¿Qué es el trastorno de identidad disociativo?

El trastorno de identidad disociativo es conocido popularmente como trastorno de personalidad múltiple. Consiste en la existencia en un individuo de varias personalidades (dos o más), cada una de ellas independientes del resto. Cada personalidad es distinta y tiene una forma de sentir y actuar diferenciada; en estos casos, cada una de estas personalidades toma el control del individuo de manera recurrente o alternativa. Además, cada una de las personalidades tiene recuerdos específicos, por lo que las otras identidades sufren de amnesia temporal; esto significa que cada una de las personalidades no puede acceder a los recuerdos de las otras identidades.

Este tipo de desorden es muy frecuente en la ficción, tanto en el cine como en la literatura. Sin embargo, más allá de su presencia en la cultura popular, su verdadera existencia es aún polémica y discutida. Muchos profesionales de la psicología consideran que no se trata de una verdadera patología, o que suele confundirse con otros trastornos disociativos o incluso con los propios roles o comportamientos que una misma persona puede desarrollar en distintos entornos, de manera más o menos consciente.

Con independencia de la polémica que lo rodea, este trastorno está recogido en el manual DSM-IV; este es el manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales de referencia entre los profesionales de la salud mental, editado por la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA). Esto quiere decir que, si bien aún se trata de un diagnóstico controvertido, en la actualidad goza de reconocimiento oficial.

¿A qué se debe el trastorno de identidad disociativo?

Suele considerarse que la causa de este trastorno se encuentra en haber vivido traumas extremos en la infancia. Esto vincula la aparición de este desorden con otro tipo de problemas, como el estrés prostraumático o la ansiedad. De las personas a las que se diagnostica este desorden, más del 90% sufrió maltratos infantiles físicos, psicológicos o sexuales. Como consecuencia de estos traumas, el niño puede tener dificultades a la hora de desarrollar su personalidad adulta.

La hipótesis más aceptada es que estas vivencias estresantes dan lugar en un primer momento a la disociación; así, el niño aislaría recuerdos, emociones o vivencias como mecanismo defensivo ante el malestar ocasionado por estos traumas. Con el paso del tiempo y al madurar el niño, esta disociación iría dando lugar al desarrollo de distintas personalidades; estas irían adquiriendo gradualmente una mayor complejidad, diferenciándose cada vez más unas de otras.

Como conclusión, la personalidad múltiple no surgiría como resultado de la fragmentación de la identidad principal del individuo, sino que más bien consistiría en una anomalía en el desarrollo de esta identidad desde la infancia.

¿Cuáles son los principales síntomas del trastorno de identidad disociativo?

El manual diagnóstico DSM-IV recoge cuatro síntomas claramente diferenciados para identificar este trastorno:

  • Existencia de más de una personalidad: el individuo presenta dos o más identidades. Cada una de estas tiene un patrón propio respecto a su manera de percibir, sentir y comportarse.
  • Alternancia: estas distintas personalidades toman el control del individuo de panera recurrente. Como consecuencia, el paciente es realmente una persona distinta en cada uno de estos episodios.
  • Amnesia: incapacidad recordar información personal, generalmente la relacionada con una personalidad distinta a la que toma el control.
  • Exclusión de factores externos: los síntomas anteriores no pueden ser debido a elementos exógenos. Así, por ejemplo, no se trataría de un verdadero trastorno de identidad disociativo si estos elementos se dieran motivados por, por ejemplo, el consumo de alcohol o estupefacientes.

Generalmente la personalidad primaria (la original) suele ser pasiva, sumisa o depresiva, mientras que las otras son más dominantes. Esto encaja con la hipótesis de que estas otras personalidades surgen como mecanismo defensivo de la personalidad primaria. Además, la amnesia puede darse en distintos grados y niveles; debido a esto, puede ser que una identidad sea consciente de la existencia de otras personalidades. En estos casos, las identidades más sumisas pueden ser dirigidas por aquellas otras más dominantes. Como consecuencia, puede suceder que a una identidad se le manifiesten otras personalidades en forma de alucinaciones visuales o auditivas.

¿Qué tipos de trastorno de identidad disociativo hay?

No existe ninguna clasificación comúnmente aceptada entre los profesionales de la salud mental respecto al trastorno de identidad disociativo. Algunos investigadores han realizado diferentes categorizaciones de las distintas personalidades que pueden darse en un individuo con este desorden; sin embargo, puesto que la misma existencia del trastorno de identidad disociativo está en duda, el consenso científico no ha podido avanzar en este sentido.

Sin embargo, sí que es importante recalcar la diferencia entre este desorden y la esquizofrenia, ya que frecuentemente se confunden. Para las personas que rodean al paciente, ambas patologías pueden presentar síntomas parecidos. Sin embargo, se podría decir que la principal diferencia es que, en el caso de la esquizofrenia, el paciente cree que otras personas le persiguen o le controlan; mientras que en los supuestos de trastorno de identidad disociativo, esas personalidades realmente toman el control del paciente.

¿Cómo se trata el trastorno de identidad disociativo?

El tratamiento del trastorno de identidad disociativo está estructurado en distintas etapas. En un primer momento, el objetivo del terapeuta es proporcionar estabilidad al paciente y controlar sus síntomas. Una vez conseguido esto, se persigue confrontar y superar los recuerdos traumáticos. Por último, se procede a la integración de las distintas personalidades y la restauración de la identidad original; cuando esto no es posible, se intenta al menos lograr una coexistencia armoniosa entre las distintas personalidades.

Para el desarrollo de la intervención y la consecución de estos objetivos, el tratamiento indicado es el empleo de psicoterapia. Algunos profesionales utilizan también para este objetivo la hipnosis clínica. El uso de farmacología también puede en ocasiones ayudar a controlar otros síntomas, como la ansiedad o la depresión.

En general, el tratamiento de este trastorno es largo y difícil, dada la complejidad del desorden. Es frecuente que este tipo de intervenciones lleguen a prolongarse durante años, incluso pudiendo requerir en ocasiones el ingreso temporal del paciente en centros psiquiátricos.

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