¿Qué es la timidez?

Todas las personas necesitamos relacionarnos socialmente con otros individuos de manera constante en nuestra vida, por lo que la timidez o las dificultades en las relaciones sociales pueden llegar a convertirse en un severo inconveniente en nuestro desempeño cotidiano. Ser tímido o retraído no es ningún problema, y todos lo somos en mayor o menor medida. Sin embargo, cuando esta timidez dificulta seriamente nuestras relaciones sociales, entonces sí podríamos decir que se trata de un inconveniente.

La dimensión social es fundamental en el bienestar de cualquier persona. Todos nosotros nos relacionamos con otros individuos; mantenemos relaciones familiares, de amistad o profesionales de manera cotidiana, como parte esencial de nuestras vidas. Por ello, un menoscabo en el desarrollo de estas relaciones tiene un impacto muy significativo en nuestro bienestar. Elementos como la autoconfianza, la seguridad personal o la autoestima, están basados en gran medida en nuestro desempeño social. Así, cuando estos factores se ven perjudicados, pueden desarrollarse problemáticas tales como depresión, ansiedad, baja autoestima, etc.

La timidez, por tanto, empieza a considerarse un problema cuando hace que nos sintamos incómodos o cohibidos delante de otras personas; más aún cuando esta sensación se agudiza y desarrollamos emociones de vergüenza, culpa o miedo al relacionarlos con otros individuos. En estos casos, resulta conveniente acudir a un profesional que nos ayude y oriente. Con las debidas indicaciones, es posible encontrar una solución a esta problemática y mejorar nuestras relaciones sociales.

¿A qué se deben la timidez y las dificultades en las relaciones sociales?

La timidez consiste en una actitud retraída o introvertida en las relaciones sociales de un individuo. Todas las personas son tímidas en mayor o menor medida, igual que pueden tener otras habilidades más o menos desarrolladas; esto significa que ser más o menos introvertido o extrovertido es un rasgo innato de la personalidad del ser humano. Sin embargo, solo algunas personas tienen un grado de timidez tan elevado que menoscabe seriamente sus relaciones interpersonales. En estos casos, podríamos hablar de distintos elementos que pueden actuar como causantes:

Herencia genética

Existen diversos estudios que ponen de manifiesto la importancia de la genética en el comportamiento. En estos, se ha demostrado que una variable importante sobre la actitud de las personas se encuentra en factores hereditarios.

Temperamento y habilidades personales

Los propios rasgos individuales de cada persona son un factor decisivo. Por ejemplo, está demostrado que una mayor dificultad para aprender o adaptarse a situaciones, suele conllevar una tendencia al aislamiento. Existen, por tanto, rasgos innatos en cada individuo que le hacen desarrollar una personalidad más o menos introvertida.

Conducta aprendida y educación

Además de los factores genéticos, son fundamentales los aspectos externos o ambientales. Elementos como el tipo de educación que recibe una persona, especialmente durante su infancia, son decisivos a la hora de desarrollar una personalidad más o menos introvertida.

Vivencias traumáticas o desagradables

También son de gran importancia los acontecimientos de la vida personal del individuo. Un ejemplo de esto serían personas que han experimentados sucesos que les han generado vergüenza, inseguridad o elevado estrés. Estos individuos tienen una probabilidad mucho mayor de desarrollar patrones de introversión y timidez.

Baja autoestima

La carencia de autoconfianza y seguridad en uno mismo también potencia la timidez. Así, aquellas personas que no han podido desarrollar una autoestima sólida, son mucho más propensas a ser tímidas e introvertidas.

Entorno cultural

Existen patrones culturales claros en el ámbito de la timidez. En entornos socioculturales tales como China o Japón, la introversión en las relaciones interpersonales tiene un peso mucho más significativo que los países occidentales.

¿Cuáles son los principales síntomas de la timidez o de las dificultades en las relaciones sociales?

Aunque definimos la timidez como un elevado nivel de introversión, merece la pena profundizar en los rasgos que la caracterizan. Por ello, podríamos hablar de una serie de pautas o conductas que nos permiten decir que una persona es tímida. En este sentido, los síntomas más comunes son de diferente tipo, emocionales y conductuales.

Síntomas emocionales
  • Dificultad para expresar libremente y de manera efectiva pensamientos o sentimientos propios
  • Excesiva conciencia en uno mismo, intentando controlar la ansiedad o nerviosismo, en vez de atender a la situación social
  • Incapacidad para disfrutar de las relaciones interpersonales
  • Autoevaluación negativa, poniendo en tela de juicio las capacidades propias y valorándolas como inferiores a las del resto de personas
  • Disminución de las oportunidades sociales en ámbitos como el laboral, familiar o de amistad
  • Preocupación excesiva por el rechazo de otras personas hacia uno
  • Aparición de emociones o conductas negativas, como ansiedad, depresión, estrés, adicciones, etc.
  • Dificultad para la autoafirmación, impidiendo al individuo defender sus intereses legítimos ante otras personas
  • Sensaciones físicas como rubor, tartamudeo, sudor, nerviosismo, nauseas, etc.
Síntomas conductuales
  • Tendencia a mantener el espacio personal y evitar la cercanía o el contacto físico con otras personas
  • Tendencia a los silencios o a no participar en las conversaciones
  • Intentar pasar desapercibido en los entornos sociales
  • Dificultad para mantener la mirada al interlocutor, o tendencia a evitarla
  • Simular que no se escucha a alguien cuando se dirigen a uno
  • Actitud de indiferencia o desinterés hacia otras personas
  • Intentar actuar de manera complaciente y no contrariar al interlocutor
¿Existen diferentes tipos de timidez?

Como ya se ha explicado, la timidez es un sentimiento en mayor o menor medida innato a todas las personas. Sin embargo, no todos experimentamos la timidez de la misma manera ni bajo las mismas circunstancias. Por ello, se podría hablar de multitud de tipologías de timidez, aunque destacaremos aquí solo algunas de las más frecuentes:

Timidez social

Este sería el tipo más común o lo que normalmente entendemos como timidez. Hablaríamos aquí de aquellos casos en los que las personas experimentan dificultades en sus relaciones interpersonales; estas suelen darse como consecuencia de una falta de autoconfianza en las capacidades propias. Como consecuencia, se sufre incomodidad en las relaciones con otras personas, lo que lleva a intentar evitarlas o limitarlas.

Timidez sentimental

A muchas personas, la sensación de timidez les afecta especialmente en lo referente a las relaciones sentimentales. En estos casos, se ven limitados de manera particularmente grave los intentos de establecer lazos afectivos o mantener relaciones sexuales. Como consecuencia, las personas que sufren este tipo de timidez suelen tener importantes carencias en este ámbito, ya que es frecuente que desarrollen una vida solitaria sin haber podido establecer o mantener relaciones de pareja.

Timidez infantil

En muchos casos, la timidez se produce de manera más acusada en el periodo de la infancia. Esto, además, sucede en un porcentaje significativo de niños, por lo que se trata de una problemática frecuente. Es habitual que con el tiempo, al crecer y madurar el niño, esta timidez se vaya perdiendo. Sin embargo, esto no siempre sucede, y en cualquier caso puede merecer la pena intentar ayudar al niño con sus problemas en las relaciones sociales, ya que es en esta etapa de la vida cuando se forma el carácter de la persona y es el momento en el que mejor se pueden evitar o prevenir problemas posteriores.

Timidez relacionada con periodos o etapas temporales

En ocasiones, las personas pueden ser más introvertidas o más extrovertidas en diferentes momentos. A veces, como consecuencia de su situación anímica una persona puede volverse más retraída, pero luego volver a ser más sociable una vez que su autoestima se encuentra más fortalecida. Por ello, existe una fuerte correlación entre el grado de timidez de una persona y su estado emocional.

¿Qué tipos de dificultades en las relaciones sociales hay?

Más allá de la timidez, existen otros muchos tipos de dificultades a la hora de desarrollar relaciones sociales. Estos problemas pueden ser de diferente índole, variando tanto su causa como la situación en la que se producen. Sin embargo, podríamos mencionar varios supuestos bien diferenciados, que se encuentran entre los más comunes:

Problemas de asertividad

La asertividad es un concepto complejo. Consiste en la habilidad para expresar las emociones o hacer valer los derechos propios, respetando los sentimientos y derechos de las demás personas. Por lo tanto, podría decirse que no son asertivas aquellas personas que no saben defender una postura propia; o bien aquellas otras que lo hacen, pero sin tener en cuenta el impacto de su postura en los demás.

La asertividad es por tanto un factor fundamental a la hora de establecer relaciones sociales sanas. Sin esta habilidad, las personas están abocadas a ser consideradas despóticas por el resto de gente; o bien a mantener una actitud sumisa y complaciente en detrimento de la satisfacción y autoestima propias.

Habilidades sociales

Podríamos definir las habilidades sociales como las herramientas de comunicación que usamos para relacionarnos con los demás. Estas herramientas pueden ser de distinta naturaleza, así como verbales y no verbales. Así, por ejemplo, serían habilidades sociales la capacidad de escucha, el control emocional, la resolución de conflictos, etc.

Este conjunto de habilidades está muy relacionado con la autoestima, esto es, el modo en que nos autopercibimos; esto se debe a que si no nos respetamos a nosotros mismos, muy difícilmente conseguiremos que los demás nos respeten. En definitiva, estas habilidades son tan importantes, que resultan decisivas para un buen desempeño social y profesional.

Dificultades para hacer o mantener amistades

La amistad es el vínculo estrecho que se forma entre dos personas o un grupo. Esta suele estar basada emociones como el afecto, el respeto, la lealtad o la simpatía. Se trata de una de las relaciones afectivas más importantes que se puede tener, y en consecuencia es un elemento fundamental para desarrollar una vida plena y satisfactoria.

En consecuencia, cuando una persona experimenta dificultades a la hora de tener amistades, su bienestar emocional se ve gravemente afectado. En estos casos suelen aparecer problemáticas como depresión, baja autoestima, miedo, etc. Por ello, resulta fundamental buscar vías de potenciación de las relaciones de amistad.

Miedo al rechazo social

El miedo al rechazo es el temor que una persona siente ante la posibilidad de ser juzgado negativamente. Esto puede darse en múltiples ámbitos: el sentimental, el laboral, el profesional, etc. Como consecuencia, puede suceder que esa persona decida sacrificar sus deseos o necesidades, con tal de ser aceptada; o bien, que evite exponerse a situaciones en las que sienta que va a ser evaluada.

Fobia social

En este último caso estaríamos hablando ya no solo de timidez, sino de un trastorno de ansiedad social; se trata de un desorden psicológico con consecuencias graves para las personas que lo padecen. Los afectados sufren un miedo intenso a las situaciones en las que puedan sentirse juzgados o desaprobados. Esto, en última instancia, les lleva a evitar de manera severa cualquier tipo de interacción con otras personas.

¿Cómo se tratan la timidez o las dificultades en las relaciones sociales?

Afortunadamente, la timidez es un rasgo que, como el resto de habilidades sociales, puede ser modificado. Esto significa que, trabajando en diferentes ámbitos, podemos evitar o al menos minimizar la sensación de incomodidad generada por las situaciones sociales. Para ello suelen emplearse diferentes tipos de intervención.

En primer lugar, suele ser de gran utilidad la psicoterapia. Aquí, se emplean diferentes técnicas, como por ejemplo la cognitivo-conductual o el EMDR. Con ello se facilita que el paciente aprenda a conocer y controlar sus emociones, limitando así su temor a interrelacionarse. Se trata, en definitiva, de dotar a la persona de técnicas y herramientas que faciliten  su desenvolvimiento en entornos sociales.

Otras muchas veces suele emplearse la terapia grupal o los talleres de habilidades interpersonales. Estos tratamientos permiten al paciente relacionarse con otras personas afectadas por el mismo problema; esto tiene la gran ventaja de que, además de favorecer su socialización y el establecimiento de relaciones con otros individuos, le permite darse cuenta de que sus miedos no son raros ni infrecuentes, sino que más bien al contrario, hay muchas personas en una situación similar.

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