En nuestras relaciones existen más comportamientos tóxicos de los que somos capaces de detectar. Esto hace que vivamos vínculos que no son sanos para nosotras y que acaban repercutiendo en aspectos como nuestra autoestima. Si no sabemos cómo detectar esa toxicidad, no sabremos ni protegernos ni evitarlos. Por eso es clave saber los tipos de comportamientos tóxicos que hay y cómo funcionan.

¿Qué entendemos por comportamientos tóxicos?

Los comportamientos tóxicos son todas aquellas conductas verbales o físicas que rompen la seguridad y la libertad de la otra persona o de uno mismo. Son consecuencia de un mal aprendizaje y, aunque quienes lo lleven a cabo no sean siempre conscientes de ello, generan malestar y sufrimiento en, al menos, una de las dos partes. En base a este tipo de comportamientos llegamos a definir a personas como tóxicas.

Los comportamientos tóxicos están más extendidos de lo que creemos y no solo se limitan a una mala intención o la necesidad de dañar al otro, sino que todos podemos llevar a cabo este tipo de conductas. Implican acciones verbales o actos en sí que dirigen al otro, lo controlan o lo privan de alguna parte de su libertad. Pueden incluir subcomportamientos, como la manipulación o el engaño, y siempre implican un peligro en sí mismos.

¿Existen las personas tóxicas?

Lo que sí está claro es que existen los comportamientos tóxicos. Vemos que hay acciones concretas que podemos catalogar como negativas y dañinas en su totalidad. Aunque ese acto no se haya llevado a cabo con una intención de daño, cuando rompemos la seguridad o la libertad de la otra persona, estamos llevando a cabo comportamientos tóxicos.

Los malos comportamientos son universales y todas las personas en algún punto de su vida los han llevado a cabo. Pero ¿qué pasa si una persona repite constantemente este tipo de comportamientos? De hecho, muchas veces no es que los repita, sino que sí que hay una verdadera intencionalidad negativa. Existe entonces la posibilidad de que esta persona sea tóxica, es decir que, por el número de actos y sus intenciones, la persona en sí acaba siendo un peligro para mi seguridad física y/o emocional.

Cuando el tóxico soy yo

No siempre la responsabilidad es externa. También puedo encontrarme con que, el que lleva a cabo comportamientos tóxicos de forma repetitiva sea yo. O bien lo hago con otras personas o bien lo hago exclusivamente conmigo. Esto siempre me conducirá al malestar, aunque en el primer caso implicaría a más personas que también sufrirían.

Que sea consciente de que estoy llevando a cabo este tipo de comportamientos no me quita en ningún momento responsabilidad, todo lo contrario. En el momento en el que veo el daño que puedo estar causando a otros o a mí misma, tengo la obligación de buscar ayuda y empezar a poner límites. Esta parte no es fácil, pero siempre puede trabajarse.

¿Qué tipos de comportamientos tóxicos existen?
  • Ghosting: este tipo de comportamiento está muy extendido y se sigue repitiendo porque nos excusamos en que no hay una mala intención detrás. Consiste en desaparecer sin más, sin explicaciones ni respuestas, por mucho que la otra persona nos escriba o nos llame. Ocurre cuando la relación está basada en la comunicación y, de pronto, la cortamos del todo.
  • Hoovering: se basa en la manipulación, el chantaje o la seducción, haciendo que vuelvas a una relación de la que ya habías salido y la cual te hacía daño.
  • Benching: se trata de tener a una persona de comodín para cuando nos aburrimos o por si nuestro vínculo principal sale mal. No existe un compromiso firme pero la persona no te deja marchar nunca dándote esperanzas por mínimas que sean.
  • Breadcrumbing: son las migajas que nos dan y con las que nos conformamos cuando no podemos tener otra cosa. Esta técnica es muy similar a la anterior, añadiendo el que se va alimentando la esperanza deliberadamente y apoyándose en promesas que nunca se cumplen.
  • Love bombing: aparece cuando, sin desaparecer ni ausentarse, la otra persona cambia de forma radical su comportamiento hacia ti. Pasa de 100 a 0 sin que haya ni motivos aparentes ni explicaciones de ningún tipo, lo que acaba repercutiendo de forma directa en ti, sobre todo a nivel de ansiedad.
  • Cushioning: esto ocurre, sobre todo, cuando hay miedo a la soledad y vas acumulando diferentes personas que son amortiguadores por si tienes una discusión con tu pareja o con un amigo o por si algo se rompe. No se hace con una sola persona, aunque puede haber una que sí sea la principal. Aunque si no estás tú, siempre habrá otros.
  • Luz de gas: de todos los comportamientos tóxicos, este es el que más conocemos a día de hoy. Se popularizó a raíz de una película homónima de 1940, donde el marido hacía creer con diferentes acciones a la protagonista que estaba enloqueciendo. El hecho más significativo, de ahí el nombre de la película, es que bajaba la intensidad de la luz cada día un poco más, y fingía que todo estaba bien, mientras la mujer cada día iba convenciéndose de que realmente estaba loca. Luz de gas implica negar lo evidente, decirle al otro que está loco o que cosas claras y reales nunca han ocurrido.
El miedo y la seguridad

Si hay una emoción que deberíamos sentir en todo momento ante los comportamientos tóxicos es el miedo. Dicha emoción no está diseñada para que nos bloqueemos y entremos en parálisis. Aunque esto es normal cuando la toxicidad es continuada y mantenida en el tiempo. El miedo busca en todo momento detectar la amenaza con la única finalidad de ponernos a salvo mediante límites de seguridad. De hecho, el mayor límite que podemos poner cuando hemos perdido el control de la situación es alejarnos de la persona que lleva a cabo esas acciones y entrar en contacto cero.

El contacto cero implica llevar a cabo diferentes estrategias que delimitan e impidan por completo el acceso de la otra persona a nosotros, especialmente a través de Redes Sociales, mensajes de texto o llamadas. Para ello, debemos bloquear cualquier tipo de app o forma que pueda tener la otra persona de ponerse en contacto con nosotros. A menudo, cuando el daño es muy elevado y la otra persona juega con la manipulación, debemos irnos sin tan siquiera tener una conversación, ya que el otro la usaría a su favor.

Aunque salir de una relación tóxica no es fácil, el contacto cero puedo facilitarnos el proceso. Debemos saber detectar los comportamientos tóxicos para, al menos, ser conscientes de que el daño lo está ejerciendo la otra persona sobre nosotros y no al revés.

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