respetamos los derechos y necesidades de los demás
  • Cuando el objetivo que perseguimos no es ganar por ganar, sino crecer como persona
  • Plantéate siempre la pregunta ¿Cuál es el motivo por el que quiero conseguir esto? Si es por crecimiento personal sigue en ello, cuando es mostrar superioridad para, y fija otras metas.
  • Busca una satisfacción personal en el logro de tus objetivos, no una satisfacción por tener más que otra persona.
  • Cuando disfrutas en la competición y no destruyes tu propio bienestar.
  • Cuando la competitividad te impulsa a dar lo mejor de ti.
  • Acepta los fracasos como alternativas a un crecimiento personal
  • Aprende a valorar los éxitos conseguidos por otras personas.

¿Alguien va consulta por este motivo? ¿Qué puede ocultar?

Existen muchas personas que acuden a consulta aquejados de ser muy competitivos, motivo por el que sufren problemas a nivel personal y laboral.

Una situación de excesiva competitividad puede ocultar muchas cosas, por lo que es importante realizar una evaluación individual con cada una de estas personas, y determinar qué es lo que le impulsa a ser competitiva de una manera agresiva sin importarle los derechos de los demás. En muchas ocasiones, este tipo de actitudes pueden ocultar problemas de baja autoestima, miedo al rechazo, narcisismo, etc.

¿Hay que enfocarse en ganar siempre o en ser mejor en todo?

Lo que hay que enfocarse es en dirigirnos hacia un aprendizaje constante y superarnos a nosotros mismos, respetando a las personas que tenemos a nuestro lado.

En cualquier caso, la clave es conseguir que nuestra competitividad tenga un sentido, fomentar la superación y el aprendizaje, pero siempre considerando el bienestar y equilibrio personal propio y el de las personas que nos rodean.

¿Cómo se puede desarrollar una competitividad positiva? ¿Hay que cultivar el esfuerzo en determinados ámbitos y en otros no?

La competitividad positiva se puede cultivar en todo tipo de ámbitos, tanto profesionales, como personales, pero siempre desde el respeto a los demás y cuidando nuestro bienestar.

Desarrollar o llevar la competitividad al extremo puede significar tener malos rollos familiares, en el trabajo, con los amigos…

Efectivamente, llevar la competitividad al extremo puede llevar a la destrucción de nuestras relaciones profesionales e incluso personales. En estos casos es frecuente llegar a realizar acciones o actos ofensivos, generando malestar y distanciamiento en aquellas personas que nos rodean, tanto amigos como familiares.