El bajo estado de ánimo es un problema que nos afecta a todas las personas en determinados momentos de nuestra vida. Algunas veces, ese bajo estado de ánimo va acompañado de otros síntomas que nos podrían indicar que no contamos con buena salud mental. Pero no siempre es así. En días o semanas puntuales es frecuente estar más tristes, frustrados o desesperanzados, sin que eso suponga una mayor relevancia. Sin embargo, lo ideal es que sepamos cómo gestionarlo y que hagamos que ese bajón duré el menor tiempo posible.

¿Qué es tener un bajo estado de ánimo?

El estado de ánimo que no está en su punto óptimo suele tener como eje central algo similar a la tristeza. Sin embargo, ni está siempre presente ni es lo único que acompaña a nuestros momentos de bajón. Hay otras emociones que sentimos en esos momentos que también hacen que no nos encontremos bien y nos cueste todo un poco más.

Si analizamos qué nos ocurre cuando no tenemos un buen estado de ánimo, contamos con los siguientes estados emocionales o físicos:

  • Tristeza
  • Problemas con el sueño o la alimentación
  • Sensación de desesperanza
  • Vacío
  • Soledad o miedo a la soledad
  • Crisis sobre la valoración personal o la autoestima
  • Falta de límites y dificultades en la asertividad
  • Pensamientos obsesivos o circulares

Aunque no siempre aparecen todos los síntomas a la vez, sí es significativo cuantos más aparezcan.

Bajones que duran demasiado

Tener un bajo estado de ánimo no suele ser realmente significativo. Sí acaba siendo un problema cuando esto se perpetúa en el tiempo o aparecen con una frecuencia que dificulta el día a día. La ruptura de las rutinas producido por el malestar emocional suele indicar que algo no va bien en nosotros. Es en esos momentos donde debemos empezar a plantearnos la posibilidad de ser aconsejados por alguna persona experta en salud mental.

También la larga duración puede ser debida a factores externos: un duelo, una crisis en el trabajo, un cambio brusco en nuestra vida… Aunque eso explicaría qué nos ocurre exactamente, sí que tenemos que estar atentas por si empeorase o no supiéramos cómo gestionarlo.

Resistirnos es hacer que empeore

Uno de los principales problemas que surge con el bajo estado de ánimo y que hace que todo empeore es resistirnos a ello. Todo lo que tiene que ver con nuestros pensamientos o nuestras emociones se rige por una paradoja: luchar contra ello, esforzarnos en que desaparezca, es hacer que todo aumente y se descontrole. Y eso pasa también cuando nos obsesionamos con no querer estar tristes o de bajón.

Tenemos miedo a que, si nos rendimos, el estado aumente y nos acabe consumiendo. Sin embargo, dentro de unos límites, esto no es así. Y, sobre todo, que rendirnos al estado emocional no implica no tomar medidas para su correcta gestión. Es solo dejar de obsesionarnos con su desaparición y ocuparnos en su manejo.

Cómo gestionar el bajo estado de ánimo

Cuando nos cuesta seguir el ritmo al que estamos acostumbrados por el bajo estado de ánimo cuando está durando más de la cuenta, debemos ocuparnos de ello. Siempre hay que basarse en la premisa anterior: no se trata de una lucha, sino de una aceptación para su posterior manejo. Partiendo de ahí, podemos llevar a cabo determinadas acciones dirigidas a contrarrestar o hacer que mejore el estado de ánimo.

Si lo que queremos es gestionar el estado de ánimo que nos genera malestar, podemos tener en cuenta las siguientes técnicas o ejercicios. Su uso continuado aumenta la eficacia, y si son en combinación, mucho mejor. Esto es lo que podemos hacer:

1.     Permítete estar mal

Cuando es algo puntual, es importante que nos permitamos sentir las emociones negativas. No hay nada malo en el malestar y siempre nos muestra que algo no está como nos gustaría. Podemos llorar, enfadarnos o sentir miedo, por ejemplo, sin que eso suponga un problema. Permitir que aflore lo negativo y no luchar contra ello no es un signo de debilidad, sino de fortaleza y salud mental.

2.     Seguridad física y emocional sin aislamiento

Una de las cosas que tenemos que asegurarnos en todo momento es que nuestras necesidades básicas estén completamente cubiertas. Solemos olvidar alimentarnos de forma saludable, hacer deporte o tener una correcta higiene. Aunque no hay problema si esto es puntual, no debe agravarse, ya que el estado del cuerpo influye también en lo emocional.

Además, sin que nos aislemos, si necesitamos momentos de soledad, podemos reclamarlos. Podemos estar en casa, escuchar música o salir a pasear sin la compañía de nadie más. Todo ello va a implicar que pongamos también límites a otras personas.

3.     El tarro de las actividades placenteras

Esta actividad es conveniente prepararla antes de estar con un bajo estado de ánimo. Consiste en llenar un tarro o una caja con papeles donde haya apuntadas el máximo número de actividades placenteras. Tienes que ser actividades factibles para hacer y que lleven esfuerzos mínimos. Por ejemplo, no podremos poner viajar.

Cuando tengamos bajo estado de ánimo podremos abrir el tarro y, siempre al azar, coger una actividad para hacer. Además, es conveniente que llenemos de vez en cuando el tarro con nuevas actividades para que no haya una habituación o una saturación con las mismas tareas.

4.     Las causas emocionales del problema

En algunos casos, no existe causa aparente que haya detonado lo que nos ocurre. Pero no siempre es así. Dentro de lo posible, es conveniente encontrar causas inmediatas o alejadas en el tiempo que nos puedan estar haciendo sentir así. A veces lo que hace que me encuentre fue hace 10 días, y esa lejanía puede despistarme a la hora de encontrar la causa.

Estar mal es algo habitual en muchas personas sin que exista una gravedad o algo psicológicamente significativo. No suele tener mayores consecuencias, pero sí nos hace sentir mal. Por eso, con estos ejercicios podemos gestionar mejor nuestro bajo estado de ánimo. Además de permitírnoslo, podemos ocuparnos de ello de forma constructiva.

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