¿Qué son los problemas de autoestima?

Una de las problemáticas más frecuentes en las clínicas de psicología son las relacionadas con la baja autoestima; estas consisten en el conjunto de percepciones, pensamientos y sentimientos negativos que puede tener una persona hacia sí misma. La autoestima tiene gran importancia, en tanto que afecta nuestra forma de sentir, de actuar y de relacionarnos. Por ello, una baja autoestima puede afectar de manera decisiva en nuestra calidad de vida. E incluso puede resultar un factor limitante en nuestro día a día.

A pesar de la importancia de la autoestima en nuestra vida, muchos pacientes no saben por qué se encuentran mal. Así, aunque son conscientes de que algo no va bien, no son capaces de identificar la causa del problema. Además, en ocasiones, una baja autoestima puede dar lugar a otros problemas, como por ejemplo depresión, ansiedad o estrés; por ello, cuando un paciente acude a consulta, muchas veces no es consciente del origen del problema. Desconoce que el motivo real que ha originado su malestar es en verdad una falta de autoestima.

La autoestima comienza a desarrollarse a partir de la infancia, y va modificándose con el tiempo. Esto significa que una persona puede experimentar diferencias en su autoestima en distintos momentos de su vida; estas incluso variarán en función de sus experiencias y circunstancias personales. Además, el trabajo sobre la autoestima suele ser muy frecuente en psicoterapia. Esta es muy frecuentemente una de las causas de distintos problemas emocionales y conductuales.

¿A qué se deben los problemas de autoestima?

Hablamos de problemas de autoestima cuando una persona realiza una valoración pobre de sus capacidades o actitudes, pensamientos o comportamientos. Estos casos de baja autoestima pueden dar lugar a distintos problemas, cada uno con unas características propias. Sin embargo, sí que podríamos afirmar que existen unas causas relativamente comunes que los originan.

Para comprender cuales pueden ser las causas que dan lugar a una baja autoestima, es importante comprender su origen. Así, podríamos afirmar que existen dos grandes grupos de factores que configuran cómo nos percibimos a nosotros mismos:

Factores externos

Se trata de las experiencias, circunstancias o acontecimientos que nos han sucedido a lo largo de nuestra vida. Estos factores, que muchas veces escapan a nuestro control, son decisivos a la hora de configurar nuestra autoestima. Aquí también englobamos la manera en que hemos actuado o resuelto problemas a lo largo de nuestra vida; así como sus resultados, ya que esto nos hará sentirnos más o menos competentes en diferentes ámbitos.

También dentro de los factores externos se encuentran terceras personas con las que nos interrelacionamos; el modo en que estas personas nos tratan, qué valoración hacen de nosotros, o los mensajes que nos trasladan, son también decisivos a la hora de configurar nuestra autoestima.

Factores emocionales

Para dar forma a nuestra autoestima, también son de gran importancia los denominados factores internos. Además de los factores externos que experimentamos en nuestra vida, es también decisiva la interpretación que hacemos de los mismos. Así, encontramos elementos como la valoración que hacemos de nuestros logros, o la explicación que atribuimos a nuestros fracasos. Estas son cuestiones básicas de la evaluación que realizamos sobre nosotros mismos; por ejemplo, creer que hemos sido seleccionados para un trabajo por suerte, es totalmente distinto que creer que se ha debido a ser los más cualificados. Aquí, ante un mismo hecho, la valoración subjetiva resulta totalmente distinta.

Por otro lado, estos factores emocionales influyen también en el modo en que nos sentimos; y cómo nos sentimos, a su vez, influye en gran medida en nuestra autoestima. Un ejemplo de esto sería el de una persona que, al cometer un pequeño error, siente que ha fracasado, y extrapola ese sentimiento de fracaso a su autoestima, pensando que todo lo hace mal y sin tener en cuenta sus éxitos.

¿Cuáles son los principales síntomas de los problemas de autoestima?

Cuando una persona tiene una baja autoestima, suele desarrollar una serie de comportamientos concretos; estas conductas ponen de manifiesto que nos encontramos ante una persona que realiza una pobre valoración de sí misma. Aunque no se puede generalizar o extrapolar a todos los casos, algunos de estos síntomas suelen ser:

  • Necesidad de aprobación por parte de otras personas
  • Dificultad en la toma de decisiones
  • Dependencia hacia otras personas, a quienes consideran más fuertes o preparadas
  • Miedo ante la posibilidad de afrontar nuevas situaciones o retos, o de salir de su área de confort
  • Tendencia a pasar desapercibidos en situaciones sociales, o a evitar vestimentas o comportamientos llamativos
  • Autocrítica excesiva, buscando y magnificando cualquier defecto propio y sin valorar sus virtudes
  • Actitud negativa o derrotista
  • Falta de ambición, carencia de ilusiones, metas o sueños
  • Descuido de la apariencia física
  • Timidez, retraimiento o inseguridad ante otras personas
  • Importancia excesiva a la opinión que otras personas tengan sobre uno mismo
¿Qué tipos de problemas de autoestima hay?

Tal y como ya hemos indicado, la autoestima es una de las causas más frecuentes de multitud de desórdenes. Estos, además, pueden ser indistintamente de naturaleza tanto emocional como conductual. Sin embargo, podríamos mencionar una serie de problemas que, además de frecuentes, están íntimamente relacionados con baja autoestima.

Autosabotaje

Denominamos autosabotaje al proceso mental que, de manera inconsciente, nos hace evitar que alcancemos los logros a los que aspiramos. Se trata de actos que realizamos que evitan que consigamos algo que deseamos; un ejemplo podría ser el caso de una persona que desea adelgazar, pero que pica constantemente dulces o golosinas.

La principal causa del autosabotaje es la pérdida de autoconfianza, específicamente en lo relacionado con las capacidades propias. Así, una persona que no crea que puede alcanzar un objetivo, frecuentemente intentará de manera inconsciente obstaculizar su logro.

Complejo de inferioridad

Hablamos de complejo de inferioridad en aquellos casos en los que una persona se siente de menor valor que los demás. En estos casos, hablamos de una imagen irreal y distorsionada, en la que el sujeto cree firmemente.

En estos casos, las personas que lo padecen tienden de manera inconsciente bien a reafirmar el complejo, bien a refutarlo. Ello ocasiona que algunas personas con complejo de inferioridad intenten redoblar sus esfuerzos, intentando alcanzar logros que reafirmen que dicha inferioridad no es real; o bien, que otras personas desistan por completo de establecerse metas u objetivos, convencidas de que no podrán alcanzarlos.

Inseguridad

La inseguridad emocional es otro problema típico asociado con la baja autoestima o con la falta de confianza en uno mismo. Esto viene motivado por la falsa creencia de que uno es vulnerable, o de que va a ser rechazado o juzgado por otras personas.

La inseguridad puede llegar a tener importantes consecuencias en la vida de quien la padece; por lo general, suele producir un cierto aislamiento de la persona, aunque este puede llegar a ser severo en los casos más acusados. Además, las personas inseguras muchas veces tienden a desarrollar “mecanismos defensivos”, como actitudes egoístas, estar permanentemente a la defensiva, o la búsqueda de atención constante.

Perfeccionismo

Cuando hablamos de perfeccionismo desde un punto de vista psicológico, nos referimos a la convicción que tienen algunas personas de que es posible y necesario alcanzar la perfección. Esto implica que, cualquier situación que se encuentre por debajo del ideal de perfección, es considerada inaceptable.

Aunque este perfeccionismo tiene importantes efectos positivos sobre el individuo, ya que supone una fuente de motivación y búsqueda de la mejora constante, puede llegar a implicar también importantes desventajas; de este modo, en los casos más graves supone una permanente fuente de insatisfacción del individuo, y puede derivar en una pérdida de autoestima (por no haber sido capaz de alcanzar un resultado perfecto en una actividad), o en una postergación constante de actividades (al no querer iniciar nuevas tareas hasta haber terminado a la perfección otras ya iniciadas).

Sentimiento de culpa

La culpa es una emoción que se siente al transgredir unas determinadas normas (morales, éticas, jurídicas, etc.), o al pensar en transgredirlas. Esta emoción, al igual que todas las demás, es innata al ser humano y necesaria para su adaptación al entorno social. Sin embargo, hablamos de sentimiento de culpa como un problema psicológico en aquellos casos en los que dicha emoción se produce de manera persistente e injustificada.

En estos casos, la persona con sentimiento de culpa experimenta un proceso autodestructivo, ya que siente que ha actuado mal a pesar de no haber cometido ninguna falta. En estas ocasiones, la emoción de culpa no sirve de ayuda al individuo para adaptarse al medio, sino que se convierte en un impedimento.

¿Cómo se tratan los problemas de autoestima?

La autoestima es un concepto que tenemos de nosotros mismos y que va desarrollándose a lo largo de toda nuestra vida; por ello, es normal que una misma persona puede tener diferentes niveles de autoestima en distintos momentos vitales. Debido a esto, está claro que el tratamiento a realizar para trabajar sobre la autoestima de una persona no es un proceso rápido ni inmediato, sino que requiere de un cierto tiempo para madurar y ofrecer resultados.

El proceso más adecuado para trabajar con la autoestima de una persona pasa por hacerle ver su situación de manera objetiva. Así, al valorar los hechos tal y como son, en vez de como se perciben, el paciente puede constatar que en realidad muchas de sus presuposiciones no son reales.

El tratamiento más adecuado para trabajar sobre la autoestima es la terapia cognitivo-conductual; mediante este tipo de intervención, podemos desarrollar una reestructuración cognitiva que permita al individuo valorar su situación de manera objetiva, sin atender a miedos o complejos arraigados. Esta reestructuración permite, en última instancia, favorecer un cambio de conductas que terminarán por mejorar significativamente la autovaloración del individuo.

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