Más allá de los trastornos alimentarios como la bulimia y la anorexia, cada vez más es necesario hacer foco en cómo este tipo de patologías se han transformado a raíz de entrar en contacto con las redes sociales. Esto ha dado lugar a una auténtica evolución de los Trastornos de Conducta Alimentaria, como sucede por ejemplo con las modas virales que bajo el hastag #Thinspiration hacen una apología de la delgadez extrema y animan a los jóvenes a seguir unas pautas alimentarias peligrosas.

El uso abusivo de redes sociales como Facebook o Instagram ha influido en los patrones de conducta de la población, y muy especialmente de los jóvenes, aunque no se puede atribuir toda la responsabilidad a las redes sociales del incremento que se ha producido en los últimos años del número de afectados por Trastornos de la Alimentación, sino que más bien estas han amplificado un problema que ya existía anteriormente. No obstante, si bien es cierto que este es un problema anterior a las redes sociales, no cabe duda de que estas han tenido en este aspecto una importancia muy acusada.

El 21 de octubre de 2016 se solicitó a Youtube el cierre del canal de Eugenia Cooney, el cual contaba con 860.000 seguidores, en su mayoría adolescentes, debido a que este albergaba imágenes muy impactantes sobre su delgadez extrema. Tan solo hay que ver la imagen de la adolescente con 32 kilos.

El uso de plataformas como Youtube permitió a esta adolescente ejercer una gran influencia sobre sus seguidores, al facilitarle mostrar imágenes y videos sobre ella, en la que relataba sus aventuras, su vida. Youtube es, además, una vía tremendamene eficaz a la hora de viralizar contenidos y mensajes, haciendo posible que estos lleguen con suma facilidad a un número casi ilimitado de personas. Ante situaciones como esta, en la que Eugenia contaba con casi 400.000 visitas diárias, es evidente que este tipo de herramientas son capaces de generar una tremenda influencia en personas con trastornos de la alimentación; de hecho, muchas de estas visitas eran precisamente de adolescentes con anorexia, las cuales encontraban un refuerzo a sus comportamientos, normalizando la percepción de que pesar 30 kilos es algo normal o aceptable.

Pero más allá de todo esto, lo realmente preocupante es que no existe un sistema regulador de imágenes o contenidos publicados en las redes sociales, potenciando cada vez más este tipo de mensajes sobre todo en un público joven de entre 13 y 19 años, que es precisamente un colectivo especialmente vulnerable a la hora de poder desarrollar trastornos de la conducta alimentaria.

Otro de los peligros que se han podido observar en las redes sociales es que hay una obsesión por estar exponiendo imágenes y contenidos sobre cuerpos esculturales. Estas visualizaciones pueden llevar a que la percepción de la realidad de quienes lo ven se distorsione, y a pensar que estos modelos de apariencia son algo normal o deseable, para lo que hay que seguir introduciéndose en dietas muy restrictivas y nada sanas que, a su vez, pueden llegar a desembocar en trastornos de la alimentación.

Por todo ello es importante tener en mente que, como con tantas otras cosas, es necesario tener cuidado en el uso de las redes sociales, ya que no hay que entender que todos los mensajes que en ellas se trasladan son necesariamente normales o positivos. Y más aún, cabe extremar las precauciones si tenemos a nuestro alrededor personas que tienen un Trastorno de la Conducta Alimentaria, ya que como decíamos anteriormente al no haber filtros sobre los contenidos estas personas buscan consejos que normalmente no consiguen en su entorno más inmediato, como por ejemplo “Dietas extremas para perder peso rápidamente”, “Cómo Vomitar”, “Como esconder los alimentos”, etc.

Ya en el 2011 la Agencia de Calidad de Internet (IQUA) y la Asociación contra la Bulimia y la Anorexia (ACAB) denunciaron el aumento de contenidos arriba referenciados siendo estos cada vez más frecuentes. Desde entonces, esta situación no ha hecho sino agravarse con el paso del tiempo.

También es necesario recalcar la importancia que tiene la existencia de determinados blogs y foros que, bajo el nombre genérico de “Ana y Mia” (Anorexia y Bulimia) ofrecen métodos para perder peso como por ejemplo vomitar sin que los padres se den cuenta, como ocultar el problema, dietas extremas, sistemas de purgación, etc. Estas páginas actúan primero como una herramienta de captación de personas potencialmente propensas a desarrollar un TCA y, de manera gradual, les instruyen en cómo desarrollar este tipo de trastornos (bajo la apariencia de una “forma de vida”) e incluso les terminan de aislar de otro tipo de personas que puedan interferir con este proceso, al considerar que pretenden conseguir su infelicidad al frustarles la posibilidad de alcanzar sus objetivos. Estos blogs y foros de “Ana y Mia” operan, en definitiva, con los procedimientos y técnicas de auténticas sectas.

Este tipo de problemática hace necesario que todos, tanto adultos y padres como la sociedad en su conjunto, deberíamos intentar minimizar estas situaciones anómalas y perjudiciales, empezando por proveer a los jóvenes y adolescentes de una buena información tanto a nivel familiar como escolar de las implicaciones y riesgos que entrañan estos blogs y redes sociales.