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Duelo en niños

Cómo detectar y acompañar el duelo en niños

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¿Puede un niño entender lo que significa la muerte? ¿Cómo podemos ayudarle cuando quizá no sabe identificar ni explicar lo que siente al perder a alguien querido?

Hablar del duelo en niños es difícil porque nuestro primer impulso suele ser protegerles a toda costa del sufrimiento.

Sin embargo, emociones como la tristeza, la rabia, el miedo o la confusión forman parte de la vida, y que aprendan a reconocerlas y expresarlas desde pequeños es fundamental para su desarrollo.

También hay padres y madres que se preguntan si el duelo afecta más a los niños que a los adultos. La respuesta es que no necesariamente, aunque lo viven de manera muy diferente según su edad y madurez emocional.

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Características del duelo en niños

Cuando pensamos en el duelo infantil, solemos asociarlo a la muerte de un familiar o un ser querido, pero los procesos de duelo pueden aparecer tras la muerte de una mascota, una separación o divorcio, un cambio importante en su entorno o la ruptura de un vínculo significativo.

Además, los niños no expresan sus emociones de la misma forma que los adultos, y pueden alternar momentos de tristeza con juegos, curiosidad sobre el tema e incluso parecer que no le afecta.

Esto no significa que no estén sufriendo, sino que comprenden y expresan lo ocurrido de manera diferente. 

Etapas del duelo por edades: cómo identificarlas

No existe una única manera de vivir el duelo ni todos los niños superan las mismas etapas en un orden determinado, pero saber cómo pueden reaccionar ayuda a los padres a interpretar comportamientos y detectar si necesitan más acompañamiento.

Duelo en niños de 3 a 6 años

A estas edades, los niños suelen tener dificultades para comprender que la muerte es algo irreversible y necesitan procesar la información poco a poco.

Algunas reacciones habituales son:

  • Preguntar insistentemente cuándo volverá la persona que ha muerto o cuándo se volverá a la situación anterior. 
  • Mostrar miedo a separarse de sus padres.
  • Necesitar más atención y contacto físico.
  • Presentar comportamientos regresivos (volver a hacerse pis en la cama, tener problemas para dormir, etc.).

También pueden aparecer sentimientos de culpa o el llamado «pensamiento mágico» (creer que algo que hicieron o pensaron provocó la muerte), por eso es tan importante explicar lo ocurrido con palabras sencillas y adecuadas a su edad.

Duelo en niños de 7 a 9 años

Entre los 7 y los 9 años, muchos niños empiezan a comprender que la muerte es permanente y, al mismo tiempo, se hacen preguntas sobre qué pasa después de morir.

El duelo puede manifestarse:

  • Buscando explicaciones concretas sobre la muerte.
  • Mostrando enfado, irritabilidad o cambios de comportamiento.
  • Con molestias físicas (dolor de cabeza o de barriga).
  • Con culpabilidad o comportándose de una determinada manera para “compensar” lo ocurrido.

A esta edad, lo más importante es escucharles sin minimizar sus preocupaciones y ofrecerles respuestas claras.

Duelo en niños de 10 y 11 años

A partir de los 10 años, los niños comprenden que la muerte forma parte de la vida y empiezan a anticipar las consecuencias de la pérdida a largo plazo, preguntándose cómo serán Navidades, su cumpleaños o sus vacaciones sin la persona que falta.

A esta edad tienen más capacidad para hablar sobre sus sentimientos y pueden comprender racionalmente lo ocurrido, pero no siempre quieren hacerlo ni tienen recursos para gestionarlo solos.

Algunos síntomas de duelo son:

  • Se muestran más reservados de lo habitual.
  • Evitan hablar de la pérdida para no preocupar a sus padres.
  • Expresan su malestar con enfados y mal comportamiento fuera del entorno familiar.

Cómo abordar en duelo en niños

El auténtico reto de gestionar el duelo en niños no es evitar que sufran, sino acompañarles mientras aprenden a convivir con una pérdida que puede ser difícil de asimilar.

Hablar de lo ocurrido con naturalidad, responder a sus preguntas con sinceridad y utilizar un lenguaje adaptado son los primeros pasos.

También es recomendable mantener, en la medida de lo posible, sus rutinas (colegio, horarios, juegos y actividades), pues la estabilidad proporciona seguridad cuando el resto del entorno cambia.

Además, hay que aceptar que cada niño expresa el duelo de una manera diferente (algunos lloran, otros están enfadados, otros quieren hablar constantemente del tema) y que ninguna de estas respuestas determina por sí sola cómo está afrontando la pérdida.

Consecuencias de no abordar el duelo en niños

La familia y el entorno cercano son fundamentales para superar el duelo, pero a veces solo un psicólogo especializado puede ayudar al niño y orientar a los padres.

No existe un plazo concreto para superar la pérdida. Al igual que ocurre con los adultos, el duelo es un proceso individual y puede aparecer de forma intermitente, por eso no hay que contar cuánto tiempo lleva un niño triste, sino observar cómo afecta a su día a día y a su bienestar.

Algunas señales que pueden indicar la necesidad de apoyo profesional son:

  • Problemas de sueño o de alimentación.
  • Aislamiento mantenido en el tiempo.
  • Cambios de comportamiento muy marcados. 
  • Dificultades en el colegio.
  • Síntomas físicos recurrentes.
  • Tristeza, ansiedad o irritabilidad que interfieren en el día a día. 

Dinámicas para trabajar el duelo en niños en consulta

Las dinámicas para trabajar el duelo en niños deben adaptarse a la edad, nivel de desarrollo y forma de expresar sus emociones.

Algunas de las actividades para afrontar el duelo en niños son sencillas, como por ejemplo dibujar, escribir, crear una caja de recuerdos con fotografías u objetos significativos o preparar un pequeño homenaje.

Ni estas herramientas creativas ni los llamados «juegos de rol» en consulta solucionan el duelo, pero facilitan la comunicación y permiten al niño expresar lo que siente y mantener un vínculo simbólico con aquello que ha perdido en un espacio seguro.

Cuándo pedir ayuda

Se recomienda consultar con un psicólogo infantil cuando los cambios emocionales o conductuales sean intensos, se alarguen en el tiempo o interfieran en la vida familiar, escolar o social del niño.

También cuando aparecen síntomas físicos sin una causa médica, ansiedad intensa o dificultades que los padres no saben cómo solucionar. 

No hay que olvidar que, ante una pérdida traumática como la muerte de una persona cercana, los adultos del entorno del niño también están atravesando su propio duelo, y que pedir ayuda puede ser importante para que la familia aborde este tipo de situaciones difíciles. 

Estamos aquí para ayudaros. Pídenos una primera consulta. 

Imagen de Beatriz González

Beatriz González

Fundadora y directora de Somos Psicología y Formación. Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid Máster en Neuropsicología por la Clínica San Vicente Terapeuta EMDR Nivel II

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