El otro día nos escribió Eva Carnero, periodista de El País, interesada en hacernos una entrevista para la elaboración de un artículo. Puesto que el tema es de interés y aborda cuestiones que ya hemos tratado en cierto modo en el blog, aprovechamos para reproducirla aquí en formato completo.

¿Es bueno discutir delante de los hijos?

A priori, el sentido común nos dice que sería mejor evitar las discusiones (que no peleas) delante de los hijos. Sin embargo, hay quienes defienden la idea de que puede ser positivo en determinadas ocasiones. Todo depende del cuántas veces se hace y sobre todo, de cómo se hace, lenguaje utilizado, intensidad, gestualidad… Los principales argumentos que respaldan esta idea son que el niño puede aprender a resolver conflictos personales viendo cómo sus padres lo hacen.

En su opinión, ¿cómo afecta a los niños que sus padres discutan delante de ellos?

Si estas discusiones se manejan de una manera adecuada puede ser una gran oportunidad para que los hijos adquieran habilidades de cara a que cuando ellos tengan que enfrentarse a esas mismas situaciones, y así puedan resolverlas de manera efectiva, teniendo control sobre sus emociones.

Si  estas discusiones se realizan desde el respeto, no alzando la voz, sin utilizar insultos, ni chantajes emocionales, los hijos podrán desarrollar destrezas para manejar estas situaciones de conflicto con otros niños y posteriormente en su edad adulta.

En cambio si estas discusiones son expresadas desde la agresión, los niños van a imitar estos comportamientos de los padres, repitiendo estas mismas conductas a lo largo de su vida.

Los padres son las figuras de apego del niño y si observan que las discusiones son desde la agresividad, desde la falta de respeto, y continuadas en el tiempo, estos niños podrán desarrollar problemas como baja autoestima, dificultades en sus relaciones sociales y personales, inseguridades, miedos, falta de control en sus emociones y ansiedad. Todo esto junto podría llegar a convertir a los niños en agresores o producirles fracaso escolar.

En general, ¿qué mensaje le llega al niño cuando presencia una discusión o discusiones reiteradas entre sus padres?

Cuando estas se cronifican y lo único que observan sus hijos es que sus padres se relacionan o se comunican por medio de la agresión, es muy probable que esto desemboque en diferentes comportamientos. Estos comportamientos tienen diferencias respecto a la edad, aunque independiente del periodo en que tengan repercutirán en la edad adulta.

Los niños intentaran huir de estas situaciones que están viviendo, se aislaran, dejaran de comunicarse, de expresar sus emociones, tendrán miedo, aislamiento social, baja autoestima. Si estas discusiones llegaran a ser cada vez más frecuentes y más fuertes, si observaran maltrato psicológico o físico, pueden llegar a autolesionarse o tener ideas de suicidio, y en algunos casos llegar a materializarse.

¿Cree que puede ser positivo que los pequeños presencien estas discusiones? ¿En qué ocasiones?

Es positivo que los niños presencien discusiones siempre que estas se gestionen de manera adecuada, desde el respeto y no desde la agresión. Los niños si observan estos comportamientos en sus padres, aprenderán que es normal que se tengan diferentes opiniones y que estas generen malestar emocional, lo importante es que ellos vean que se puede discutir desde el autocontrol y el respeto.

Estas diferencias deberían tratarse con una comunicación asertiva, sin emplear nunca agresiones verbales ni tener enfados desmesurados que no se correspondan a la situación tratada, y por supuesto sin emplear el chantaje emocional y muchos menos utilizar a los hijos como arma arrojadiza.

¿Qué lecciones podría aprender un niño presenciando una discusión entre sus padres?

Que las diferentes opiniones existen, que las discusiones también, al igual que el dolor o el enfado que estas ocasionan, pero que estas pueden resolverse desde el respeto y el cariño que se tienen los padres, hablándolo, manifestando su dolor y pidiendo perdón si lo han ocasionado.

Esto conseguiría que el menor pueda desarrollar todas estas habilidades para ponerlas en práctica en las ocasiones de conflicto que le surjan, gestionándolas de manera adecuada, no haciendo daño a la otra persona sino manifestando sus opiniones de manera asertiva. Es decir teniendo un control sobre sus emociones y comportamientos.

¿Qué elementos deberían aparecer en la discusión para que esta sea positiva para la educación del niño?
  • Si discuten por una situación concreta, hablar sobre ella, no mezclar aspectos del pasado, es decir no ir a situaciones que ya se solucionaron.
  • No utilizar frases como “Siempre eres igual”, “nunca vas a cambiar”, “ te da igual que yo sufra”, “nunca debí casarme contigo”
  • Pedir perdón de manera clara delante de los niños si se han confundido o han cometido un error.
  • Plantear la discusión desde un punto de vista constructivo, llegar a acuerdos para que estas no se vuelvan a generar malestar, hablar de la situación concreta.
  • Después de una discusión mostrar alguna señal de cariño o afecto.
  • Respetarse, nunca insultarse.
  • No involucrar nunca a los niños en la discusión, ni utilizarlos para hacer daño al otro, por ejemplo diciendo cosas como “como te van a querer los niños si me tratas así…” o “el niño no piensa como tú”.
  • Mantener el silencio lo justo, si nuestra emoción es muy intensa es bueno callarse o quizás alejarse del foco de la tensión, se puede ir uno a duchar, etc…, pero estos silencios no son positivos si dura mucho tiempo.
  • Hablar con los hijos si la discusión ha sido demasiado fuerte, para que estos nunca puedan pensar que son culpables de la misma, o tengan miedo a una posible separación si esta no va a producirse.
El modo en que puede afectar a un niño, ¿depende de la edad del niño? ¿Cree que los bebés se dan cuenta de que sus padres discuten?

Cuando más pequeño sea el niño más problemas a nivel psicológico pueden causar estas discusiones, pero también la pre-adolescencia y la adolescencia tienen sus riesgos. En estas etapas ver a sus padres discutir constantemente puede generar agresión y rechazo hacia ellos.

El niño pequeño puede manifestar regresiones en cuanto a su desarrollo evolutivo, puede volver a hacerse pipi, tener miedo para dormir sólo, mal humor, sensación de culpabilidad, o miedo al abandono.

Hay estudios que indican que los bebés se dan cuenta de las discusiones de sus padres y que estas generan una huella en su desarrollo madurativo, causando problemas en el manejo y reconocimiento de las emociones.

Cuanto más continuas sean estas discusiones más huellas van a generar y más comportamientos poco adaptativos podrán generar. Si estos desde pequeños ven que sus padres están continuamente discutiendo también pueden llegar a no creer en las relaciones de pareja y tener dificultad para formalizar una.

El inicio de una discusión no se puede prever. Una vez iniciada, si hay un niño delante, ¿cómo debería tener lugar? ¿Cuál es el mejor tipo de lenguaje, gestos, o actitudes?

El inicio de una discusión no puede controlarse, y estas son inevitables. Si estas se producen con un niño delante, tendríamos que trabajar en los siguientes aspectos.

  • Intentar ser asertivo, mostrar el dolor de una manera positiva, explicar que “me he sentido dolido o dolida por esto que ha ocurrido”.
  • Intentar ser empático y ponernos en el lugar del otro, para llegar a intentar comprender el motivo de su enfado, y si no fuera así intentar hablar sobre los motivos del mismo.
  • Controlar los gestos del comportamiento no verbal, muecas, movimientos exagerados de los brazos, manos.
  • Nunca utilizar a los niños para hacer daño a la pareja.
  • No dar gritos, ni portazos, ni insultos.
  • Pedir disculpas a lo hijos, si nuestro comportamiento no ha sido el más apropiado, y también a nuestra pareja.
¿Sería bueno tener una conversación después con el niño para explicar lo ocurrido? ¿Cómo debería ser esa conversación?

Es muy positivo hablar con los hijos y explicarles el motivo de la discusión, explicar que se pueden tener diferentes opiniones e ideas, e incluso situaciones que pueden causar que la otra persona pueda sentirse dañada. De esta manera ellos pueden percibir que estas discrepancias son naturales y que pueden solucionarse de una manera adecuada y equilibrada.

También es muy positivo hablar con los hijos y preguntarles lo que han podido sentir en ese momento, minimizando sus miedos si se han producido. También, si se han sentido culpables de la discusión, explicarles que ellos no son el motivo de la disputa; o si tienen miedo a ser abandonados o de que los padres se separen, hacerles comprender la situación tal y como es.

Si la discusión no se ha producido de la mejor manera, lo más adecuado es pedir disculpas tanto a los hijos como a la pareja.

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