¿Qué es el acoso laboral?

El acoso laboral o mobbing es el proceso por el cual una persona o varias ejercen una violencia psicológica extrema sobre un compañero de trabajo, produciéndole una sensación de miedo, terror o desánimo que afecta tanto su trabajo como su vida personal. Esta violencia se ejerce de manera continuada y periódica, llegando a desarrollarse a lo largo de meses o incluso años.

Aunque el mobbing está duramente castigado por la ley, esto no evita que en ocasiones siga produciéndose; por este motivo, las personas que lo padecen necesitan ser conscientes tanto de la necesidad de denunciarlo como de la manera adecuada para ponerle fin.

A pesar de que la sociedad está cada vez más concienciada sobre el mobbing, aún es un problema poco conocido. Existe todavía cierta creencia de que no se trata de un problema tan grave, sino tan solo algo anecdótico. O, lo que es peor, a veces incluso se culpabiliza a la víctima; en este sentido, hay quienes creen que el acosado “se lo está buscando”, o que no sabe encajar “bromas”.

Nada más lejos de la realidad, ya que el acoso laboral es, de hecho, una forma de tortura. El propio proceso de acoso se desarrolla de manera prolongada y permanente, para infligir mayor dolor a la víctima. Esto, unido a la imposibilidad de denunciarlo, hace que muchas veces el problema sea devastador para quienes lo padecen.

¿Cuáles son las causas de los problemas relacionados con el acoso laboral?

Los motivos que pueden dar lugar a una situación de acoso laboral pueden ser muy variados. Factores como la competitividad entre empleados, la rivalidad con un jefe o simplemente la envidia suelen ser los principales desencadenantes. Estas circunstancias, sin embargo, dan forma a toda una estrategia de acoso que desencadena un estrés laboral.

La principal diferencia entre el mobbing y el estrés laboral es precisamente su origen. En el caso del estrés es debido a elementos intrínsecos del trabajo, como los plazos o los objetivos; en el supuesto del acoso laboral, sin embargo, el desencadenante está exclusivamente en las relaciones interpersonales.

Una vez que ha comenzado a desarrollarse el acoso laboral, este generalmente sigue un mismo proceso. En un primer momento, el desencadenante suele ser un conflicto específico; ante determinadas circunstancias como las anteriormente mencionadas, alguien decide prolongar ese conflicto con la víctima. En una segunda etapa, se persigue la estigmatización del acosado. Aquí, el acosador hostiga de manera prolongada a la víctima para intentar ridiculizarla o minusvalorarla. Una tercera etapa consiste en el aislamiento social, cuando el resto de la empresa se une al mobbing. Y finalmente llega la fase de exclusión, culminando habitualmente con el abandono de la empresa por parte de la víctima.

En última instancia, todos estos procesos están relacionados con las dinámicas sociales de los trabajadores de la empresa. Generalmente, como búsqueda de un posicionamiento social o de una promoción en el trabajo, se recurre al mobbing como herramienta. Sin embargo, los efectos de este acoso sobre quienes lo padecen pocas veces son considerados en su justa medida.

Comportamientos asociados al acoso laboral
  • Avasallar a la víctima, hostigarla o gritarla, cuando está sola o en presencia de otras personas.
  • Acusar de problemas que no son culpa del trabajador, o de los que no se tiene prueba alguna.
  • Asignar tareas claramente imposibles o muy por debajo de sus capacidades.
  • Asignar tareas innecesarias o incluso no asignar trabajo alguno, para desmotivar o ridiculizar.
  • Trato discriminatorio con otros compañeros de trabajo.
  • Eliminarle áreas de responsabilidad clave en su campo de trabajo.
  • Ocultar información necesaria para que desarrolle su trabajo.
  • Interrumpir permanentemente a la víctima, no dejarle hablar o ridiculizarla en público.
  • Ignorarle como si no existiese, hablando con otras personas como si no estuviese delante.
  • Extender rumores o bulos sobre la persona a la que se acosa dentro de la empresa.
  • Infravalorar o menospreciar los logros alcanzados por la víctima, o incluso atribuirlos a otra persona.
  • Dramatizar sobre pequeños errores que se puedan haber cometido.
  • Controlar de manera exhaustiva todas las funciones que realiza, incluso para las cosas más insignificantes.
  • Incentivar a otros compañeros de trabajo a actuar de manera hostil con el acosado.
  • Atacar a la víctima por sus características personales o su vida extralaboral, como por ejemplo aficiones, religión, creencia política, etc.
¿Cuáles son los síntomas de las personas que sufren acoso laboral?

Las personas que sufren acoso laboral pueden terminar desarrollando serios problemas psicológicos. El impacto de este tipo de acoso es generalmente mucho más elevado de lo que la gente piensa. Así, no se trata únicamente de tener “malas relaciones” con los compañeros del trabajo; por el contrario, en realidad se están valores esenciales de la personalidad de la víctima, como su autoestima. Como consecuencia, es habitual que se desarrollen problemas como la ansiedad, la depresión o el estrés.

Como consecuencia de todo este proceso, es habitual que se vaya desarrollando un deterioro gradual en el acosado. Este menoscabo generalmente va adoptando formas como las siguientes:

  • Deterioro gradual de la autoestima.
  • Sensación de falta de valía en el ámbito profesional y personal.
  • Apatía, poca energía o falta de iniciativa.
  • Aparición de sentimientos de culpa y vergüenza.
  • Aislamiento y retraimiento social.
  • Aparición de problemas en las relaciones familiares.
  • Desarrollo de dolencias físicas como consecuencia del deterioro emocional (jaquecas, taquicardias, nauseas, etc.)
  • Alteración de los patrones del sueño.
  • Aparición de trastornos de la alimentación.
  • Inestabilidad emocional, dificultad para controlar la ira o el llanto.
  • Dificultad para concentrarse o para realizar esfuerzos intelectuales.
  • Disminución del rendimiento laboral.
¿Existen diferentes tipos de acoso laboral?

Cuando hablamos de los distintos tipos de mobbing, diferenciamos realmente en función de cómo se produce el hostigamiento. Esto da lugar a identificar dos formas de acoso, en función de la jerarquía y en función de su finalidad.

Acoso según la posición jerárquica

Esta distinción atiende a la relación de poder que exista entre acosador y acosado. Esto es relevante ya que la posición jerárquica implica factores diferenciales sobre cómo se produce el mobbing.

En primer lugar, encontramos el mobing horizontal, que es el que se produce entre compañeros. En estos casos, habitualmente los jefes no están al tanto de lo que sucede, o le restan importancia; esto, por lo general, se debe a que la víctima teme hacer explícito el problema y ser identificada como débil.

Un segundo tipo de mobbing es el descendente. En estos casos es el jefe el que acosa a su subordinado, empleando para ello su posición de responsabilidad. Aquí, lo que se produce en la víctima es una sensación de indefensión, al no poder replicar.

Por último, encontramos el mobbing ascendente, donde es el subordinado quien acosa al jefe. Este tipo de hostigamiento suele realizarse por lo general por parte de varios empleados, aunque no siempre es así. En estos casos, el jefe se ve sobrepasado y no sabe cómo encauzar las relaciones con sus trabajadores.

Acoso según los objetivos perseguidos

Una segunda clasificación del acoso laboral se puede realizar en función de los fines que se persiguen. Aquí, lo diferencial no es tanto quién realiza el mobbing, sino por qué motivo.

En este contexto, podríamos hablar de distintos tipos de acoso laboral. En primer lugar, encontraríamos el “acoso estratégico”, que tiene por finalidad implementar una estrategia de la empresa. El mejor ejemplo de esto sería cuando se acosa a alguien de manera sistemática para que abandone su trabajo, evitando así pagar el despido.

Otro tipo distinto sería el “acoso de gestión”, que tiene por finalidad implantar ciertos tipos de dirección. Con esto lo que se persigue habitualmente es neutralizar o echar a los trabajadores más reivindicativos. Así, poco a poco, se va generando un equipo de trabajo sumiso dispuesto a aceptar cualquier cosa de sus jefes.

También encontramos el que podríamos llamar “acoso por personalidad”. En este caso, la finalidad no es otra que el placer de la persona que desarrolla el hostigamiento. Se trata habitualmente de individuos sádicos, narcisistas o manipuladores, que disfrutan con su posición de poder. Para ellos, el acoso es un fin en sí mismo, ya que les permiten reafirmarse respecto a otros individuos.

Por último, existe lo que podríamos llamar “acoso disciplinario”, que tiene una finalidad correctiva. Este tipo de hostigamiento suele ser más moderado que los anteriores, en tanto que suele tener principio y fin determinados. Suele producirse como consecuencia de una falta, y se prolonga hasta que se considera que el empleado ha escarmentado.

¿Cómo se pueden prevenir o solucionar los problemas relacionados con el acoso laboral?

Frecuentemente las personas que sufren acoso laboral no buscan ayuda para solucionar su problema. Por el contrario, es más frecuente que si acuden a consulta sea por otros motivos; así, muchas veces recurren a la terapia como forma de afrontar la depresión, el estrés o la ansiedad. Sin embargo, una vez que se inicia el tratamiento surge realmente la raíz del problema.

Una vez que se ha dado el paso de buscar apoyo profesional, son varios las metas a conseguir. En primer lugar, el psicólogo trabajará para solucionar o minimizar los síntomas del acoso; aquí, se trata de eliminar o minimizar el malestar emocional del paciente derivado del mobbing. Esto es el primer paso imprescindible para poder empezar con fuerza el camino para poner fin al hostigamiento.

Una vez que este malestar está controlado y ya no existe ansiedad, depresión o estrés, se iniciará la siguiente etapa. En este momento, se enseñará al paciente aquellas herramientas y estrategias que le permitan afrontar el acoso. Conseguir un control emocional es, por tanto, imprescindible para hacer frente al acosador. El objetivo es poder hacerle frente sin caer en las provocaciones ni parecer un blanco fácil.

Por último, se trabajará también para potenciar las habilidades sociales del paciente. Esto es importante para permitirle desarrollar relaciones con otras personas, que mejoren su autoestima y su red de apoyo. Con ello, no solo se le dota de mayor fortaleza para afrontar futuros intentos de acoso, sino que incluso se hace más difícil para los acosadores el atacarle, ya que este tipo de actitudes no suelen desarrollarse con personas con fuertes lazos sociales.

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