Existen multitud de mitos y falsas creencias respecto a qué es la terapia psicológica, cómo se realiza y qué fines persigue. Puesto que gran parte de la población no está familiarizada con este tipo de tratamiento, hemos preparado el siguiente artículo para que todas aquellas personas que lo necesiten puedan aclarar conceptos. Para ello, hemos intentado abordar todas las cuestiones que habitualmente surgen respecto a la psicoterapia. Así, en este artículo profundizaremos en los siguientes aspectos:

Contenidos del artículo


¿Qué es la terapia psicológica?

Muchas veces, una de las primeras preguntas que nos hacen en consulta es en qué consiste la terapia psicológica. Curiosamente, a pesar de ser un servicio sanitario ampliamente extendido, la psicología es aún muy desconocida por mucha gente; es habitual que existan creencias erróneas al respecto, o incluso que persistan falsos mitos y tabús.

El primer punto a destacar es que la psicología es una disciplina científica plenamente validada. No se trata de simples teorías o hipótesis, sino que consiste en una ciencia basada en la evidencia empírica. Esto hace que la terapia psicológica se diferencie claramente de las denominadas pseudociencias o terapias alternativas, últimamente tan de moda.

Así, dentro de la psicología existe un campo específico denominado Psicología Clínica; esta tiene por finalidad el diagnóstico, tratamiento, resolución y prevención de problemas de salud mental, emocionales o de conducta. Por tanto, la aplicación de las diferentes técnicas de psicología clínica sobre un paciente es lo que denominamos psicoterapia.

La psicoterapia o terapia psicológica, en consecuencia, parte del conocimiento de la estructura interna de la personalidad. Al comprender cómo funcionan las emociones, las conductas y los procesos psicológicos de las personas, se puede trabajar sobre ellos. Esto permite al psicólogo solucionar problemas que estén aquejando al individuo, como por ejemplo la ansiedad, depresión, fobias, etc.

Además, la terapia psicológica no tiene como única finalidad solucionar los problemas puntuales que pueda estar sufriendo una persona en un momento dado, sino que va más allá. Tanto o más importante es conseguir que estos problemas no se repitan, previniendo que no vuelvan a aparecer. Así, el paciente aprende a utilizar recursos y herramientas que no solo se aplican al problema original; por el contrario, se dota de instrumentos que le serán de utilidad a lo largo del resto de su vida.

El gran descubrimiento de mi generación es que los seres humanos pueden alterar sus vidas al alterar sus actitudes mentales

William James
¿Cómo se desarrolla una terapia psicológica?

La realización de terapia psicológica suele desarrollarse en unas fases o etapas estructuradas. Evidentemente la situación de cada persona es particular, por lo que no existe una receta universal válida para todos; sin embargo, estas distintas etapas de la terapia se desarrollan prácticamente siempre, y constituyen la forma de trabajo más extendida.

Fase de análisis o evaluación

Esta es la primera etapa de la terapia psicológica, y suele prolongarse entre las dos y las cuatro sesiones iniciales. Nunca debiera durar más de cuatro sesiones, salvo casos verdaderamente excepcionales. Aquí, el psicólogo dedica su esfuerzo a poder comprender realmente cuál es la problemática del paciente y su situación actual.

Se trata realmente de hacer un diagnóstico apropiado. Esto muchas veces no es algo tan sencillo como pudiera parecer; a veces, ante una consulta aparentemente fácil, pueden esconderse problemáticas complejas y que no resultan evidentes. El terapeuta tiene que ir desgranando la situación hasta descubrir cuales son las causas de fondo que la han originado. Otras veces pasa justo lo contrario, resultando el problema de base del paciente mucho más sencillo de lo esperado.

Sea como sea, es una etapa crítica, ya que toda la intervención se desarrollará sobre lo que aquí se detecte. Un correcto diagnóstico es, por lo tanto, una necesidad fundamental para conseguir una terapia efectiva.

En esta fase de diagnóstico, se suelen emplear distintas herramientas y metodologías. Por un lado, lo más habitual es la entrevista entre el paciente y el psicólogo; sin embargo, también se utilizan en ocasiones cuestionarios, tests, autorregistros, etc. Esto variará en función del caso concreto de que se trate, y de las preferencias del paciente o del psicólogo. Por ello, no existe una única manera válida de hacer una evaluación, sino que dependerá de cada situación.

Fase de búsqueda o hipótesis

Una vez que se ha desarrollado el análisis y la recogida de datos, comienza la etapa de búsqueda de hipótesis. La finalidad de esta etapa consiste en concretar cómo se desarrollará la intervención posterior, estableciendo un itinerario terapéutico.

Como primer paso, se le explica al paciente su diagnóstico, indicándole por qué motivos se ha producido su problema. Después, se empiezan a abordar en profundidad las diferentes cuestiones que se han identificado en la evaluación; sin embargo, la terapia no es un trabajo exclusivo del psicólogo, sino que requiere de la participación activa del paciente.

Por ello, los objetivos a alcanzar en la intervención, e incluso las tareas a desarrollar, han de ser consensuadas. Esto se debe a que el tratamiento solo puede ser efectivo si el paciente se encuentra motivado y está dispuesto a involucrarse.

Fase de contacto o de intervención

Esta es la etapa en la que se trabaja sobre el problema del paciente, intentando mejorarlo y encontrarle solución. Aquí, se enseñan técnicas, herramientas y estrategias para mejorar aquellos aspectos que están generando malestar; además, puesto que es el paciente quien tiene que ponerlos en práctica, se le supervisa y hace seguimiento.

Por lo general, en este momento de la intervención se asignan tareas y cometidos específicos al paciente. Esto significa que la terapia no solo tiene lugar en la consulta, sino que implica desarrollar ciertos cometidos. Un ejemplo podría ser el de una persona con problemas de sexualidad, a quien se le podría pedir que se estimulase sola o con su pareja; o bien alguien con pocas habilidades sociales, a quien se le podría pedir que hiciera una exposición en público.

La labor del psicólogo en esta etapa consiste en acompañar y asesorar al paciente. No solo le enseñará herramientas y le propondrá tareas, sino que verificará que evoluciona adecuadamente. En este punto, la labor del psicólogo es similar a la de un entrenador o un guía, ya que el verdadero protagonista es el paciente.

Fase de desarrollo o seguimiento

Esta es la última etapa, en la que el objetivo consiste en consolidar los cambios y mejoras del paciente. En las fases anteriores, este ha aprendido ya técnicas y herramientas para mejorar su problemática; ahora, lo que toca es afianzar esa mejoría y favorecer una paulatina vuelta a la normalidad.

Poco a poco, las sesiones con el psicólogo se van espaciando más. Así, se pasa de sesiones semanales a una periodicidad quincenal, mensual o incluso trimestral. El objetivo es que el paciente sea capaz de retomar su vida con independencia y de manera paulatina. Para ello, el terapeuta irá verificando que todo está en orden y que la mejoría se consolida de manera firme. Se trata, en definitiva, de prevenir recaídas y de asegurar los logros que se alcanzaron con la terapia.

Una vez que el paciente ha conseguido resolver de manera satisfactoria su problema, deja de ser necesaria la intervención. En este momento, se da por finalizada la terapia y no se requerirán nuevas sesiones.

¿Es necesario tomar medicación cuando se acude a terapia psicológica?
en que consiste la terapia psicologica. Medicación en psicología. Somos Psicología y Formación, psicólogos en madrid

Una pregunta muy frecuente que nos hacen en la clínica los nuevos pacientes es si la terapia psicológica conlleva medicación. En este sentido, cabe destacar que un psicólogo nunca prescribirá medicamentos, ya que esto corresponde a los psiquiatras.

La psicoterapia consiste esencialmente en dotar al paciente de estrategias y herramientas para afrontar sus problemas; técnicas como la modificación de conducta permiten a los pacientes controlar exitosamente sus emociones y sus comportamientos. Estas herramientas, en sí mismas, no requieren del empleo de fármacos.

Cuestión aparte es que, en determinados casos complejos, puede ser necesario un abordaje conjunto del psicólogo y el psiquiatra. Aquí hablamos de personas que tienen desórdenes o trastornos severos, y que pueden requerir de la intervención de ambos profesionales. En estos casos, la medicación se puede emplear bien como forma de solucionar el problema, bien como método para combatir los síntomas que sufre el paciente. No obstante, con independencia del caso de que se trate, será siempre el médico quien prescriba la medicación pertinente.

Sea como sea, la medicación suele considerarse como un tratamiento más agresivo. Por este motivo, en la mayor parte de las situaciones se intentará solucionar el problema sin necesidad de emplear fármacos. Así, si la intervención psicológica no es suficientemente efectiva por sí misma, se podrá valorar posteriormente el uso de medicación.

¿Qué tipo de profesional realiza una terapia psicológica?

Como ya hemos dicho, la psicología es una disciplina científica, cuya efectividad está basada en la evidencia empírica. Esto significa, por lo pronto, que las personas que desarrollan intervención psicológica son profesionales específicamente formados y titulados; al igual que sucede con otras ramas sanitarias, como la medicina, la fisioterapia, la farmacia o la odontología, para ejercer en este campo es imprescindible contar con una formación y una acreditación específicas.

Por este motivo, la psicología es una titulación universitaria, reglada por el Ministerio de Educación y Ciencia en España. Además, no solo es necesario contar con la titulación universitaria si se va a ejercer la actividad con pacientes. En este caso, es imprescindible contar además con una titulación adicional, ya sea Psicólogo General Sanitario o PIR. Para ello, el licenciado en psicología debe cursar posteriormente un máster de especialización; si no se cumplen ambos requisitos, no se puede realizar terapia psicológica.

Estos requisitos formativos son importantes debido a la confusión que muchas personas sienten al respecto. Bajo el paraguas de “intervención psicológica” muchas veces se engloban distintos conceptos, algunos de ellos a veces engañosos. La mayor parte de las personas no conoce la diferencia entre terapia cognitivo-conductual, psicoanálisis, terapia humanista, mindfulness, coaching, etc. De hecho, de entre estos ejemplos que acabamos de citar, no todos son disciplinas regladas o con validez científica.

Esto ha dado lugar a que muchas veces se confundan conceptos; evidentemente, si no se tiene claro en qué consiste la psicología, es imposible determinar quién puede ejercerla y quién no. Por este motivo, no es raro que a veces se encuentren personas autodenominadas “terapeutas”, que dicen dedicarse a la psicología, incluso sin tener la menor formación al respecto.

Diferentes profesiones sanitarias: psicólogo, psiquiatra, neuropsicólogo y psicopedagogo

Como ya hemos explicado, el termino “terapeuta” es en sí mismo muy ambiguo. Bajo este paraguas, existen multitud de personas que realizan distintas actividades, algunas sin formación académica alguna.

Caso distinto es el de los profesionales sanitarios que trabajan en el campo de la salud mental. Aquí, lo que existen son muchas especialidades diferentes, lo que habitualmente crea gran confusión. Por ello, para comprender a qué se dedica cada uno de estos profesionales, describiremos a continuación sus principales características:

  • Psicólogo: Se trata de un profesional con una titulación universitaria en psicología (licenciatura o grado). Además, para poder atender a pacientes deben tener un máster adicional, que los cualifica como Psicólogo General Sanitario. Su trabajo se desarrolla mediante la psicoterapia, que permite tratar problemas de tipo cognitivo, conductual o emocional.
  • Psiquiatra: Se trata de un profesional que ha estudiado medicina y tiene una especialidad en psiquiatría. Como especialista en medicina, su cometido es abordar las enfermedades mentales desde su parte fisiológica. Es por ello por lo que son los responsables de la administración de fármacos y medicamentos; con ello, intentan compensar la bioquímica del cerebro que pueda estar alterada.
  • Neuropsicólogo: Es un médico o un psicólogo con una titulación específica en neuropsicología. Trabajan con las lesiones o los problemas de funcionamiento del sistema nervioso central sobre los procesos cognitivos, conductuales o emocionales. Esto significa, por tanto, que trabajan con problemas como alzheimer, esclerosis, parkinson, epilepsia, etc.
  • Psicopedagogo: Este profesional tiene una titulación específica, distinta de la psicología y la medicina. Se trata de profesionales especialmente capacitados para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje de alumnos con necesidades especiales. En la inmensa mayoría de los casos, trabajan con niños con dificultades de aprendizaje.
¿Qué problemas se suelen tratar con una terapia psicológica?

La intervención psicológica se puede realizar para tratar una amplia gama de situaciones. Estas pueden ir desde dificultades cotidianas, en muchas ocasiones, hasta auténticos trastornos psicopatológicos. Esto significa que no es necesario sufrir un desorden psiquiátrico para acudir al psicólogo; de hecho, la mayor parte de las veces no es así. Muy frecuentemente, se trata de personas que no pueden o no saben gestionar determinadas situaciones de su vida diaria.

Con esta idea en mente, es sencillo entender en qué consisten las cuestiones que comúnmente se tratan en la terapia. Así, podríamos hablar de algunos casos como los siguientes:

Problemáticas comunes en las terapias psicológicas
  • Problemas personales, como por ejemplo miedos, estrés, ansiedad, etc. Muchas veces, las consultas se deben a una situación puntual que está viviendo el paciente y no sabe cómo gestionar. Generalmente son casos sencillos de tratar, en los que el paciente retoma su vida cotidiana con absoluta normalidad.
  • Falta de habilidades sociales, como por ejemplo la relación con amigos o compañeros del trabajo. Muchas personas encuentran dificultades a la hora de relacionarse con los demás; en la terapia, aprenden a mejorar y desarrollar estas habilidades.
  • Problemas con la pareja o el entorno familiar. Todas las personas vivimos en algún momento dificultades con nuestro entorno más cercano. Aquí, el objetivo de la terapia es conseguir restaurar la armonía en la pareja o la familia.
  • Dificultades en la crianza de los hijos, ya sean niños, jóvenes o adolescentes. Se trata de situaciones comunes en muchas familias, ya que la maduración de los niños no siempre es fácil. La intervención en estos casos suele producirse tanto sobre los hijos como sobre los padres.
  • Desordenes emocionales, como por ejemplo en los casos de baja autoestima o depresión. Este tipo de situaciones puede ser fácil de tratar, pero afectan gravemente la calidad de vida del paciente.
  • Trastornos psicopatológicos, como serían los trastornos de la personalidad, trastornos disociativos, desórdenes de la alimentación, etc. Estos suelen ser los más complejos de tratar, y su gravedad sobre la salud del paciente es muy acusada.
¿Cuándo tiene sentido acudir a terapia psicológica y cuándo no?

Existe una buena cita dentro del mundo de la psicología. Se dice que a terapia psicológica no van las personas que tienen problemas, ya que todas las personas tenemos problemas. Esto significa, por tanto, que a terapia acuden aquellas personas que quieren resolver sus problemas.

Siguiendo este razonamiento, parece lógico que el momento de acudir a terapia es cuando se necesita ayuda para resolver esas dificultades cotidianas que no sabemos cómo afrontar. Esto, evidentemente, es muy subjetivo y cambiante en función de cada persona. No a todos nos afecta igual una misma situación; algunas personas pueden ser más propensas a la ansiedad, al estrés o al miedo que otras. Por lo tanto, en cada situación concreta y para cada individuo, el momento de buscar esa ayuda puede ser distinto.

Muchas veces, no es evidente que necesitamos esa ayuda. Esto pasa porque en ocasiones el problema va creciendo poco a poco; gradualmente, a lo largo del tiempo, una situación va deteriorándose y ni siquiera nos damos cuenta de su existencia. Otras veces, se trata de un cambio súbito o sobrevenido, sobre el cual no sabemos cómo reaccionar.

Otro ejemplo que solemos poner a nuestros pacientes en consulta es ilustrativo. Siempre decimos que, cuando nuestro coche empieza a hacer un ruido raro, lo llevamos rápidamente al taller; de no ser así, la posible avería se agravará, y cada vez será más difícil y más caro repararla. Curiosamente, si en vez de hablar del coche, hablamos de nuestro bienestar personal, para mucha gente no es tan evidente. Y sin embargo es exactamente igual: cuanto más dejemos que un problema pase agravándose, más difícil será solucionarlo después.

Todos nosotros, en determinados momentos de nuestras vidas, necesitamos tener asesoramiento y recibir la ayuda de otras personas.

Alexis Carrel
¿Qué duración tiene una terapia psicológica?

Para establecer la duración aproximada de una terapia psicológica es necesario conocer el caso de que se trate; obviamente, no tiene nada que ver el tratamiento de una leve ansiedad, al de una psicopatología severa. En este último caso, tanto la complejidad de la intervención como su duración se verán incrementadas.

Dicho esto, y entendiendo la variabilidad de cada persona y situación, sí que podríamos hablar de casos habituales. Así, por ejemplo, una terapia por ansiedad suele prolongarse entre las 8 y o las 15 sesiones; o, en los casos de depresión, lo habitual suele ser una duración entre las 14 y las 18 sesiones. En nuestra experiencia, si tuviésemos que generalizar, una parte significativa de los pacientes que acuden a consulta reciben terapias de entre 10 y 20 sesiones de duración.

Otra cuestión a recalcar es que la duración de la terapia dependerá en gran medida también del paciente. En cada sesión se le dan una serie de tareas y cometidos que habrá de realizar hasta la siguiente cita; por tanto, en función del interés y esfuerzo que el paciente ponga, la terapia será más o menos efectiva. Así, en aquellos casos en los que el paciente está altamente motivado e implicado, la terapia suele ser más reducida. Por el contrario, si estas tareas no se desarrollan apropiadamente, la intervención es menos efectiva y suele prolongarse.

Al margen de esto, también es importante hablar de la frecuencia de las sesiones. Por lo general, estas suelen realizarse con una periodicidad semanal, especialmente al comienzo de la terapia. Posteriormente, según el paciente vaya mejorando, las citas se irán espaciando cada vez más hasta llegar al alta definitiva.

¿Cuánto suele costar una terapia psicológica? ¿Merece la pena?

Los precios de las sesiones de psicología varían mucho en función de cada profesional y clínica. Por lo general, cuando hablamos de terapia psicológica individual, en la mayor parte de los casos el precio está entre los 35 y los 80 euros por sesión. Algunos centros tienen un precio menor de 35 o mayor de 80 euros, aunque es muy poco frecuente. Lo más habitual es que la mayor parte de los centros cobren una cifra intermedia entre estos dos rangos.

Estos precios se establecen en función de criterios como la experiencia del terapeuta o la ciudad de que se trate. Sin embargo, igual que sucede con otros sectores, el precio no es el único indicativo de la calidad del servicio. Existen buenos psicólogos que tienen tarifas económicas y clínicas de renombre y precios elevados con profesionales con poca experiencia. Al final, lo más importante es encontrar una buena relación calidad-precio, y establecer una buena alianza terapéutica con el psicólogo.

No cabe duda de que, cuando hablamos de una terapia psicológica completa, nos encontramos ante una inversión importante. Por poner un ejemplo, hablemos de un tratamiento promedio de unas 15 sesiones, a 50 euros por sesión; aquí, estaríamos hablando de una inversión de 750 euros. La pregunta es, ¿merece la pena?

Algunas personas, cuando llevan unas cuantas sesiones y empiezan a sentirse mejor, deciden abandonar el tratamiento. Entienden que su problema ya está encauzado y, sin embargo, el coste de las sesiones es un sacrificio económico. A su juicio, las siguientes sesiones no son tan necesarias, o pueden ahorrase ese dinero.

Cuando dejar de invertir en una terapia psicológica

En nuestra clínica, encontramos frecuentemente este tipo de situaciones. Cuando el paciente va experimentando una mejoría, decide espaciar las sesiones o dar por finalizado el tratamiento. Desde nuestro punto de vista, esta no es siempre la mejor opción. Para explicarlo y que se entienda bien, solemos recurrir un ejemplo que creemos que resulta muy ilustrativo.

Les explicamos a nuestros pacientes que acudir al psicólogo es como cuando en casa tienes una gotera. Primero vemos una mancha en la pintura del techo, que poco a poco va agrandándose. Después empiezan a caer gotas al suelo, al principio lentamente pero cada vez con mayor fuerza. Pasado un rato, la casa está llena de agua.

En estos casos, muchas personas piden cita al psicólogo para que le ayuden a solucionar su problema: la gotera. En poco tiempo el trabajo empieza a surtir efecto, y la mejoría se aprecia rápidamente. Quitamos el agua del suelo, arreglamos los desperfectos y reparamos la pintura. Aparentemente el problema está resuelto. Es en este momento en el que muchos pacientes creen que merece la pena finalizar la terapia; se encuentran bien y, desde su punto de vista, han solucionado la dificultad que les llevó al psicólogo.

Sin embargo, el problema real, que es la grieta en la cañería de la que sale el agua, aún no se ha arreglado. Por ese motivo, la solución en este punto es todavía temporal. Así, si no se arregla el problema de fondo, volverá a aparecer la humedad. Por eso, las siguientes sesiones puede que no tengan un efecto tan rápido o aparente como las primeras. Sin embargo, es ahí donde se trabajará para solucionar realmente el problema de fondo. Arreglando la grieta en la cañería, nos aseguraremos de que aparezca de nuevo la gotera.

¿Cómo saber si una terapia psicológica está consiguiendo resultados?

Este es también un punto de gran importancia para todas las personas que han iniciado una terapia. Obviamente, su mayor inquietud es saber si realmente están mejorando y si están encontrando una solución a su problema. A veces, pueden pasar semanas o incluso meses hasta que la mejoría resultan visibles. En estos casos, es normal preguntarse, ¿estoy avanzando satisfactoriamente?

En estos casos, la señal más evidente de mejoría es que los síntomas del problema se estén reduciendo. Pongamos un ejemplo: un paciente que ha acudido a terapia porque necesita desarrollar su asertividad. En este caso, se podría mirar atrás y ver si, por ejemplo, ha pedido con éxito un incremento de sueldo a su jefe, o si pudo dar su punto de vista cuando un compañero intentó atribuirse un éxito en solitario de un trabajo que se realizó conjuntamente. Estos serían dos ejemplos de que, efectivamente, la asertividad del paciente está mejorando.

Otras veces, es tan sencillo como ver si eres capaz de ser consciente de los patrones de tu vida diaria. Aquellas cosas que antes hacías sin pensar, de manera automática, poco a poco tomas consciencia de ellas. Esta consciencia te hace ser cada vez más curioso respecto a tus comportamientos, actos y emociones, controlándolos mejor.

En ocasiones, estos cambios pueden no ser tan aparentes para uno mismo, pero sí para la gente que te rodea. Es habitual que muchas veces creemos no estar mejorando y, sin embargo nuestros familiares o amigos, nos ven mejor. Esto es un signo de que, aunque no seamos conscientes, algo está cambiando en nuestra forma de comportarnos.

¿Y si parece que estoy empeorando?

Sin embargo, esto no siempre es un proceso lineal. A veces, antes de mejorar, se empeora. Esto puede pasar porque en la terapia se abordan temas que pueden ser realmente dolorosos para el paciente.

Algunas emociones están larvadas, escondidas, y sobre una herida latente hemos creado una coraza. Sin embargo, para curar esa herida es necesario desinfectarla; es necesario limpiarla, para lo que hay que urgar y rascar, y esto lógicamente duele. Esto no quiere decir que se esté haciendo mal, o que estemos empeorando. Simplemente, es una parte necesaria del proceso de curación.

Esto sería algo parecido a lo que sucede cuando decidimos limpiar un armario que tenemos lleno y desordenado. Al principio sacamos todo lo que hay dentro, lo que puede llegar incluso a ser un poco sobrecogedor; lo que vemos en ese momento es todo lo que había dentro, esparcido por el suelo y desordenado. Casi parece que hemos conseguido lo contrario de lo que perseguíamos, y que estamos peor que al principio.

No obstante, esta es solo una etapa inicial e imprescindible. Una vez que se ha sacado todo del armario, comenzaremos a limpiar y clasificar como es debido. Poco a poco, habremos doblado y guardado todos los artículos que nos interesan; y, al mismo tiempo, desecharemos todas esas cosas inservibles o rotas que teníamos almacenadas y que ocupaban espacio.

¿Existen distintos tipos de terapia psicológica? ¿Son todas igual de efectivas?

Efectivamente, son muchos los tipos de terapia psicológica que pueden desarrollarse. Aunque cada técnica tiene tanto defensores como detractores, la realidad es que cada una de ellas tiene su enfoque específico.

Sin duda alguna, la disciplina predominante y más conocida es la Terapia Cognitivo-Conductual. Esta es la más extendida en España, y suele ser la que mayor efectividad muestra en muchas de las situaciones; se trata, además, de la metodología sobre la que existe una mayor evidencia científica, y su validez es indiscutida. En cierto modo, la intervención Cognitivo-Conductual se ha convertido en la piedra angular de cualquier psicólogo serio.

Sin embargo, esto no quiere decir que el resto de disciplinas no puedan ser también efectivas en ciertas situaciones. Enfoques como la Terapia Sistémica, la Terapia Gestalt o la Terapia Humanista son, entre otras muchas, también de utilidad. De hecho, en realidad cada una de estas metodologías tiene sus puntos fuertes y puntos débiles por así decirlo. Esto hace que existan algunas terapias que sean idóneas para tratar determinados problemas, pero no otros.

En este sentido, la Terapia Cognitivo-Conductual es idónea para el tratamiento de problemáticas como fobias o habilidades sociales. La Terapia Sistémica, por su parte, es muy efectiva en los problemas familiares o de pareja. El Mindfulness resulta de utilidad en casos en los que el problema principal sea la ansiedad o el estrés. Y así sucesivamente.

Por otro lado, cabe destacar que cada terapia puede ser también más o menos apropiada a cada paciente. Así, por ejemplo, una determinada persona puede no sentirse nada cómoda con una Terapia Gestalt, pero sí con una Cognitivo-Conductual. La labor de un buen psicólogo es identificar cuál de las diferentes terapias o herramientas utilizar en cada caso concreto.

En primer lugar, aunque una obviedad, lo primero que debemos verificar es que el terapeuta tiene formación universitaria en psicología. Como ya hemos explicado anteriormente, bajo el término “terapeuta” podemos encontrar todo tipo de casos; aunque se trate de intrusismo y de un serio riesgo para la salud, en España hay personas que se hacen pasar por psicólogos. Por ello, es imprescindible verificar que el profesional que nos va a atender tiene la formación requerida.

como encontrar un buen psicologo. Somos Psicología y Formación, psicólogos en madrid.

Tomar la decisión de acudir a un psicólogo no es fácil para muchas personas. Además, a esta dificultad, se añade el hecho de que resulta difícil saber cómo elegir a un buen psicólogo. Por eso, para tomar una decisión correcta y con toda la información, es importante saber qué buscar.

Esta formación, además, no se limita únicamente al grado o la licenciatura en psicología. Se debe tener también la acreditación de Psicólogo General Sanitario o PIR. Esto implica que el profesional ha tenido una rigurosa formación adicional, para lo cual ha cursado previamente un máster homologado.

Por otro lado, la formación es un requisito imprescindible, pero no el único. Igualmente importante es la experiencia de la persona que vaya a tratarnos. Así, lo recomendable es que quien vaya a realizar la intervención cuente con una experiencia mínima de cinco años. Y no solo eso, sino que debe tener también formación concreta en la problemática que queramos tratar. Igual que los médicos se especializan en diferentes órganos o enfermedades, los problemas que atiende un psicólogo son muy diversos. Esto significa que, para tratar por ejemplo una depresión, es importante que el psicólogo haya trabajado con casos similares antes. Esto hará que su intervención sea realmente efectiva, pues está familiarizado con el problema y sabe cómo solucionarlo.

Identificando si el psicólogo trabaja profesionalmente

Una vez que hemos verificado que el terapeuta cuenta con la formación y experiencia adecuadas, toca dar el siguiente paso. Aquí tendremos que empezar a analizar si trabaja profesionalmente.

Un primer indicio lo tendremos en la primera sesión, que habitualmente es gratuita. En esta sesión, se nos deberá presentar un consentimiento informado; este consentimiento es un papel que nos explica la terapia y nuestros derechos. Este gesto ya de por sí nos permite saber que estamos ante un profesional serio. Por el contrario, si no se nos presenta este consentimiento informado, es toda una señal de falta de profesionalidad.

Además, hay que preguntar al psicólogo cómo va a ser la intervención. En este sentido, el terapeuta tiene que ser totalmente claro y explicar todo en detalle; si no sabe o no quiere contestar, lo mejor es que directamente busques a otro psicólogo.

El terapeuta tendrá que detallar cómo va a ser el tratamiento. Esto significa que explicará cómo va a ser la evaluación y cuanto durará; después te deberá indicar cómo transcurrirá el tratamiento, y qué metas específicas vais a perseguir. Una cuestión fundamental son las tareas que habrá de encomendarte como paciente; la terapia no trascurre solo en las sesiones, sino que de estas surgirán “deberes” para realizar hasta la siguiente sesión. Esto es un aspecto crítico, pues un buen psicólogo se dedica a “escuchar” a los pacientes, sino que interviene activamente. Argumentará con ellos durante la sesión y rebatirá sus puntos de vista, y sobre todo asignará tareas.

También debe contarte cómo saber si la intervención tiene éxito o si, por el contrario, hay que buscar otro enfoque. Y por último, te indicará en qué momento se considerará que la terapia ha funcionado y cómo terminará.

Aclarando dudas sobre la terapia

En este sentido, es importante preguntar por la duración del tratamiento. Un buen psicólogo debería darte una orientación aproximada. Aunque es imposible saber a ciencia cierta cuántas sesiones va a durar, sí que al menos debería saber una aproximación. Además, esta duración no debiera ser nunca, salvo casos verdaderamente excepcionales, superior a las veinte sesiones.

Por otro lado, también hay que preguntarle la duración de cada sesión y la frecuencia de las mismas. Esto es importante porque está demostrado que una sesión no es efectiva si no dura como mínimo, de 45 minutos. Por ello, si te plantean sesiones más cortas, debes saber que la terapia no va a funcionar.

Igual de importante que la duración es la frecuencia de las sesiones, pero en sentido contrario. Lo normal es que estas se produzcan semanalmente o quincenalmente. Sin embargo, algunos terapeutas establecen dos o incluso tres sesiones a la semana. En este caso, hay que destacar que dos sesiones semanales solo tendrían sentido en circunstancias verdaderamente excepcionales. En la inmensa mayoría de los casos, una sesión semanal es más que suficiente; de hecho, hacer más sesiones no acelera el proceso terapéutico ni la efectividad de la intervención. Por ello, si se propone realizar dos o más sesiones por semana es una señal clara de falta de profesionalidad. En estos casos, deberías buscar otro psicólogo con rapidez.

Relación con el psicólogo

Por último, hay que prestar atención a cómo se establece la relación entre el psicólogo y el paciente. Esto es lo que se llama “Alianza Terapéutica”. Si esta alianza no funciona adecuadamente, la terapia no funcionará. Esto no significa que el profesional no sea bueno, sino simplemente que no ha habido un encaje; esta situación, aunque pueda llamar la atención, es mucho más frecuente de lo que la gente piensa.

La alianza terapéutica será el vehículo por el que se desarrolle toda la intervención. Hay quien confunde esto con ser amigo de su psicólogo; de hecho, no solo no es amistad, sino que tener una relación de amistad con el terapeuta no es adecuado.

La alianza terapéutica se establece sobre una relación de afinidad y respeto. Es importante estar a gusto con el psicólogo, sentirse escuchado y comprendido, sin miedo a ser juzgado. Sin embargo, tal y como hemos dicho, esto no significa establecer una relación de amistad. Mientras que un amigo aceptará cómo eres y te dará comprensión, un buen psicólogo confrontará tus puntos de vista y te hará exponerte a emociones que no siempre serán agradables.

La piedra angular de cualquier terapia es la relación existente entre el psicólogo y el paciente; es esta alianza terapéutica la base de toda la intervención, por lo que es imprescindible que funcione adecuadamente.

Esta alianza terapéutica proporciona la confianza y el entendimiento que facilitará la comunicación dentro de la terapia. De hecho, es tan importante puede ayudar a predecir el nivel de efectividad que tendrá el tratamiento. Sin ella, el no paciente tendrá la confianza para abordar aquellos temas dolorosos, ni el psicólogo podrá ayudarle a resolverlos. Mediante esta relación, en definitiva, psicólogo y paciente forman un equipo con objetivos comunes y compartidos.

Obviamente, si un paciente no se siente a gusto con su psicólogo, será imposible formar una relación terapéutica apropiada. Esto significa que, en el mejor de los casos, la terapia siempre será menos fluida de lo que pudiera ser. Es por este motivo que resulta tan importante que exista ese encaje entre paciente y psicólogo.

A muchas personas, cuando acuden a terapia, les da vergüenza decirle a su psicólogo que no se sienten cómodos. Y, sin embargo, realmente no hay motivo para tener reparos en decirlo. Los psicólogos profesionales tienen una amplia experiencia y han tratado a cientos de pacientes en su carrera; resulta imposible que exista ese encaje con todos y cada uno de los pacientes, y lo saben perfectamente.

Por ello, para un psicólogo con experiencia es normal que un paciente le diga en un momento dado que preferiría tener a otro terapeuta; o, incluso, puede ser el propio psicólogo el que de el primer paso y aborde el problema. En estos casos, no lo hará nunca porque no estime o no quiera al paciente. Al contrario, en realidad estará velando por que la terapia sea lo más efectiva posible.

Cuando la confianza es alta, la comunicación es fácil, instantánea y efectiva

Stephen R. Covey
¿Es confidencial todo lo que se trata en la terapia psicológica?

Ya hemos hablado de la importancia de la alianza terapéutica en la intervención psicológica. Evidentemente, esta alianza se basa sobre un principio básico: la confianza. Esto significa que, para que la terapia funcione, el paciente debe estar completamente seguro de poder confiar en su psicólogo.

Esta confianza se construye sobre diferentes elementos, aunque uno de los más importantes es la confidencialidad. Tener la seguridad de que cualquier tema que se trate en terapia va a quedar ahí es un requisito imprescindible. Esta confidencialidad abarca toda la información relacionada con el paciente; va desde los aspectos más triviales hasta las problemáticas más complejas, salvaguardando la dignidad personal. Esta obligación de mantener la intimidad personal de los pacientes es un deber inherente a la profesión del psicólogo.

El deber de confidencialidad es además no solo parte del código deontológico de los psicólogos; por el contrario, existe también toda una reglamentación legal que la sustenta y la hace de obligado cumplimiento. En España, tradicionalmente se ha regulado mediante la Ley Orgánica de Protección de Datos; además, desde 2018 está también en vigor el Reglamento Europeo de Protección de Datos, que es si cabe más riguroso.

Esta legislación indica dónde están los límites al deber de confidencialidad de los psicólogos. Esto significa que, si existe un riesgo para el paciente o para otras personas, el profesional estará obligado a trasmitir información a los organismos competentes; esto se da si se cree que existe riesgo de suicidio del paciente o de un riesgo para otras personas. Igualmente, si al psicólogo se le requiere judicialmente para que proporcione información de un paciente, estará obligado a hacerlo.

¿Se puede hacer terapia psicológica online? ¿Es realmente efectivo?

Cada vez es más frecuente encontrar clínicas que ofrecen terapia psicológica online. Incluso, han empezado a aparecer empresas digitales que ofrecen este servicio, sin ser siquiera una clínica. Por ello, nuestros pacientes nos preguntan con frecuencia si este tipo de intervención es igualmente efectiva.

Para responder a esta pregunta, en primer lugar, habría que definir qué entendemos exactamente por terapia online. Existen muchos canales online que se pueden emplear, y no todos son iguales. Así, es muy distinto interactuar a través de un chat, un correo electrónico, una llamada de voz o una videoconferencia. Cada uno de estos canales tiene unas particularidades que hacen que sean diferentes.

Evidentemente, no tiene nada que ver leer comentarios relacionados con la psicología en un foro, que realizar una terapia individual. Del mismo modo, no es igual hacer una videoconferencia que comunicarse por correo. En la terapia psicológica el psicólogo interactúa con el paciente, transmitiendo y recibiendo información al mismo tiempo. Por eso, algunos de estos canales pueden suponer una importante limitación a este proceso de comunicación. De hecho, la posibilidad de procesar información no verbal del paciente se pierde por completo.

Desde nuestro punto de vista, únicamente la videoconferencia sería un canal suficientemente válido como para realizar terapia. Además, este canal no es válido en todos los casos, sino tan solo en algunas circunstancias; así, por ejemplo, puede ser efectivo en la terapia individual, pero no en terapia grupal, infantil o familiar.

Pese a estas limitaciones, hay que reconocer que la videoconferencia puede suponer un buen complemento a la terapia presencial. Así, supone una alternativa en aquellos casos en los que el paciente no puede o no quiere desplazarse a la clínica. Del mismo modo, permite una mayor flexibilidad horaria, y evita perder tiempo en los desplazamientos.

Efectividad de la terapia online

Como hemos visto, la terapia online tiene ventajas e inconvenientes, por lo que no es aplicable en todos los casos. Sin embargo, en algunas circunstancias sí que puede ser una opción razonable, especialmente como complemento a las sesiones presenciales. En estos casos, la pregunta es si este tipo de intervención es igualmente eficaz.

Sobre este asunto, se han desarrollado diferentes estudios. Aunque no es un tema suficientemente investigado, ya empieza a haber evidencia de cuándo y cuándo no funciona. Así, la mayor parte de las investigaciones coinciden en que la terapia psicológica individual mediante conferencia resulta efectiva.

Uno de los primeros estudios que se realizó al respecto fue el de la Universidad de Zurich de 2013. En esta investigación se demostraba que la terapia mediante videoconferencia ofrecía la misma efectividad que la terapia online. Sin embargo, este proyecto fue polémico y recibió críticas, ya que la metodología estaba muy sesgada; así, el estudio se centraba en tan solo unos pocos pacientes, todos ellos con unas características similares.

En 2014 se realizó otro estudio similar por parte de profesores de la universidad de Herzliya, Israel. Este proyecto era más amplio y tenía un menor sesgo en cuanto a su metodología. Así, se empezó a profundizar en qué tipos de terapia podían hacerse online y cuáles no. Esto demostró que las intervenciones grupales o con niños era mejor realizarlas presencialmente.

Posteriormente, otros estudios como el de 2015 de la Universidad de Columbia o el realizado en 2017 en la Universidad SUNY de Nueva York vinieron a corroborar estas conclusiones.

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (3 votos, promedio: 5,00 de 5)
Cargando…