¿Qué son los Trastornos Disociativos?

Los trastornos disociativos se caracterizan por una pérdida parcial o completa de la integración normal entre ciertos recuerdos del pasado, la conciencia de la propia identidad, las sensaciones inmediatas o el control de los movimientos corporales.

Una de las dificultades inherentes a estos trastornos es establecer hasta qué punto hay una voluntariedad en los mismos, o cómo determinar que vienen ocasionados por motivos distintos a la intencionalidad del paciente.

¿A qué se deben los Trastornos Disociativos?

Su procedencia es tanto ambiental como genética. Los trastornos disociativos se deben a una pérdida del yo o de la identidad del paciente en un momento determinado. La disociación puede estar provocada cuando ha habido una negligencia severa, un abuso emocional o incluso, en la ausencia de estos, en familias con padres amenazadores.

Por ejemplo, cuando una persona sufre una violación, a veces se produce una desconexión con la realidad; esto es, una disociación, en la que se llega incluso a olvidar lo que sucedió. La disociación se considera adaptiva cuando se es un niño para evitar emociones intensas. Una vez que se llega a la edad adulta se considera desadaptativa.

¿Cuáles son los principales síntomas de los Trastornos Disociativos?

Aunque los síntomas son dependientes de cada subtipo, nos podemos encontrar principalmente con los siguientes rasgos comunes:

  • Incapacidad de recordar información personal importante
  • Confusión sobre la identidad propia o asunción de una nueva identidad
  • Presencia de 2 o más identidades
  • Verse fuera del cuerpo como un observador externo
¿Qué tipos de Trastornos Disociativos hay?
Amnesia disociativa

Se caracteriza por la incapacidad de recordar sucesos importantes de la vida. Este tipo de amnesia está originada por factores psicológicos y no fisiológicos, y normalmente se sitúa alrededor de un hecho traumático (como un accidente o un duelo).

Fuga disociativa

Aunque tenga características parecidas a la amnesia disociativa, este trastorno destaca por un desplazamiento (normalmente hacia un lugar conocido) en el que se produce un cuidado de sí mismo. El tiempo puede ser desde un día hasta periodos largos donde la persona conserva la autenticidad. Como ya hemos explicado, puede haber una confusión sobre la identidad propia o asunción de una nueva identidad.

Trastorno de identidad disociativo

Se trata de la presencia de dos o más identidades o estados de personalidad en los que al menos dos de ellas controlan de forma recurrente cómo se comporta el individuo. Es importante saber que cada una de las identidades recuerda información bibliográfica diferente, por lo que se producen pérdidas de memoria asociadas a eventos ocurridos cuando la otra personalidad controla al individuo.

Trastorno de despersonalización

Se trata de la sensación recurrente de que estamos separados de nuestros procesos mentales o de nuestro cuerpo. Las personas que padecen este trastorno lo describen como si estuviesen en “modo automático”, como si pasasen por la vida pero no formasen parte de ella. Es importante señalar que los momentos ocasionales de despersonalización son normales y ocurren a muchas personas, por lo que el trastorno como tal solo se produce cuando los episodios de despersonalización son recurrentes o prolongados.

¿Cómo se tratan los Trastornos Disociativos?

La psicoterapia es el tratamiento más usado y más efectivo. No debemos olvidar que el tratamiento dependerá del tipo de trastorno disociativo que se padezca, además del hecho de que cada persona es diferente, aun cuando tengan un mismo tipo de trastorno disociativo.

Las terapias que tienen mejores efectos a largo plazo son las que trabajan sobre los síntomas disociativos, donde existen varios tipos de abordajes según el objetivo que se plantee. Los tres tipos de abordajes para tratar los trastornos disociativos son los siguientes:

  • Integracionistas. En estas terapias, el objetivo es la integración de las partes disociadas
  • Focalizados en la personalidad. Aquí, el objetivo es buscar no una integración de las personalidades, sino una optimización a la hora de organizarse internamente.
  • Adaptacionalistas. Estas terapias no abordan las personalidades, sino que son más pragmáticas; se centran en la mejora del funcionamiento del paciente disminuyendo sus síntomas.
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