¿Qué es el acoso escolar?

El acoso escolar o bullying es cualquier forma de maltrato físico o psicológico que se produce entre estudiantes de manera reiterada; aunque se inicia en las aulas, el acoso se mantiene también fuera de ellas, mediante internet o redes sociales. Este problema se ha agravado en los últimos años, ante la sensación de impunidad de quienes lo provocan. Suele darse entre los 12 y los 16 años de edad, y sus consecuencias son extremadamente graves.

El maltrato suele dirigirse hacia quien se percibe como más débil, ya sea física o emocionalmente. Además, el agresor desarrolla la necesidad obsesiva de atacar a su víctima, dada la sensación de superioridad que le proporciona. Generalmente se desarrolla con la complicidad, o al menos el silencio, del resto de alumnos. Ante cualquier indicio de que un niño esté sufriendo acoso, es imperativo denunciarlo y buscar ayuda.

Muchas veces, el problema se agrava al pensar que únicamente hay acoso escolar si se producen maltratos físicos. Desde este punto de vista, el maltrato psicológico es simplemente una “travesura” o “cosas de niños”. Nada más lejos de la realidad, ya que esta forma de pensar no hace sino agravar el problema; quienes piensan de este modo, dejan a la víctima indefensa y al agresor con sensación de impunidad. Así, no es raro que el acoso vaya cada vez a más, hasta hacerse verdaderamente insoportable para quien lo padece.

El aspecto verdaderamente característico del acoso es, por tanto, la prolongación en el tiempo. En vez de tratarse de un caso aislado, se trata de un proceso reiterado y sistemático, dirigido a menoscabar cada vez más la autoestima de la víctima y a prolongar su sufrimiento. Por este motivo, entre los profesionales de la educación y de la psicología, hay quien incluso habla de “tortura escolar”.

¿A qué se debe el acoso escolar?

El acoso escolar es un fenómeno complejo que responde a múltiples desencadenantes; así, no hay un único elemento que lo ocasione, sino que se trata realmente de una conjunción de varios factores.

En primer lugar, y en contra de lo que habitualmente se piensa, cualquier niño puede ser objeto de acoso; muchas veces solo hace falta una excusa que propicie que se empiece a acosar a alguien. Esta puede ser su color de piel, su acento, el no tener habilidades sociales, tener ropa menos cara, etc. No obstante, sí que se han identificado factores que pueden incrementar el riesgo de que un niño padezca acoso.

En segundo lugar, encontramos causas que incrementan el riesgo de que un niño se vuelva acosador. Esto significa que, si se dan estas circunstancias, se incrementa la probabilidad de que un niño agreda a otros menores, con independencia de que sea un buen estudiante, cariñoso con su familia y responsable con sus obligaciones. En este sentido, existen tres ámbitos que pueden influir como posibles causas, y que veremos más adelante.

Factores que incrementan el riesgo de que un niño sea víctima de acoso

Tal y como ya hemos mencionado, todos los niños pueden ser objeto de acoso en un momento dado. Sin embargo, sí que existen ciertos elementos que pueden hacer más probable que un niño sea víctima de bullying.

Aquí hablaríamos, en primer lugar, de todos aquellos rasgos que diferencien al niño de manera clara o visible. Un ejemplo serían los niños demasiado delgados o con sobrepeso, con un habla extraña, con problemas psicomotrices, excesivamente introvertidos, etc. Cualquier elemento diferenciador puede suponer una excusa que de pie al acosador para empezar el hostigamiento.

En cualquier caso, cabe destacar que estos elementos diferenciadores no predisponen necesariamente al niño a ser objeto de acoso. Se trata únicamente de factores que pueden incrementar la probabilidad de convertirse en blanco de acosadores.

Además, también hay que incidir en que estas diferencias no justifican en ningún caso el maltrato; el niño no es culpable de ser así, puesto que son factores inherentes a su personalidad. Por este motivo, no se puede responsabilizar a las víctimas de haber sido ellos quienes hayan propiciado la agresión.

Factores que incrementan el riesgo de que un niño sea acosador

En cuanto a los elementos que pueden incrementar la probabilidad de que un niño se vuelva acosador, encontramos esencialmente tres.

En primer lugar, encontraríamos las circunstancias personales. Uno de los aspectos más importantes es la propia personalidad del niño que acosa. Algunos niños tienen patrones agresivos, o son incapaces de empatizar y ponerse en la situación de las víctimas. Otras veces, sin embargo, lo que mueve al agresor es la necesidad de reforzar su estatus social ante sus compañeros; o, incluso, el buscar un desahogo a situaciones personales, utilizando a la víctima como chivo expiatorio.

En segundo lugar, encontramos todo lo relacionado con la situación familiar del agresor. Estos muchas veces han recibido una educación autoritaria por parte de sus padres, y entiende la agresividad como algo normal. En otras ocasiones es justo lo contrario, y lo que hay es una excesiva permisividad; en este caso, no se ponen límites al comportamiento del niño, quien actúa sin responsabilizarse de sus actos. Y otras veces se debe a que el niño vive en una familia con problemas de convivencia, que está atravesando un divorcio o en la que se producen maltratos, y como consecuencia el menor canaliza su frustración atacando a otros niños.

En tercer y último lugar encontramos todo lo relacionado con el entorno escolar. Esto se debe a que muchas veces el acoso se ve en cierto modo propiciado circunstancias específicas del colegio. A veces se emplea un estilo educativo en el que no se respeta a los alumnos, o incluso se les humilla; en este contexto, no es raro que algunos niños entiendan que no hay problema en humillar igualmente a sus compañeros.  Otras veces se fomenta en exceso la competitividad, o puede simplemente que el centro no disponga de recursos suficientes para controlar a los alumnos.

¿Cómo podemos saber si nuestro hijo está sufriendo acoso escolar?

Detectar que nuestro hijo está siendo víctima de acoso escolar no siempre es fácil. En contra de lo que se piensa, los síntomas que lo evidencian no necesariamente son claros. Por el contrario, el menor que está siendo acosado muchas veces se siente avergonzado e intenta ocultarlo. Es por esto que resulta especialmente importante estar al tanto e intervenir rápido si existen indicios de bullying.

Generalmente, cuando un niño está sufriendo acoso escolar, suele mostrar algunos de estos síntomas:

Cambios en el comportamiento
  • Se intenta evitar ir al colegio.
  • Evitación de los compañeros o amigos.
  • Se falta a clase de manera injustificada.
  • Disminución del rendimiento escolar y las calificaciones.
  • El niño regresa a casa inmediatamente después de las clases.
  • Retraimiento social y abandono de actividades.
  • Aislamiento o introversión dentro de la familia.
Signos físicos
  • El menor vuelve a casa con cosas rotas, o que se le han perdido, sin poder justificar exactamente cómo.
  • Se pide dinero con frecuencia a los padres.
  • Marcas de golpes, arañazos o lesiones.
Alteraciones emocionales y psicosomáticas
  • Nerviosismo muy acusado los domingos por la tarde.
  • Sensación de tristeza o depresión.
  • El niño se muestra ansioso o estresado.
  • Ataques de ira, agresividad o llanto.
  • Somatizaciones, dolores de cabeza o estómago.
  • Sensación de asfixia o dolor en el pecho.
  • Alteraciones de la alimentación
  • Alteraciones del sueño.

Por otro lado, es igualmente importante el detectar los síntomas que manifiesta también el niño agresor. Ser capaces de detectar a tiempo si nuestro hijo se está convirtiendo en acosador es importante para solucionar el problema. Por ello, algunos de los indicios más frecuentes en este sentido son los siguientes:

Síntomas del niño acosador
  • Actitud rebelde o desafiante en el entorno familiar.
  • Incumplimiento deliberado de las normas.
  • Incapacidad para controlar sus emociones, tiene rabietas o ataques de ira.
  • Comportamiento cruel o despectivo hacia otros niños o compañeros.
  • Pocas habilidades de resolución de conflictos, se recurre fácilmente a la violencia.
  • No asume sus responsabilidades, siempre encuentra excusas o miente.
  • Poca tolerancia a la frustración.
  • Incapacidad para empatizar con otras personas.
  • Tiene baja autoestima o necesita sentirse permanentemente reforzado.
  • Necesidad de ser constantemente el centro de atención.
  • No acepta límites a sus acciones, o no da explicaciones a sus padres.
  • Tiene en su poder objetos o pertenecías que no son suyos.
¿Qué tipos acoso escolar hay?

El acoso escolar puede darse de innumerables maneras, por lo que difícilmente se puede establecer una clasificación cerrada. Existen muchos profesionales de la psicología y la pedagogía que han estudiado en profundidad el bullying, motivo por el cual podemos encontrar múltiples clasificaciones de los tipos de acoso. Todas ellas son válidas, en tanto que toman en consideración unos factores u otros.

Por nuestra parte, sin ánimo de hacer una descripción extensiva, entendemos que los principales tipos de acoso son los siguientes:

Principales tipos de acoso escolar
  • Acoso psicológico. Se trata de la forma más común de acoso escolar. Aquí, el acosador hace sufrir a la víctima mediante la intimidación, los insultos y las amenazas. Se suelen hacer comentarios despectivos, chistes o amenazas al agredido, de manera que se destruye su autoestima.
  • Acoso físico. Es menos frecuente que el acoso psicológico, aunque igualmente grave. En este caso se dan agresiones y maltratos a la víctima, quien no puede defenderse. Por lo general consiste en empujones, golpes o incluso palizas, infligidas por una o varias personas.
  • Acoso social. En este caso, el objetivo del acosador es aislar socialmente al agredido, o evitar que forme parte de un grupo. Es un tipo complejo de violencia, ya que puede suceder incluso sin que la víctima sea consciente de ello. Esto suele terminar con el menor agredido excluido de toda relación social con compañeros o amigos.
  • Acoso sexual. Aquí, lo característico es que el motivo de la agresión es esencialmente sexual, mediante insultos, tocamientos o abusos. En ocasiones se produce obligando a la víctima a hacer algo contra su voluntad, o bien haciendo referencia a su sexualidad. Aquí se incluyen también todos aquellos casos relacionados con la homofobia.
  • Ciberacoso. Este es el también conocido como ciberbullying. Se trata de una forma de acoso especialmente grave, ya que la agresión puede ser mucho mayor. A diferencia de otras formas de bullying, aquí no existe un refugio o un lugar seguro; cuando el niño vuelve a casa y deja el colegio, sigue siendo agredido. Además, el potencial de las nuevas tecnologías permite que el numero de acosadores se incremente sustancialmente por esta vía.
¿Cómo se puede prevenir y tratar el acoso escolar?

Un problema tan complejo y grave como el acoso escolar requiere tanto de medidas que eviten que se produzca, como de acciones que lo terminen tan pronto como se detecte. En el primer caso, el objetivo consiste en que el acoso nunca llegue a producirse; en el segundo, sin embargo, la finalidad es ayudar a la víctima e impedir que la agresión continúe.

Para evitar los casos de bullying, es fundamental todo lo relacionado con el proceso de educación y crianza del niño. Este proceso requiere necesariamente de la colaboración activa de padres, educadores y otros estudiantes. Se trata de generar un entorno seguro en el que los niños puedan desarrollarse sin miedo. No obstante, es necesario mantener una labor de alerta permanente, ante posibles indicios que puedan poner de manifiesto actitudes inapropiadas. Así, de detectarse algún caso que pueda dar lugar a una agresión, podrá abordarse antes de que su gravedad empeore.

Más complejo es actuar cuando la agresión ya ha tenido lugar. En estos casos, es necesario trabajar tanto con la víctima como con el agresor. Al niño que ha sido objeto del acoso es necesario escucharlo y apoyarlo; puesto que suelen sentirse avergonzados, es fundamental que se sientan protegidos para que decidan manifestar el problema. Además, es necesario trabajar con ellos posteriormente su autoestima, y dotarles de herramientas para que sepan cómo gestionar posibles situaciones futuras de acoso.

Igualmente, es imprescindible trabajar también con el niño agresor, para evitar que persista en su conducta. En estas situaciones, el primer paso es comprender qué les ha motivado a actuar de este modo; muchas veces, estas agresiones se producen como consecuencia de carencias propias, que serán las que habrá que solucionar. Solo de esta manera se podrá solventar definitivamente el problema.

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