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El miedo al paso del tiempo: causas emocionales

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    El miedo al paso del tiempo es algo mucho más recurrente de lo que creemos. Si bien es cierto que no suele tener grandes consecuencias para quien lo sufre, sí le genera malestar, sobre todo en determinados momentos de su cotidianidad. No llega a ser incapacitante y las áreas de la persona suelen estar intactas. Eso no quita importancia al hecho, ya que todo lo que nos genera dolor merece ser escuchado y atendido. En algunos casos, el miedo al paso del tiempo acaba convirtiéndose en cronofobia, un fenómeno que sí es más incapacitante y que necesita asistencia terapéutica para su solución.

    Pero ¿qué es el miedo al paso del tiempo y cuáles son sus causas emocionales?

    El miedo al paso del tiempo

    El miedo al paso del tiempo aparece ligado a emociones como la tristeza o el propio miedo, generando desesperanza, angustia o, incluso, irritación. No suele ser algo estable, algo que la persona tenga constantemente en su cabeza, aunque sí que va por épocas.

    Se caracteriza por la sensación de temor a que el tiempo pase, generando malestar ante todos aquellos elementos que nos recuerden que los días trascurren. Un cumpleaños, una nueva etapa, septiembre o final de año son recordatorios del paso del tiempo. La persona, además, se queda fijada en la idea de la propia mortalidad y, aunque no es como tal un miedo exclusivamente a morir, sí que aparece dentro del miedo al paso del tiempo.

    El miedo al paso del tiempo no convive con la persona desde siempre. Normalmente hay un episodio que la persona recuerda con claridad donde toma verdadera consciencia de que los días transcurren y conecta con la idea de la mortalidad. A veces es mientras ve una película y otras veces es con la muerte de un ser querido. No tiene que ver con un trauma sino con que la persona conecte con la idea de la mortalidad. Ahí empieza el miedo al paso del tiempo.

    En los inicios del miedo al paso del tiempo, la persona sí lo vive con un alto malestar y la ansiedad y la angustia son mucho más elevadas. Se tiene miedo a dormir, a que el día acabe y puede aparecer insomnio durante un tiempo. Después, por norma general, el miedo disminuye, pero nunca desaparece.

    Mecanismos cerebrales de huida

    Como todo aquello que resulta desbordante para el cerebro, cuando no sabe manejarlo aprende a evitarlo. No es que huyamos de una forma agresiva y brusca de todo lo que nos recuerde el trascurrir de los días, sino que el cerebro aprende a aparcarlo. Como tal es solo un mecanismo de defensa y huida sin grandes repercusiones para la persona. No es la mejor gestión, ya que no hay ni afrontamiento ni superación, pero la persona no conoce otra forma.

    Esos mecanismos de huida de nuestro cerebro hacen que la persona pueda llevar a cabo su día a día sin inconvenientes. Aparca el miedo al paso del tiempo, que queda latente y que, de vez en cuando, aparece.

    Cuando el miedo se convierte en fobia

    La cronofobia deja de ser el simple miedo al paso del tiempo para convertirse en algo paralizante e, incluso, incapacitante. Todo lo que alcanza el grado de fobia puede estar latente, afectando solo tangencialmente a la persona. Si, por ejemplo, tengo fobia a las tormentas, solo aparecerá cuando vaya a llover. Y, en una ciudad como Madrid, eso no siempre es frecuente. Por ese motivo, esta fobia no afectará tanto a la persona en su día a día, solo cuando haya tormentas. Sin embargo, la cronofobia, el pánico al paso del tiempo, acaba impidiendo el día a día de la persona. Vivimos rodeados de elementos que nos recuerdan ese paso del tiempo: los domingos, los cumpleaños, Año Nuevo, el reloj o el sonido del despertador. Por tanto, esta fobia tiene una gravedad que puede llegar a ser incapacitante si no se trata.

    Podemos definir la cronofobia como el miedo irracional a que el tiempo pase, con elementos como la ansiedad o, incluso, con ataques de pánico que giran en torno al tiempo. Envejecer, recordar la mortalidad o cumplir años son elementos altamente estresantes para todo aquel que sufre cronofobia, que lo vive de una forma completamente desbordante, con mecanismos de huida recurrentes. El afrontamiento en las fobias es casi imposible y la persona solo puede aferrarse a la huida y la evitación de todo lo que gire en torno al paso del tiempo. Es por eso que, ante las fobias, es necesario el abordaje terapéutico. Sin terapia, los síntomas no remiten, sino que pueden aumentar y dispararse.

    Las causas emocionales

    El concepto miedo al paso del tiempo nos puede estar indicando que la emoción subyacente, lógicamente, debería ser el miedo. Sin embargo, no es la emoción que está debajo.

    El miedo está diseñado para señalarnos amenazas, peligros, eventos que no están marcados y que, por el motivo que sea, aparecen o van a aparecer y nos van a dañar. Sin embargo, esto no es lo que ocurre con el miedo al paso del tiempo.

    • Que el tiempo pase no es una amenaza a mi bienestar.
    • El paso del tiempo y la mortalidad están prefijadas, no son una sorpresa.
    • Aunque lo viva con angustia, es el paso de los días lo que me genera el verdadero malestar.
    • La muerte inquieta en estos casos por el final, no el modo ni el sufrimiento, sino el hecho de desaparecer.

    Esos indicadores nos alejan de la emoción de miedo y la causa real es la tristeza. Esta emoción está diseñada para detectar la pérdida y, sobre todo, buscar una solución a ello. Pero, para el paso del tiempo o la muerte no hay solución, lo que aumenta la tristeza y bloquea a la persona.

    Es una mala regulación de la tristeza la que nos lleva al miedo al paso del tiempo. Solo con el trabajo de esta emoción y otras que están relacionadas podemos restablecer el equilibrio emocional. Será un primer paso para que el miedo al paso del tiempo pueda desaparecer.

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