¿Qué son los problemas en el trabajo?

Las personas pasamos una gran parte de nuestra vida en el entorno laboral, donde nos encontramos sometidos a constantes exigencias. El trabajo puede ser una forma de autorrealización, especialmente si nos dedicamos a una profesión que nos apasiona; pero también es cierto que el entorno profesional puede ser además un ambiente estresante. En este, se nos exige estar permanentemente al cien por cien de nuestras capacidades, y ofrecer los mejores resultados. Por ello, los problemas en el trabajo pueden suponer un gran impacto en la calidad de vida de una persona.

En nuestra actividad profesional, es frecuente tener que interrelacionarnos constantemente con otras personas. Por ejemplo, mantenemos reuniones e interacciones sociales con colaboradores o clientes, en las que pueden surgir conflictos o problemas interpersonales. También hay quien se siente presionado por la exigencia de unos resultados aparentemente imposibles en su trabajo; o incluso por la manera en que se desarrolla su relación con sus jefes o superiores.

Otras personas experimentan una grave desmotivación, ya que trabajan en actividades o puestos en los que no encuentran ninguna satisfacción. Y también hay quien se siente a disgusto con la manera en la que es tratado por su empresa.

Estos problemas, aparentemente poco importantes, pueden en realidad terminar por convertirse en una auténtica pesadilla para quienes los padecen. De hecho, cada día pasamos un promedio de ocho horas diarias en nuestro trabajo. Así, es fácil comprender la importancia que tienen los problemas en el trabajo para las personas; cualquier dificultad en este entorno puede llegar a impactar gravemente sobre el resto de dimensiones de nuestra vida. Estos perjuicios pueden aparecer, en consecuencia, tanto en el ámbito social, sentimental, emocional, e incluso físico.

¿A qué se deben los problemas en el trabajo?

Son muchos los tipos de problemas laborales que pueden darse, por lo que sus desencadenantes pueden ser muy diversos. Sin embargo, existen varios factores que son frecuentes y que pueden hacer que estos problemas aparezcan o se intensifiquen. Algunas de estas causas comunes son:

  • Jefes o mandos intermedios que no saben gestionar equipos o sin capacidades de liderazgo; como consecuencia permiten o fomentan que se genere una mal ambiente entre los empleados.
  • Dificultades económicas o productivas en la empresa; estas pueden hacen temer a los empleados por sus puestos de trabajo y generan tensiones para rendir más.
  • Diferencias personales o culturales entre distintos compañeros, que terminan por generar un ambiente lleno de conflictos interpersonales.
  • Ambiente competitivo, ya sea por conseguir una bonificación, alcanzar una promoción u obtener un reconocimiento. En ocasiones, esto puede degenerar en auténticas luchas de poder; esto puede ser entre personas concretas o incluso entre áreas o departamentos de la empresa. Como consecuencia, se termina generando un ambiente laboral hostil.
  • Falta de comunicación entre la dirección y los empleados, lo que ocasiona que unos y otros se encuentren totalmente desconectados.
  • Desmotivación o falta de implicación con el trabajo. Así, quienes se encuentran en esta situación terminan por convertirse en un problema para sí mismos y para sus compañeros.
¿Cuáles son los principales síntomas de los problemas en el trabajo?

Puesto que los problemas laborales pueden ser muy variados, no existe una sintomatología única a todos ellos. Sin embargo, sí existe una serie de indicios que nos pueden poner sobre aviso de que algo no va bien:

  • Problemas relacionados con el sueño, como incapacidad para dormir o despertarse reiteradamente a lo largo de la noche.
  • Tensión muscular, generalmente en la espalda o en el cuello, aunque posiblemente también en otros lugares (mandíbula, piernas, cefaleas, etc).
  • Aparición de miedos e inseguridades que antes no existían; por ejemplo a acudir a reuniones, a encontrarse con un compañero o jefe, a hacer una presentación en público, etc.
  • Sensación de acoso por parte de los compañeros, o de falta de comprensión hacia las necesidades propias.
  • Desánimo y sensación de agotamiento, incapacidad para levantarse por las mañanas y acudir al puesto de trabajo.
  • Sensación de frustración, desmotivación o de que el trabajo que se realiza no sirve para nada o no es valorado.
  • Ansiedad y estrés continuado y permanente.
  • Problemas o desórdenes alimenticios, como falta de apetito o ganas de comer constantemente, nauseas, vómitos o malas digestiones.
  • Irritabilidad y mal humor en el trato con los compañeros, o incluso fuera del ámbito laboral.
  • Desarrollo de conductas compulsivas que antes no existían; por ejemplo tenerlo todo perfectamente ordenado, revisar una y otra vez alguna determinada cuestión, o lavarse las manos sin parar.
  • Perfeccionismo excesivo, tanto con uno mismo como con los demás, lo que lleva a una sensación de insatisfacción permanente.
  • Sensación de inseguridad constante, aunque no haya motivos para pensar así. En ocasiones aparece un complejo de inferioridad ante los compañeros, o la sensación de ser permanentemente evaluado y desaprobado.
¿Qué tipos de problemas en el trabajo hay?

Aunque la tipología de posibles problemas laborales es realmente amplia, existen una serie de situaciones que son especialmente frecuentes y altamente problemáticas, por lo que merecen una especial atención:

Burnout

El síndrome de burnout se da cuando una persona se ve expuesta en su trabajo de manera prolongada a altos niveles de estrés, desmotivación o conflictos emocionales o interpersonales. Es lo que comúnmente se denomina “estar quemado”. Las personas con burnout suelen presentar altos niveles de estrés y encontrarse agotada física y emocionalmente, lo que deteriora su autoestima y hace que pierdan todo tipo de interés en desarrollar correctamente sus funciones. En ocasiones, el síndrome de burnout puede llegar incluso a desencadenar profundas depresiones.

Conflictos laborales

En ocasiones, el entorno laboral puede llegar a generar una situación de conflicto interpersonal entre compañeros hasta tal punto que se haga un problema verdaderamente grave.

Aunque los conflictos son una parte normal, e incluso necesaria, de la vida personal y profesional, es necesario que se mantengan acotados en un nivel razonable; cuando estos conflictos exceden dicho nivel, deteriorando seriamente las relaciones interpersonales entre compañeros de trabajo, hay que abordarlos para encontrar una solución que impida un mayor deterioro del estado emocional de las personas involucradas.

Mobbing

El acoso laboral o mobbing es el proceso por el cual una persona o varias ejercen una violencia psicológica extrema sobre un compañero de trabajo, produciéndole una sensación de miedo, terror o desánimo que afecta tanto su trabajo como su vida personal. Esta violencia se ejerce de manera continuada y periódica, llegando a desarrollarse a lo largo de meses o incluso años.

Aunque el mobbing está duramente castigado por la ley, esto no evita que en ocasiones siga produciéndose, por lo que las personas que lo padecen necesitan ser conscientes tanto de la necesidad de denunciarlo como de la manera en la que ponerle fin.

Estrés laboral

Una de las fuentes de estrés más frecuentes es nuestro entorno laboral, en el que estamos sometidos a constantes presiones y exigencias. Estas presiones terminan por producir una saturación física y mental del trabajador, lo que ocasiona graves problemas fisiológicos y psicológicos. Además, las consecuencias del estrés laboral pueden ir más allá de las meramente personales, ya que también suele afectar otros ámbitos de la vida del trabajador, como pueden ser la social o familiar.

¿Cómo se tratan los problemas en el trabajo?

El abordaje de una serie de problemáticas tan diversas como las anteriormente citadas no puede ser único, ya que cada una de ellas requiere de un determinado enfoque y metodología de trabajo. Por ello, se suelen emplear distintos tipos de intervención (por ejemplo, terapia individual o grupal) en función del tipo de problema de que se trate, y de las necesidades y particularidades específicas de cada paciente.

En la mayor parte de los casos, el enfoque cognitivo-conductual es la que se ha demostrado más eficaz, ya que permite identificar y abordar de manera rápida las causas que dan lugar a estas problemáticas, y desarrollar una reestructuración cognitiva que les ponga solución. Dotar a los pacientes de técnicas de afrontamiento, así como entrenarlos en la potenciación de habilidades sociales, asertividad, técnicas de comunicación o de resolución de conflictos, consiguen en la inmensa mayoría de las ocasiones solucionar satisfactoriamente este tipo de situaciones.

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