¿Qué son las adicciones?

Las adicciones son una enfermedad crónica, severa y recurrente que afecta al cerebro de quienes la padecen. Mediante la realización de una determinada conducta o del consumo de una sustancia específica, el adicto busca encontrar un alivio. Para conseguir esta satisfacción, el adicto experimenta dificultades o imposibilidad de auto controlar sus actos.

Es frecuente que las personas con adicciones no reconozcan encontrarse afectados por estas, o que las minimicen o resten importancia. La dependencia psicológica o física puede llegar a ser muy severa; hasta tal punto, que el adicto puede incluso poner en riesgo su salud o bienestar para satisfacer su adicción. Todo ello conlleva una importante merma en la calidad de vida de las personas aquejadas por este trastorno.

¿A qué se deben las adicciones?

Las causas que pueden dar lugar a una adicción son múltiples, y se interrelacionan de una manera compleja entre sí. Sin embargo, cabría citar los siguientes tipos de causas que puedan dar lugar a una adicción:

  • Factores biológicos y genéticos: está demostrado que no todas las mismas personas reaccionan igual ante sustancias similares (por ejemplo, cafeína, alcohol, tabaco, drogas, etc.), ni desarrollan las iguales respuestas físicas ante un mismo estímulo. Esto significa que cada persona, en función de su propia herencia genética y condición fisiológica o bioquímica, puede verse afectada de manera diferente ante una misma sustancia. En este sentido, hay estudios concluyentes que demuestran que la herencia genética es muy significativa a la hora de desarrollar posibles adicciones, como por ejemplo el alcoholismo o la drogadicción.
  • Factores psicológicos: además del componente físico, los elementos emocionales y psicológicos también pueden ser elementos decisivos a la hora de predisponer o no a una persona a padecer una adicción. De este modo, está demostrado que personas con depresión, baja autoestima, estrés o ansiedad, entre otros, tienen una mayor propensión a desarrollar adicciones.
  • Factores externos: junto a los factores emocionales o fisiológicos anteriormente citados, existen también otros elementos de crucial importancia a la hora de determinar la probabilidad de que una persona desarrolle o no una adicción. De este modo, cuestiones tales como la situación familiar del individuo, su entorno social, o su contexto laboral, entre otras, resultan de gran relevancia.
¿Cuáles son los principales síntomas de las adicciones?

Al igual que existe una enorme cantidad de adicciones distintas, los síntomas que acompañan a esta enfermedad son realmente variados. Existe sin embargo una sintomatología que sí resulta común o muy frecuente en la mayor parte de los casos:

  • Pérdida del autocontrol: Implica que el adicto no puede evitar buscar satisfacer su adicción de manera constante; debido a ello, invierte excesivas energías y tiempo en satisfacer su adicción, descuidando otros aspectos relevantes de su vida cotidiana.
  • Deterioro de la calidad de vida: los aspectos fisiológicos, psicológicos y sociales del entorno se ven cada vez más deteriorados.
  • Conducta obsesiva: tan pronto como se ha satisfecho la adicción, comienza de nuevo el ciclo de búsqueda y satisfacción.
  • Comportamiento autodestructivo: a pesar de los daños que genera la adicción a la persona que la padece, esta persiste.
  • Conducta de búsqueda: instintiva o cuasi inconscientemente, el adicto propicia entornos o situaciones en los que pueda satisfacer su adicción.
  • Negación de la adicción: para proseguir con su adicción, el adicto debe disociarse de los efectos perjudiciales que esta produce. Para ello, es habitual que los adictos nieguen o minimicen su trastorno.
  • Memoria eufórica: las personas con adicciones procesan en su memoria los momentos de satisfacción, pero no los efectos perjudiciales. Esto quiere decir que recuerdan momentos placenteros, pero olvidan o minimizan los malos recuerdos asociados a su adicción.
  • Deseos automáticos: cuando el adicto se encuentra en un entorno relacionado con su adicción, instintivamente aparece la necesidad de satisfacerla. Por ejemplo, un fumador después de comer al que le apetece un cigarrillo, o un alcohólico en un bar.
  • Congelamiento emocional: el adicto tiene cada vez mayores dificultades para comprender y manejar sus sentimientos y emociones. Además, para mitigar esta dificultad se refugia aún más en su adicción, dando lugar a un círculo vicioso.
¿Qué tipos de adicciones hay?

Existe una enorme variedad de adicciones, cada una con sus desencadenantes, síntomas y tratamientos específicos. A pesar de ello, cabe destacar algunas de las más frecuentes; o bien otras que merecen especial consideración por su peligrosidad para el individuo que las padece o su entorno:

Tabaco

El tabaquismo o adicción al tabaco viene motivado mayoritariamente por la adicción a su sustancia activa, la nicotina. Se trata de un hábito extendido y legal; sin embargo, afortunadamente las autoridades sanitarias están siendo cada vez más restrictivas en su comercialización y distribución.

La nicotina es una de las sustancias conocidas más adictivas, y romper con su dependencia puede resultar extremadamente difícil. Existen sin embargo terapias psicológicas y farmacológicas de gran efectividad.

Drogas

Entendemos por adicción a las drogas aquellas conductas de consumo recurrente de sustancias psicoactivas. Existe una enorme variedad de drogas, cada una con sus propias particularidades; ello hace que sea imposible generalizar una descripción o una terapia común para todas ellas. Sin embargo, sí que se puede afirmar que hay unos patrones comunes en las adicciones por drogodependencias. Además, por lo general la terapia cognitivo-conductual puede resultar de gran efectividad.

También es importante señalar que no todas las drogas son ilegales. De hecho las drogas más consumidas en el mundo son el alcohol, la cafeína y la nicotina. Sin embargo, la problemática asociada en estos casos es muy diferente, especialmente a efectos del tipo de intervención a realizar. En este apartado nos referimos a las consideradas como “drogas ilegales”.

Alcoholismo

La adicción al alcohol es una de las más extendidas, y supone un grave problema socio-sanitario. La ingesta moderada de alcohol no tiene por qué implicar un riesgo para la salud; sin embargo, el consumo abusivo de esta sustancia puede conllevar importantes efectos fisiológicos, psicológicos y sociales.

El alcoholismo, además de suponer un grave riesgo de salud para quienes lo padecen, lo es también para terceras personas.  Según las estadísticas oficiales, cerca del 70% de las muertes ocurridas en accidentes de tráfico están relacionadas con el consumo excesivo de alcohol.

Ludopatía

La ludopatía es la necesidad irrefrenable, reiterativa y progresiva que tiene una persona por apostar en juegos de azar. Se trata por lo tanto de una adicción sin sustancia, sino centrada en un comportamiento.

Esta adicción tiene unos efectos muy negativos en la vida personal del afectado, ya que suele conllevar la aparición y agravamiento de problemas económicos. Generalmente empieza en la adolescencia en los hombres, y en las mujeres en las edades entre 20 y 40 años.

Internet

La aparición de internet es un fenómeno relativamente reciente, y sin embargo se trata ya de una parte imprescindible de nuestras vidas. Esto ha ocasionado que cada vez un mayor número de personas esté desarrollado conductas adictivas con su consumo.

La adicción a internet se ha calificado como un uso patológico e incontrolable de este medio, con presencia de factores estresantes y que conlleva una enorme dedicación de tiempo. Todo esto se traduce en que las personas afectadas terminan experimentando dificultades sociales, familiares, laborales o económicas, lo que afecta gravemente su calidad de vida.

Móvil

España es, después de Singapur, el segundo país del mundo con mayor tasa de penetración de teléfonos inteligentes. Esto ha propiciado que cada vez más personas hayan desarrollado una auténtica adicción a estos aparatos, lo que se conoce como “nomofobia”.

Este problema resulta además especialmente acusado en niños y jóvenes, ya que la práctica totalidad de los preadolescentes y adolescentes españoles disponen de un Smartphone, aunque no siempre se les ha educado apropiadamente en su uso.

Trabajo

La adicción al trabajo consiste en la implicación excesiva, progresiva y constante de una persona en su actividad laboral, llegando a descuidar el resto de actividades en las que anteriormente se encontraba involucrado. Este exceso de implicación no viene motivado por necesidades económicas o laborales de la persona que lo padece, sino que se debe exclusivamente a factores psicológicos.

Las personas con adicción al trabajo muchas veces encuentran dificultades en su relación con compañeros, amigos y familiares, lo que termina por deteriorar gravemente su entorno social.

¿Cómo se tratan las adicciones?

Puesto que cada adicción presenta grandes particularidades específicas, no existe un único enfoque para el tratamiento de todas ellas. Sin embargo, sí que existen una serie de herramientas que, de manera individual o combinada, suelen emplearse para su abordaje.

En primer lugar, la psicoterapia suele ser una de las pautas de intervención más efectivas, ya que es necesario que la persona adicta sea consciente de su problemática, en primer lugar, y de cómo controlar sus emociones y conductas, en última instancia.

Por otro lado, en algunas adiciones resulta especialmente indicado el tratamiento psicológico grupal, ya que en estos casos es un factor reconfortante para la persona que padece este trastorno el sentirse acompañado en su lucha contra la adición, y ver que hay otras personas que están pasando por el mismo proceso.

También se emplean con regularidad tratamientos farmacológicos, ya que en muchas ocasiones es necesario controlar los síntomas o las reacciones emocionales de los pacientes. En estos casos, la medicación debe ser siempre prescrita y supervisada por un facultativo médico.

Por último, son también de utilidad distintos tipos de medidas psicoeducativas, que permiten al paciente medidas tan importantes como evitar conductas de riesgo, o normalizar su situación psicosocial.

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