El apego es el vínculo afectivo que establecemos con los demás. Empieza en la relación con la madre, ya en los primeros momentos de vida tras nuestro nacimiento. Y ese apego, que se irá desarrollando en los siguientes meses y años, será tan importante en nosotros que nos marcará para la etapa adulta. En base a eso, tendremos cada uno diferentes formas de vincularnos, de apegarnos, que se dividen en cuatro grupos. ¿Cuál es el tuyo?

¿Qué es el apego?

El apego es la vinculación emocional que vamos construyendo con cualquier persona de nuestra vida. Cuanta mayor profundidad haya en una relación, mayor profundidad habrá en ese apego, aunque no necesariamente de forma sana. En un primer momento, el vínculo es con nuestra figura materna y, poco después, empieza a extenderse a los demás miembros de la familia. La forma que aprendamos de apegarnos nos generará patrones a la hora de relacionarnos con los demás en la adolescencia y cuando seamos adultos.

Pero el apego no es solo la forma que tenemos de relacionarnos, también marca la exploración, el cómo salgo al mundo y busco la novedad. Por tanto, la relación inicial con la madre también nos dirá qué nos ocurre cuando se rompe la zona de confort.

Nuestra madre inicia el apego

El cerebro del niño necesita aprender y desarrollarse en base a lo que le rodea. Se apoyará, en este caso, en la figura más próxima, la madre, para establecer el apego y aprender sobre él. A medida que pasan los meses, ese apego irá incluyendo a figuras cercanas, como puede ser el resto de figuras del hogar u otros progenitores.

Como el bebé se siente inseguro y vive numerosos estímulos como una amenaza, se apoyará en la madre, en su figura de apego para relacionarse o permitirse explorar el mundo. De forma inconsciente, analiza las reacciones de la madre, por ejemplo, y eso le permite saber si algo es seguro o no. Si siente la seguridad materna o si no la siente, condicionará el tipo de apego que el niño tendrá.

¿El apego influye en las relaciones de pareja?

Para la mayoría de las personas, la pareja es la vinculación más fuerte y profunda que se establece en la etapa adulta. Ese vínculo, por tanto, llevará todo el aprendizaje previo, especialmente el apego. Con las relaciones entre amigos o con compañeros de trabajo, por ejemplo, podrá verse el estilo de apego de cada uno, pero este será especialmente visible en una pareja. Yo me relacionaré con el otro, de la forma en la que he aprendido durante toda mi infancia. Me apoyo en mis aprendizajes para saber cómo enfrentarme al mundo o cómo vincularme, incluso cuando no soy consciente de esos patrones. El apego es una vinculación más inconsciente de lo que creemos a simple vista.

Desde mi propio apego me relacionaré con los demás y eso me influirá a la hora de escoger amigos o pareja y de establecer el vínculo con ellos.

¿Qué diferentes tipos de apego existen?

El apego en la etapa adulta es nuestra habilidad para formar un vínculo hacia las otras personas. Es tanto físico como emocional y construirá seguridad, desarrollo, relaciones justas y de crecimiento. Nos ayuda a sostener al otro, pedir ayuda y saber comunicarnos. Pero ¿lo hacemos todos de la misma forma? Y, sobre todo, ¿lo hacemos de una forma sana?

Mis relaciones son seguras

Es el vínculo más sano. Lo que se puede observar en mi etapa adulta es que me siento cómodo cuando me acerco a otras personas. Sé ver y observar mis emociones, sé expresarlas y, sobre todo, sé gestionarlas. Esto hace que sepa en todo momento cuáles son mis necesidades afectivas, responsabilizándome de ellas y sin generar responsabilidades en quien no las tiene. Así, mis vínculos se alargarán en el tiempo, disfrutaré de mis relaciones y el amor que tendré se basará en los cuatro pilares fundamentales: seguridad, desarrollo, justicia y crecimiento mutuo. También disfrutaré de la compañía de los demás, sin poner en riesgo mi bienestar ni el de los otros. Me sentiré cómodo respecto al mundo y eso se reflejará en mi personalidad.

Mis relaciones son desde la evitación

Lo que he aprendido a lo largo de los años, desde mi infancia, es que no puedo contar con los demás (creencia irracional). He sentido desilusión y decepción al no verme atendido y, con el tiempo, aprendo a no necesitar a nadie. Esto me convierte en un adulto hiperautónomo. En mi mente, si busco a los demás o si me apoyo en ellos, me rechazarán, por lo que ya nunca lo hago. Soy huidizo y desconfiado. Entregarme puede hacer que el otro me abandone o me manipule. Así, lo que más hago, es reprimir lo que siento. Si algo se tuerce generaré distancia y pondré un muro respecto a la otra persona. No quiero que nadie me sostenga y, por tanto, yo tampoco sostendré a nadie.

Mis relaciones son ansiosas

Me he convertido en un adulto inseguro, que necesita la aprobación y el reconocimiento de los demás. Para obtenerlo, tendré que cuidar, mostrarme útil o salvar a los demás constantemente. Me entrego para que el otro me devuelva. Eso no hace que aumente mi autoestima, sino que baje aún más. Pienso que no soy digno del amor de los demás, por lo que me lo tendré que ganar, aunque nunca será suficiente y viviré con miedo al abandono. Esto hace que no siempre me mantenga en una posición de sumisión, sino que a veces pueda mostrarme hostil, dramático o violento. Aunque después me comerá la culpa y, de nuevo, el miedo al rechazo y al abandono.

Mis relaciones son desorganizadas

Es el tipo de apego menos sano. Las relaciones son para mí caóticas y confusas. No sé dónde están los límites, invado a los demás, pero también me siento yo invadido. A veces, como creo que los demás buscan hacerme daño, me sobreprotejo y agredo yo antes. El otro supone para mí una amenaza, por lo que habrá manipulaciones y rechazos constantes. Lo que me da miedo que me hagan, como el abandono, lo haré yo numerosas veces.

Entender nuestro apego es entender de qué manera nos vinculamos con los demás, con nuestros amigos y con nuestras parejas. No siempre es fácil reconocernos, especialmente cuando vemos las dificultades que ello supone. Pero siempre será un primer paso para entendernos y saber gestionar mejor ciertas situaciones, desde la responsabilidad afectiva.

En el siguiente vídeo podemos ver de forma sencilla cómo son los apegos en las relaciones de pareja y cuál acaba siendo la causa de muchas relaciones de dependencia.

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