El apego al presente es el anclaje que en muchos de nosotros y de nosotras hace nuestro cerebro condicionado por una serie de miedos. Esto hace que tengamos la necesidad de que nuestra vida permanezca inmóvil, sin ningún tipo de cambios, aunque nos genere malestar. Es una forma de delimitarnos en una realidad que no siempre es fácil, pero sí conocida por nuestra mente. Esta resistencia genera la mayoría de los bloqueos que vivimos y evita que aspectos novedosos puedan llegarnos. Pero ¿cómo influye en nuestra vida exactamente?

¿Qué es el apego?

Desde la Psicología, podemos ver que existen dos tipos de apegos. Por un lado, tenemos el apego en cuanto a las vinculaciones afectivas. Es el hilo o la unión que establecemos con personas de nuestra vida. El primer apego que formamos es con nuestra madre. Según sea ese tipo de apego, en el futuro nos iremos vinculando de una determinada forma. Este apego nos explica el motivo de que tengamos o no relaciones sanas, de que exista dependencia o miedo al compromiso.

Y, por otro lado, existe otro tipo de apego. Es la necesidad de anclarme a un determinado elemento. Por ejemplo, hablamos de apego a lo material, refiriéndonos a la necesidad de acumular bienes u objetos donde apoyamos nuestra seguridad emocional. Este tipo de apego nunca es sano, ya que creemos que eso a lo que apegamos nos dota de sentido y que sin ello estamos completamente solos y/o vacíos. Básicamente, me apego a algo y sin ello yo no existo.

Definiendo el apego al presente

Definimos el apego al presente como esa necesidad de que nada cambie y todo permanezca inmutable. Necesito que mi trabajo, rutinas y mi vida personal se quede como está. Esto no quiere decir que en este presente sea plenamente feliz, sino que simplemente no quiero que cambie nada por una serie de condicionantes. Aquí entran en juego los miedos o el esfuerzo que hemos tenido que invertir para lograr lo que ahora tenemos.

El apego al presente no se relaciona con la satisfacción vital, todo lo contrario. Cuando me da miedo que lo que tengo se altere, ese mismo miedo ya me está generando malestar. No disfruto del presente que temo perder y movilizo todos mis recursos para encajonar lo que tengo. Es imposible, entonces, que en esta realidad tenga bienestar.

El apego al presente por rechazo al pasado

Cuando venimos de etapas pasadas donde hemos podido sufrir o pasar por experiencias traumáticas, es fácil que nos apeguemos a un presente más calmado. Aunque no exista una plenitud, nuestro cerebro encuentra una mayor comodidad y tranquilidad, ya que todo lo “malo” que teníamos y que nos hacía sufrir de forma directa ha desaparecido.

Nuestro cerebro hace un balance entre el pasado y el presente. ¿En cuál sufro menos? Y decide entonces apostar por el presente. No valora aspectos de bienestar, simplemente observa donde hay menos malestar. Una vez que eso ocurre, hace todo lo posible para que nada se altere, porque cree que volveremos a lo de antes. En este caso, no contempla que se puede seguir evolucionando y trabajando el futuro para estar aún mejor.

El apego al presente por miedo al futuro

En el apego al presente también entran en juego determinados miedos al futuro. Para no enfrentarnos a la novedad y a los cambios debido a nuestros miedos, decidimos quedarnos como estamos. “Más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”, dice nuestro cerebro. Es aquí donde, aunque tengamos ilusiones y metas por cumplir, las podremos boicotear con tal de que no exista ningún cambio.

También existe un concepto relacionado con la tristeza, y es la indefensión aprendida. Es un fenómeno psicológico que se da cuando en el pasado hemos intentado diferentes cosas de maneras distintas y no han funcionado. Aprendemos que hagamos lo que hagamos nada resulta, y ese patrón de pensamiento se instaura en nosotros condicionando nuestras acciones futuras. Entonces, como intente lo que intente no va a funcionar, mejor defendamos el presente que tenemos.

¿Cómo influye en el logro de metas?

El apego al presente influye de forma directa en la formulación y consecución de metas y objetivos. Si no quiero desapegarme del presente que tengo, ¿cómo voy a proyectarme hacia el futuro?

Aunque nos pueda mover la motivación hacia mejorar, acaba ganando el miedo y el apego al presente. Cualquier paso que intente, de forma inconsciente lo boicotearé. Estoy apegado a mi soltería y si conozco a una nueva persona, no pararé de sacarle defectos. Mi trabajo me ofrece el salario justo y, aunque no me traten bien no voy a presentarme a las entrevistas laborales que se me planteen. Mi cerebro empezará a ejecutar mecanismos de autoboicot para atarme cada vez más a ese presente que tanto temo perder.

¿Cómo puedo lograr desapegarme del presente?

Tenemos que tener en cuenta que lo que ante todo condiciona el apego al presente es el miedo a perderlo. El cerebro teme en todo momento que eso que tengo se desvanezca, aunque podamos pensar que hay un futuro mejor. El miedo y la búsqueda de seguridad es lo que más prima en nuestra vida. Lo que llamamos zona de confort no habla del bienestar, sino de lo fácil que resulta para el cerebro moverse en ella, ya que la conoce con exactitud. Entonces, ¿cuál podría ser la clave para desapegarme del presente?

Para poder eliminar el apego al presente solo necesito una cosa: liberarme del miedo a perder todo lo que ya tengo.

Si no temo perder mi trabajo, dejaré de vivir angustiado y podré empezar a buscar uno nuevo.

Si no temo perder mi libertad, podré entender que las relaciones pueden producirme un espacio seguro y me abriré a encontrar a alguien.

Si no temo perder a mis amigos, podré poner límites cuando me sienta mal y tener una relación más profunda con ello.

El miedo a la pérdida es lo que condiciona la necesidad de apego al presente. Por tanto, deshacerme de ese miedo a la pérdida y aceptar que nada permanece inmutable, me hará verdaderamente libre y eliminará todo autoboicot.

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