¿Qué son las fobias?

La fobia es un miedo irracional, desmesurado ante una situación, objeto o actividad. Las fobias están dentro de los trastornos de ansiedad debido a que cuando nos encontramos con el estimulo fóbico (una araña por ejemplo) nos provoca una ansiedad muy grande y cuanto más próximo está el estímulo más nos afecta.

Por lo general estos miedos comienzan a manifestarse en la infancia y la adolescencia. Luego, con el paso del tiempo, siguen desarrollándose a lo largo de toda la vida del paciente. Se desconoce el origen y las causas de las fobias, pero se sabe que ocasionalmente pueden tener un componente hereditario.

¿A qué se deben?

Las fobias pueden provenir de la trasmisión de la misma de padres a hijos. Más frecuentemente, también debido a una situación traumática en la que nuestras defensas se ven desbordadas; como consecuencia de estos sucesos, desarrollamos un miedo intenso en forma de herramienta defensiva.

Pongamos un ejemplo, como podría ser una persona que no tiene ningún miedo a las arañas. Imaginemos que esta persona un día se despierta con una araña grande en la cara; ante esta situación, se pueden llegar a desbordar las defensas emocionales del individuo. Como consecuencia, a partir de ese momento, esta persona puede desarrollar una aracnofobia.

En ciertas situaciones estas causas se pueden dar de manera agresiva, viendo cada vez más amenazante el estimulo hasta desarrollar una fobia. Así, por ejemplo, supongamos el caso de un individuo que cada vez que tiene que subir a un ascensor suda un poco y tiene sensación de algo calor, por lo que cada vez que se sube a uno empieza a pensar en esos síntomas, por lo que los reproduce. Poco a poco, estos síntomas empiezan a ser más intensos, porque el individuo se focaliza en ellos, hasta que finalmente desarrolla una claustrofobia.

¿Cuáles son los principales síntomas?

El principal síntoma de las fobias es la ansiedad. La fobia se desarrollará según el tipo de estímulo al que se tenga aversión. Se pueden experimentar sudores fríos, un aumento de la frecuencia cardiaca o dificultades para controlar los músculos. Los síntomas se acentuarán cuanto más cerca se encuentre el estímulo o más se piense en ello. En ausencia de estímulo o pensamientos sobre el mismo, no deberían experimentarse los síntomas anteriormente comentados.

Los síntomas más frecuentes de las fobias son los siguientes:

  • Temor, miedo, pánico
  • Aumento de las pulsaciones cardiacas
  • Sofoco, dificultad para respirar
  • Sudoración excesiva
  • Nervios, tics o temblores
  • Nauseas
  • Necesidad de salir huyendo
¿Qué tipos de fobias hay?

En general se puede hablar de tres grandes grupos de fobias:

Fobias específicas

Este grupo engloba las fobias concretas (situaciones, objetos o ser concreto), las más importantes de este grupo son las fobias a los animales, a la sangre, al entorno natural (miedo a las alturas por ejemplo) y las situaciones (la más característica es la fobia a los aviones).

Fobias sociales

Este tipo de miedos nace de la interacción entre las personas. Las más habituales son el miedo a hablar con desconocidos, estar en lugares con mucha gente, estar en un sitio solo o hablar en público. El miedo de fondo de este tipo de fobias suele ser el temor a ser juzgado, a hacer el ridículo, o a sentirse humillado o avergonzado. Este tipo de desorden es también conocido como trastorno de ansiedad social.

Fobias generalizadas

Se habla también en muchos casos de ansiedad generalizada. Se experimenta ansiedad, preocupación y miedo en múltiples acontecimientos. A diferencia del resto de fobias, en este caso no se trata de temores que se manifiestan ante sucesos o elementos concretos, sino que son constantes en la vida del individuo que las padece, lo que termina por bloquearle por completo impidiéndole desarrollar una vida satisfactoria.

¿Cómo se tratan las fobias?

El tratamiento más efectivo de este desorden es la psicoterapia. Se utiliza la técnica de la exposición debido a que es la más efectiva, sobre todo cuando nos referimos a fobias específicas. Esta se basa en una exposición controlada al estimulo para que se reduzca la ansiedad que produce el mismo. Aunque la más efectiva es la exposición en vivo, por lo general también se puede empezar por otras técnicas menos agresivas, como la exposición en imaginería o en hipnosis.

También se puede utilizar una terapia cognitiva para evitar la exposición. Con ello se detectan los pensamientos que desembocan en ansiedad, para luego modificarlos o sustituirlos.

Se puede utilizar tratamiento farmacológico, pero este será siempre un complemento de la terapia.

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