¿Qué es el trastorno esquizotípico de la personalidad?

El Trastorno Esquizotípico de la Personalidad es un desorden distinto del trastorno esquizoide y de la esquizofrenia, a pesar del parecido de su nombre. Se caracteriza por que quien lo padece sufre dificultad en las relaciones interpersonales y patrones de apariencia y comportamiento extravagantes. Además, presentan también distorsiones cognitivas, lo que les hace desarrollar creencias extrañas o inusuales.

La diferencia principal con la esquizofrenia consiste en que el esquizotípico no sufre delirios ni alucinaciones; se podría decir, por lo tanto, que una persona con este desorden no llega a desconectar de la realidad. Con respecto al trastorno esquizoide, se diferencia en que la persona esquizotípica no es tan aislada socialmente; además, el esquizotípico suele ser considerado extravagante por sus actos o comportamientos, pero no tiene incapacidad afectiva.

Las personas esquizotípicas también se caracterizan por presentar un elevado sufrimiento emocional. Como consecuencia de su aislamiento social, sufren por sentirse rechazados y por su situación de soledad. Esto da lugar generalmente a problemas de autoestima y depresión. Esta es también una gran diferencia con las personas esquizoides, quienes al ser afectivamente incapaces no presentan este sufrimiento.

¿A qué se debe el trastorno esquizotípico de la personalidad?

Al igual que con la esquizofrenia y el trastorno esquizoide, se desconocen las causas del desorden esquizotípico. Parece clara la existencia de factores genéticos, ya que este trastorno es más común en familias con antecedentes.

Más allá de eso, y al igual que con estas otras enfermedades, se cree que también intervienen factores psicosociales. Hablaríamos por lo tanto de tres tipos diferenciados de causas:

  • Factores biológicos: herencia genética y posible predisposición a padecer la enfermedad.
  • Elementos psicológicos: temperamento y personalidad del individuo, y capacidades de manejo de las emociones.
  • Factores sociales: por ejemplo, relaciones familiares o sociales del individuo en la infancia.

En cualquier caso, cabe destacar que ninguno de estos elementos es causante por sí mismo de la enfermedad. Más bien se trataría de la combinación de varios elementos entre sí los que, en determinadas circunstancias, pueden darle origen.

Se trata de uno de los trastornos de la personalidad menos frecuentes, afectando a menos del 1% de la población. Se suele desarrollar en edades tempranas, y suele diagnosticarse al final de la adolescencia o en la edad adulta joven.

¿Cuáles son los principales síntomas del trastorno esquizotípico de la personalidad?

Las personas esquizotípicas suelen ser identificadas como individuos extraños, con pocas relaciones sociales y conductas extravagantes. Así, es frecuente que manifiesten ideas como el ser objeto de vigilancia continua por parte de agencias del gobierno, el comunicarse en secreto con seres extraterrestres, o disponer de la facultad de sentir cosas antes de que lleguen a suceder.

En cualquier caso, y al margen de generalizaciones, podríamos encuadrar los distintos síntomas en tres grandes categorías:

Síntomas de aislamiento social
  • Incomodidad en entornos sociales
  • Ausencia de amigos o falta de relaciones sociales
  • Suspicacia o pensamientos de desconfianza hacia otras personas
  • Comportamientos rígidos o inflexibles, que pueden ser considerados inapropiados por otras personas
Síntomas de distanciamiento de la realidad
  • Comportamientos extravagantes que el resto de personas no alcanzan a entender
  • Ideaciones paranoides, en las que creen que el resto de personas traman algo contra ellos
  • Alteraciones perceptivas, aunque sin llegar a ser alucinaciones ni delirios
  • Lenguaje vago o incoherente, difícil de comprender
Síntomas de sufrimiento emocional
  • Episodios depresivos recurrentes
  • Afecto limitado o inapropiado
  • Sensación de miedo profundo al darse cuenta de ser diferentes del resto de personas
  • Juicios despreciativos sobre sí mismos, baja autoestima
¿Qué tipos de trastorno esquizotípico de la personalidad hay?

Dentro del trastorno esquizotípico suelen diferenciarse dos subtipologías diferenciadas. Estas se definen en función de qué otros rasgos presente el paciente, esencialmente esquizoides o de evitación. Encontraríamos así las siguientes modalidades:

Esquizotípico insulso o insípido

En este primer subtipo predominan rasgos de inexpresividad o indiferencia, y se caracterizan como “pasivamente aislados”. Suelen tener una mayor insensibilidad emocional, aunque presentan también patrones depresivos o dependientes; también es frecuente que manifiesten ideas telepáticas, como si su conciencia pudiera desprenderse de su cuerpo. Habitualmente se las considera personas monótonas e inexpresivas.

Esquizotípico timorato

En este caso hablamos de predominio de rasgos de aprensividad y suspicacia, y se caracterizan como “activamente aislados”. Se trata de personas aprensivas y atemorizadas, lo que les lleva a intentar protegerse mediante el aislamiento. En este tipo de pacientes son más acusados los patrones de autodesprecio o de falta de autoestima.

¿Cómo se trata el trastorno esquizotípico de la personalidad?

Tradicionalmente se ha considerado como uno de los desórdenes más sencillos de diagnosticar, pero de los más complejos de tratar. Esto se debe, entre otras cosas, a que las personas afectadas no se consideran a sí mismas como enfermas, sino simplemente como poco convencionales, originales y sensibles, por lo que no ven la necesidad de acudir a terapia ni creen que esta les pueda reportar ningún beneficio.

Desde el punto de vista de la psicoterapia, una de las técnicas de mayor utilidad es la intervención cognitivo-conductual, cuya finalidad será identificar cuales son en realidad los pensamientos del paciente. Esto permitirá posteriormente realizar una reestructuración cognitiva, en la que se podrán modificar conductas y, en última instancia, mejorar el estado emocional del individuo.

También puede emplearse en determinadas ocasiones la terapia grupal, aunque esto solo es recomendable en aquellos casos en los que exista un grupo bien cohesionado y cuando los pacientes no muestren síntomas severos; este tipo de terapia tiene la ventaja de mejorar el entorno y habilidades sociales del paciente.

En cuanto a la farmacología, esta se debería utilizar solo en casos más severos, y siempre bajo control médico. Habitualmente se suelen utilizar antiepilépticos o antidepresivos, aunque en ocasiones pueden llegar a emplearse también algunos antipsicóticos.

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