La pandemia que estamos viviendo ha provocado cambios mundiales a todos los niveles. Nuestro bienestar físico y emocional se ha visto afectado por los acontecimientos. Hemos tenido que adaptarnos sin tiempo para ello a situaciones que se iban transformando cada semana. Y ahora que empezamos a ver el final, volviendo ciertas rutinas que creíamos perdidas, no podemos olvidar de nuevo nuestras necesidades.

Consecuencias psicológicas de la pandemia

Independientemente de cuánto se haya visto alterada nuestra vida con la llegada del COVID-19, hemos sufrido consecuencias a nivel psicológico. Los cambios bruscos que ocurren en el exterior impactan directamente en nuestro equilibrio emocional. Alteraciones en el estado de ánimo, inseguridad o sensación de hastío, es lo que más se ha podido ir repitiendo. Nuestras emociones se han extremado, pasando del miedo al pánico o de la tristeza a la depresión. Algo que, aunque todo empiece a pasarse, deja una huella en nuestro sistema emocional.

Durante el más de un año que llevamos de pandemia, han aumentado el número de casos de personas que han necesitado asistencia psicológica. Es cierto que no en todos los casos se debía a una influencia directa del coronavirus, pero sí de forma indirecta. La crisis sanitaria, como decíamos, ha extremado aquello que sentíamos o que estábamos viviendo antes de marzo de 2020. Por lo que, ya sea directa o indirectamente, todos hemos sufrido las consecuencias psicológicas de la pandemia, en mayor o menor medida.

Nuestro centro emocional

Una estrategia psicológica que hemos utilizado durante todos estos meses es la de procurar volver a nuestro centro emocional. Anclarnos en el momento presente, analizar cada situación vivida con perspectiva y buscando las herramientas concretas y necesarias para resolver cada problema. Si ordenábamos los conflictos en orden de importancia y prioridad y solo nos centrábamos en el que teníamos enfrente, alejábamos nuestro cerebro de la anticipación y la ansiedad. Poner el foco en el presente, en lo urgente y en lo necesaria para, desde ese centro emocional, alcanzar el desarrollo.

Esta estrategia, es válida para cualquier momento de crisis, especialmente cuando nos sentimos perdidos. Se basa en nuestras necesidades y usa como herramientas nuestras emociones. Pero ¿por dónde se empieza? Ante todo, por la seguridad. Buscar qué amenazas reales hay a nuestra seguridad, qué límites podemos poner y buscar siempre espacio y tiempo para recolocarnos. Solo con la seguridad consolidada, podemos enfrentar los demás problemas.

La nueva normalidad

Llevamos ya un año hablando del concepto de la nueva normalidad. Sin embargo, es ahora cuando sí vemos cambios sustanciales en esa nueva normalidad. La campaña masiva de vacunación da sus frutos y hay promesas de una vida con menos mascarillas. Pero no todo es favorable, ya que corremos un riesgo al irnos de un extremo al otro: del encierro a la fiesta sin control.

En las etapas donde vivimos crisis, rupturas o alteraciones sustanciales de nuestro estilo de vida, cuando todo empieza a pasarse, el cerebro necesita reestablecer el equilibrio. El problema es que, para alcanzar el equilibrio, muchas veces va primero al otro extremo. Si he estado encerrado en casa durante tres meses, ahora busco estar siempre fuera. Estos extremos son los que más peligro pueden traer, ya que ese lado al que ahora nos vamos, en apariencia es positivo. Y es que, ¿qué hay de malo en estar ahora siempre en la calle?

El autocuidado

Ninguno de los extremos a los que nos vamos, independientemente de cuál sea, está exento de riesgos. La nueva normalidad, junto al verano, parecen traer una etapa expansiva donde querremos vivir lo que no hemos vivido estos meses pasados. Eso desestabiliza el sistema emocional, ya que habrá partes indispensables del autocuidado que dejaremos de lado. Además, tampoco tendremos en cuenta las consecuencias que después podría haber.

Siempre necesitamos equilibrar la parte social con la individual, el descanso, la alimentación o el tiempo en silencio en casa. Si buscamos el extremo yéndonos a lo social, ¿qué hay de las otras partes que son necesarias de forma individual y en casa?

¿Cómo podemos mantener el bienestar físico y emocional?

Lo más importante es preguntarme esto de forma habitual: ¿qué necesito realmente en estos momentos? Debo saber distinguir lo que quiero de lo que necesito, lo que me hará bien de lo que solo me llevará a huir. Escuchar al cuerpo, escuchar a nuestra mente y hallar mecanismos para satisfacer esas necesidades, es fundamental en estos momentos.

Bienestar físico

Aquí englobaríamos todo aquello que tenga que ver con el cuerpo y con su cuidado. ¿qué necesito para sentirme bien? El tiempo de descanso o la alimentación son fundamentales, pero también el deporte o las actividades al aire libre, como estar en contacto con la naturaleza. Además, cuando tenemos hijos, es fundamental preocuparnos nosotros también por su cuidado. En este caso, para el verano, una de las mejores opciones para el bienestar físico son los campamentos de verano, donde podrán sociabilizar y hacer deporte.

Bienestar emocional

¿Qué debo hacer para poder equilibrar mi necesidad de sociabilizar con mi cuidado psicológico? ¿Qué consecuencias he sufrido con la pandemia? Es momento de sanar heridas, buscar apoyo y conectar con todo aquello que mi cerebro me está pidiendo. Escucharme a mí, mirarme a mí, cuidarme a mí y, cuando eso esté asegurado, abrirme a los demás. También es momento de recogimiento que nos ayude a curar.

¿Qué no se ha llevado de mí la pandemia?

Si nos paramos a pensar en esa pregunta, si desde la calma hallamos una respuesta, encontraremos qué es lo que somos realmente. Y es que, en momentos de crisis cuando todo queda arrasado, eso nuestro que permanece en pie, es lo que somos, es nuestra esencia. Esa esencia es la que debemos valorar, mimar y potenciar, ya que acabamos de ver que siempre estaré ahí y en etapas futuras podremos apoyarnos. Es un cable a tierra, una fortaleza esencial y única. Podrá aumentar o permanecer en el mismo punto, pero nunca disminuir o desaparecer. Es lo que somos ante la adversidad y lo que siempre permanecerá con nosotros

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