¿Qué es el trastorno esquizoide de la personalidad?

El trastorno esquizoide es un desorden por el cual, quienes lo padecen, sienten indiferencia hacia los demás y aislamiento social. Estas personas no muestran interés en relacionarse con otros individuos, y suelen mostrar una acusada reserva emocional. Además, los esquizoides suelen parecer raros o extravagantes, ya que no prestan atención a las convenciones sociales; por ello, no es extraño que se comporten de manera peculiar para el resto de personas que les rodean.

Muchas veces la gente confunde el trastorno esquizoide con la esquizofrenia, aunque se trata de dos enfermedades totalmente distintas. Los esquizoides, a diferencia de los esquizofrénicos, no sufren delirios ni alucinaciones, sino que su enfermedad suele consistir en el padecimiento de graves dificultades en las interacciones sociales; este trastorno no es tan limitante como la esquizofrenia, ya que no causa una desconexión con la realidad, aunque su duración es de por vida.

¿A qué se debe el trastorno esquizoide de la personalidad?

Las causas que dan lugar a este desorden se desconocen, aunque parece que existen motivos tanto ambientales como genéticos. Tradicionalmente se ha creído que una infancia marcada por el desapego o indiferencia de los padres era un factor relevante; así, elementos como traumas infantiles, haber crecido en una familia disfuncional, o el aislamiento social, son considerados factores de riesgo.

Sin embargo, también se sabe que es más frecuente en personas con antecedentes familiares, lo que indica posibles causas genéticas. Además, se especula una posible relación con la esquizofrenia, ya que no es extraño encontrar familias con ambas enfermedades.

Se trata de un desorden relativamente infrecuente, ya que menos del 1% de la población lo padece. Por lo general se desarrolla en la infancia o la adolescencia temprana, aunque no suele diagnosticarse hasta la edad adulta.

¿Cuáles son los principales síntomas del trastorno esquizoide de la personalidad?

Una persona con trastorno esquizoide suele ser reservada y taciturna, evitando todo contacto social. Habitualmente se les considera individuos solitarios, sombríos e inexpresivos, carentes de emoción o sentido del humor. Los síntomas más frecuentes de las personas con trastorno esquizoide de la personalidad son:

  • Incapacidad para experimentar placer
  • Congelamiento emocional, inexpresividad
  • Falta de afecto a otras personas o familiares
  • Desapego
  • Dificultad para sentir emociones como ira o rabia
  • Falta de interés o sensibilidad ante elogios o críticas de otras personas
  • Reducido o nulo interés en el sexo
  • Tendencia a realizar actividades de manera aislada o solitaria
  • Actitud reservada, poca receptividad a establecer contacto con otras personas
  • Incapacidad para comprender o acatar normas sociales
  • Ensimismamiento, pensamientos introspectivos
  • Falta o inexistencia de relaciones sociales o amistades
  • Incapacidad para mostrar sentimientos de afecto o ternura
  • Incapacidad para mostrar simpatía
  • Tendencia a soñar despierto o a experimentar devaneos fantásticos
¿Qué tipos de trastorno esquizoide de la personalidad hay?

En función de los rasgos que presente una persona con trastorno esquizoide, podríamos hablar de cuatro subtipos de desorden:

Esquizoide lánguido

En este subtipo de trastorno esquizoide, encontramos también rasgos de tipo depresivo. Estaríamos hablando de personas que, a pesar de ser esquizoides (esto es, con dificultad para procesar emociones), sienten tristeza. Experimentan sensaciones de angustia y una visión pesimista de la vida, y tienden a estar fatigados o faltos de energía. Su rendimiento en el trabajo habitualmente es bajo, y se sienten desmotivados, solitarios o vacíos.

Esquizoide distante o evitativo

En estos casos, hablamos de una concurrencia de rasgos de evitación. Muchas veces se engloban aquí casos como los de personas que han sufrido rechazo o desapego familiar en la infancia; estas personas, como mecanismo defensivo, limitan o eliminan sus relaciones personales o su capacidad de sentir emociones. Suelen tener baja autoestima, tendiendo a despreciarse a sí mismos o a minusvalorarse.

Esquizoide despersonalizado

Aquí hablamos de una presencia de rasgos esquizotípicos. Esto implica un desapego social, que los sitúa en una situación de aislamiento de los demás y de sí mismos. Estas personas se perciben a sí mismas como un objeto distante, en el que cuerpo y mente se encuentran separados. Es característico que pierdan su mirada, embelesados sin enfocar a nada en concreto.

Esquizoide sin afectos

Este último subtipo de personalidad esquizoide se caracteriza por la presencia de rasgos compulsivos. En estos casos, hablamos de personas frías, impasibles o desapasionadas. Al igual que las personas compulsivas, se sienten cómodos en entornos estructurados o pautados, en los que existe poca incertidumbre. Les resulta especialmente difícil expresar cualquier emoción intensa, ya sea esta de afabilidad o de hostilidad.

¿Cómo se trata el trastorno esquizoide de la personalidad?

Es frecuente que las personas que padecen un trastorno paranoide de la personalidad no soliciten ayuda, puesto que ellos no se sienten que haya nada problemático con su situación de aislamiento, ni ello les genera molestia alguna. Más bien al contrario, suelen ser los familiares del paciente quienes le hacen a este acudir a terapia. Además, el tratamiento suele ser muy difícil para el terapeuta, ya que resulta complicado construir una alianza terapéutica profesional-paciente; de hecho, esto suele ser más efectivo cuando el psicólogo mantiene un cierto distanciamiento con el paciente.

Enfoque tradicional

El mejor abordaje para este tipo de desórdenes suele consistir en una combinación de psicoterapia y farmacología. Desde el punto de vista de la psicoterapia, el primer punto a conseguir sería logar concretar los objetivos del paciente. De este modo, este debe ser consciente de querer superar su aislamiento social, mejorar su capacidad emocional, etc. Una vez logrado esto, el próximo paso consistirá en la definición de estrategias y herramientas concretas para alcanzar dichos objetivos.

Posteriormente habrá que entrenar al paciente en habilidades sociales, para intentar que pueda comprender cómo interactuar con otras personas. Esto le permitirá evitar acciones o comportamientos que puedan ser interpretados como inadecuados por otros individuos, lo que en última instancia facilitará una mejora de su entorno social y relacional.

Abordajes complementarios

Muchas veces se emplean herramientas como las simulaciones (role-playing) o las exposiciones, en las que el paciente podrá experimentar un determinado entorno y posteriormente analizar su comportamiento, facilitando así que se dé cuenta de cuál hubiera sido la mejor manera de actuar. En ocasiones, pueden llegar incluso a utilizarse abordajes tales como la terapia grupal o la terapia de familia.

También suele ser necesario realizar una reestructuración cognitiva, para que el paciente pueda entender cómo sus pensamientos o percepciones pueden distorsionar muchas de las creencias que han desarrollado; así, no solo se trabajará sobre la interacción social del afectado, sino también sobre su capacidad emocional y su autoestima.

En aquellos casos en los que proceda emplear medicación, esta generalmente consistirá en antipsicóticos, y solo si el paciente presenta también signos de ansiedad o depresión se recurriría además a ansiolíticos o antidepresivos. En cualquier caso, la medicación será siempre prescrita y controlada por un facultativo médico.

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