¿Qué son los traumas psicológicos?

Entendemos por traumas tanto aquellos eventos que perturban gravemente el bienestar de una persona, como los resultados de dichos eventos. Para verdaderamente hablar de trauma, es necesario que este evento sea inesperado, que no pueda ser manejado por la persona que lo padece, y que perturbe gravemente sus esquemas mentales. Como consecuencia de la exposición a este evento, la persona queda afectada psicológicamente.

Puesto que una misma situación puede ser vivida de manera muy diferente por distintas personas, el que un suceso termine por producir un trauma psicológico no deja de tratarse de una cuestión puramente subjetiva; de este modo, un mismo evento puede traumar a una persona, pero no a otra. Esto se debe a que, en última instancia, para que se produzca un trauma deben concurrir dos componentes: un factor objetivo (el suceso), y otro subjetivo (el individuo)

¿A qué se deben los traumas psicológicos?

Aunque hemos especificado que la causa de un trauma es la vivencia de un determinado suceso que sobrepasa a la persona y le hace sentirse indefensa, la realidad es que este suceso puede adoptar múltiples formas. Por ello, podemos hablar de traumas ocasionados por multitud de elementos distintos, como por ejemplo:

  • Accidentes
  • Lesiones físicas
  • Acoso escolar o laboral
  • Violencia familiar
  • Abusos sexuales
  • Haber sufrido agresiones físicas o psicológicas
  • Estrés crónico
  • Enfermedades o problemas de salud
  • Catástrofes naturales
  • Pérdida de un ser querido
  • Ruptura sentimental
  • Humillación o decepción profunda
¿Cuáles son los principales síntomas de los traumas psicológicos?

La aparición de un trauma genera sintomatología tanto fisiológica como psicológica. Algunos de estos síntomas son:

Síntomas emocionales

  • Encontrarse en estado de shock
  • Miedo
  • Irritabilidad
  • Negación
  • Cambios de humor
  • Ira
  • Incredulidad
  • Culpabilidad
  • Aturdimiento
  • Vergüenza
  • Tristeza, abatimiento
  • Confusión
  • Ansiedad
  • Aislamiento

Síntomas físicos

  • Jaquecas, cefaleas, dolores de cabeza
  • Nauseas, vómitos
  • Taquicardia
  • Mareos
  • Pérdida de equilibrio
  • Problemas del sueño
  • Tensión constante
  • Nervios, incapacidad para relajarse
  • Cansancio físico
  • Dificultad para concentrarse
¿Qué tipos de trauma psicológico hay?

A pesar de que pueden existir múltiples causas que den lugar a un trauma, en su mayor parte tanto sus características como el tratamiento a emplear son muy comunes. El proceso psicológico por el cual un individuo desarrolla un trauma, así como los efectos que este genera, son en gran medida comunes a gran parte de los traumas.

Sin embargo, y a pesar de lo anteriormente mencionado, por sus especiales connotaciones sí que cabe distinguir tres tipos concretos de traumas en función de su origen:

Trauma por abusos sexuales

El trauma por abusos sexuales puede producirse cuando la persona que es abusada está en su infancia o en su edad adulta, indistintamente. Como consecuencia de estos abusos, la persona que los ha padecido puede desarrollar un trauma, e incluso un trastorno disociativo en algunos casos.

Sufrir un abuso sexual es una experiencia terrible para quien lo padece, lo que hace que superarlo pueda resultar extremadamente difícil. Además, a esto se añade que muy frecuentemente la víctima desea olvidar el suceso, intentar borrarlo de su memoria, lo que hace aún más compleja la solución del problema, ya que para poder sobreponerse a una situación así resulta imprescindible poder afrontarla y entender que no es algo por lo que se deba sentir culpa o vergüenza.

Trauma por maltrato psicológico o fisiológico

Hablamos de maltrato cuando se ejerce violencia sobre una persona; esta violencia puede ser tanto física como psicológica, aunque en ambos casos se trata de maltrato. Esto es, no es menos maltratador quien agrede psicológicamente a una persona, por mucho que no le haya atacado físicamente.

Como primer resultado del maltrato, la persona que los padece ve como su autoestima resulta dañada. A esto se añade la aparición de sentimientos como el estrés o la ansiedad, miedo, e incluso de trastornos físicos como sudoración, taquicardia, nauseas, etc. Además, en ocasiones las personas afectadas por maltratos terminan desarrollando adicciones a sustancias tales como el alcohol, el tabaco o psicofármacos.

Traumas infantiles

Ninguna etapa en la vida de una persona es tan intensa, ni tan vulnerable, como la infancia. Las vivencias de nuestra niñez tienen un peso decisivo sobre nuestra personalidad y nuestra forma de sentir y de actuar. Por ello, cuando sufrimos un trauma en nuestra infancia, este puede tener un enorme peso a lo largo de nuestra vida.

Al igual que en la edad adulta, los motivos que pueden dar lugar a un trauma infantil son muchos. Sin embargo, no hace falta recurrir a los casos más extremos, como violencia o abusos sexuales, para hablar de trauma infantil; estos traumas pueden venir ocasionados por muchos otros motivos, como por ejemplo la falta de arraigo o de afecto.

¿Cómo se tratan los traumas psicológicos?

Un trauma que no ha sido satisfactoriamente resuelto es una de las causas más comunes por las que las personas acuden a terapia psicológica. En estos casos, el tratamiento más efectivo es la psicoterapia, ya que permite normalizar los sentimientos y emociones del paciente y le ayuda a procesar satisfactoriamente el trauma.

A lo largo del tratamiento, el psicólogo proporcionará al paciente las herramientas y habilidades necesarias para afrontar el problema. De esta manera, se podrá realizar una reestructuración cognitiva que permita al sujeto normalizar sus emociones y sentimientos, superando definitivamente la experiencia traumática. Además de la terapia cognitivo-conductual, se ha demostrado que el EMDR (terapia de desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares) es una técnica altamente efectiva en este tipo de casos.

En algunas ocasiones también puede ser necesario emplear farmacología, generalmente para controlar los síntomas secundarios, aunque en estos casos será siempre imprescindible el seguimiento del tratamiento por parte de un profesional médico.

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