¿Qué es la depresión mayor?

La tristeza es un elemento innato en todas las personas, pero no hay que confundirla con la depresión mayor. La diferencia estriba en que, mientras que la primera es una emoción, la depresión es un desorden psicológico. Más concretamente, se trata de uno de los denominados como trastornos del estado del ánimo.

Hablamos de depresión mayor cuando sentimientos como la tristeza, frustración, ira o culpa interfieren con la vida diaria del paciente. Todas las personas experimentan la sensación de tristeza con mayor o menor frecuencia a lo largo de sus vidas; sin embargo, la depresión mayor es un proceso patológico grave que debe ser identificado y tratado adecuadamente.

Podemos decir que existe depresión mayor cuando se dan uno o varios episodios depresivos de al menos dos semanas; además, en estos periodos se producen también una serie de síntomas afectivos como la apatía, anhedonia, baja autoestima, irritabilidad, etc. Junto a estos síntomas suele aparecer una falta de interés sobre actividades que generalmente se consideraban agradables o estimulantes. Otros síntomas frecuentes son, por ejemplo, un menor nivel de energía de la persona, molestias físicas, o alteraciones en los patrones de alimentación o sueño.

La depresión mayor, por lo tanto, va mucho más allá de la mera tristeza. Se trata del tipo más grave de trastorno de estado de ánimo, y sus consecuencias pueden ser extremadamente incapacitantes. Si no se trata adecuadamente, su duración puede llegar a prolongarse durante meses o incluso años.

¿A qué se debe la depresión mayor?

La depresión mayor es una patología severa que se estima que afecta a cerca del 5% de la población adulta. Sus causas son múltiples, y en cada caso en concreto pueden ser varios los factores que la motiven. Se cree que los elementos más relevantes son los factores genéticos, las vivencias de la infancia y el contexto psicosocial.

Algunos tipos de depresión son hereditarios, por lo que la existencia de un factor genético parece clara. Sin embargo, todas las personas pueden llegar a padecer una depresión, con independencia de que tengan o no antecedentes familiares; esto pone de manifiesto que, además del genético, existen otras causas que pueden propiciar la aparición de una depresión mayor.

También se ha identificado la relación de algunos tipos de depresión con factores fisiológicos. Así, en algunos casos una deficiencia de dopamina en el cerebro puede dar lugar a la aparición de este trastorno. Esto también se produce con algunos otros neurotrasmisores, como por ejemplo la serotonina o la noradrenalina.

Junto a estos, también son de gran importancia otros factores, como pueden ser los psicosociales. Las relaciones personales, familiares o profesionales de una persona, su estatus social o económico, o la manera en que esta se desenvuelve en sus interacciones con otros individuos, son también elementos de enorme trascendencia sobre la autopercepción y la autoestima. Como consecuencia, estos elementos pueden ser también decisivos a la hora de desarrollar o no una posible depresión mayor.

En ocasiones, este trastorno también puede surgir como consecuencia de otros factores externos. Por ejemplo, aquellos casos derivados del consumo de sustancias como el alcohol o estupefacientes, o de medicamentos como los esteroides.

¿Cuáles son los principales síntomas de la depresión mayor?

En ocasiones la aparición del primer episodio depresivo puede pasar desapercibido, al producirse de manera gradual. Sin embargo, llega un momento en que el trastorno se hace patente, dado su impacto sobre la vida del individuo. En general, los síntomas más frecuentes de la depresión mayor suelen ser los siguientes:

  • Estado de ánimo decaído, triste o irritable, que se prolonga en el tiempo y no mejora
  • Alteraciones significativas en los patrones habituales de sueño, alimentación o actividad diaria
  • Retraimiento o aislamiento social, evitando en contacto con otras personas
  • Dificultad o incapacidad para realizar esfuerzos cognitivos, como pensar, recordar o concentrarse
  • Falta de energía corporal y lentitud en el movimiento, o agitación fuera de lo habitual
  • Dificultad o incapacidad para tomar decisiones
  • Perdida del interés o de la capacidad para disfrutar de actividades que tradicionalmente eran consideradas placenteras
  • Baja autoestima, sentimiento de culpabilidad, de vacío existencial o de falta de propósito en la vida
  • Pensamientos repetidos o frecuentes sobre la muerte o el suicidio
  • Dolores o malestares físicos, como jaquecas y dolor de cabeza, molestias gástricas y estomacales, dolor articular, etc.

Para hablar de depresión mayor propiamente dicha, es necesario que se manifiesten varios de estos síntomas durante un periodo prolongado, de al menos dos semanas. Además, cuando estos síntomas están ocasionados por la pérdida de un ser querido no hablaríamos de depresión, sino de duelo.

¿Qué tipos de depresión mayor hay?

En función de su gravedad y sintomatología, la depresión mayor se suele dividir entre leve, moderada y grave. Sin embargo, esta escala responde solo al nivel de severidad de sus síntomas, y no a diferencias en cuanto al tipo de depresión de que se trate. En este sentido, sí que cabe distinguir entre dos clases de depresión mayor claramente diferentes:

  • Depresión mayor con episodio único: se da cuando la depresión se presenta una única vez en la vida del paciente. Generalmente se produce después de haber estado sometido a un estrés psicosocial grave. Habitualmente, las personas que sufren este tipo de depresión mayor suelen presentar después un episodio maniaco.
  • Depresión mayor recidivante: se caracteriza por la aparición reiterada de episodios depresivos. La duración entre estos episodios es como mínimo de dos meses, y en estos periodos no hay síntomas de depresión. En estos casos suele ser más frecuente la presencia de antecedentes familiares o desórdenes fisiológicos.
¿Cómo se trata la depresión mayor?

El tratamiento más efectivo para la depresión mayor es la psicoterapia. Aunque algunos medicamentos, como por ejemplo los antidepresivos, han demostrado tener una alta efectividad a la hora de reducir o eliminar los síntomas, la terapia psicológica ha demostrado funcionar mejor a la hora de prevenir posibles recaídas posteriores. Esto es especialmente cierto en el caso de la terapia cognitivo-conductual.

El empleo de medicamentos suele ser especialmente indicado en los casos más graves de depresión mayor. En estas situaciones, el mejor enfoque suele ser la combinación de los fármacos con el empleo de psicoterapia. El tipo de medicación a emplear en estas situaciones es variada: inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAOs), inhibidores selectivos de la recaptación se serotonina (ISRS), antidepresivos tricíclicos, etc. En todos estos casos, es imprescindible la prescripción y seguimiento de un profesional médico.

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