¿Qué es el estrés laboral?

Cada vez más, la sociedad se está dando cuenta del problema que supone el estrés laboral. Una de las fuentes de estrés más frecuentes es nuestro trabajo, donde estamos sometidos a constantes presiones y exigencias. Estas presiones terminan por producir una saturación física y mental, lo que ocasiona graves problemas fisiológicos y psicológicos. Además, las consecuencias del estrés laboral pueden ir más allá de las meramente personales, ya que también suele afectar otros ámbitos de la vida del trabajador, como pueden ser la social o familiar.

El estrés no es otra cosa que la respuesta del organismo a aquellas situaciones que son percibidas como amenazantes; en este sentido, se trata de una respuesta inconsciente y beneficiosa, ya que tiene por objetivo mantenernos a salvo.

Sin embargo, cuando hablamos de estrés laboral la situación se complica. La “situación amenazante” ante la que reaccionamos es precisamente nuestro trabajo, de donde no podemos huir. Esto hace que, al estar permanentemente expuestos a la fuente de tensión, los efectos del estrés continúen durante largo tiempo. Así, se da lugar a una situación de agotamiento crónico, que poco a poco se va agravando. Finalmente, esto termina por mermar severamente la calidad de vida de quienes lo padecen.

¿Cuáles son las causas del estrés laboral?

Como su propio nombre indica, el estrés laboral se debe a la relación de una persona con su trabajo. Sin embargo, esto resulta una generalización excesivamente vaga; por el contrario, son múltiples los elementos concretos del trabajo que pueden desencadenar o potenciar el estrés. Esta diferenciación es importante, ya que implica por lo pronto la existencia de diferentes factores relacionados con el estrés:

Factores desencadenantes

Consiste en aquellos elementos que hacen que aparezca el estrés laboral, cuando antes no existía. En este sentido, se trata de las causas que inician este proceso emocional, y que actúan como precipitante. Los más significativos son:

  • Estar sometido a una alta presión en el entorno laboral.
  • Cargar con una gran responsabilidad, ya sea sobre el trabajo propio o de otras personas.
  • Exceso de carga laboral, tener que sacar adelante más tareas de las razonables para una única persona.
  • Jornadas laborales excesivamente prolongadas, sin tiempo para descansar.
  • Desconocimiento o incertidumbre sobre cómo desarrollar el trabajo.
  • Plazos de trabajo constantes y excesivamente limitados.
  • Relaciones conflictivas con los compañeros.
  • Falta de directrices o mala planificación de las tareas a desarrollar, de los horarios o de los plazos.
  • Exposición a riesgos físicos o a peligros para el trabajador.
  • Dificultad para la conciliación familiar o para disponer de tiempo libre.
  • etc.
Factores condicionantes

De manera diferenciada a los factores desencadenantes, encontramos los denominados como factores condicionantes. Estos elementos no hacen por tanto que aparezca el estrés, sino que actúan sobre el ya existente. En este sentido, se trata más bien de elementos que lo potencian o lo prolongan en el tiempo.

Entre los principales factores condicionantes del estrés laboral, encontraríamos los siguientes:

  • Habilidades personales propias de cada individuo, como por ejemplo la empatía, el control emocional, la resiliencia, etc.
  • Estar sometido a una situación de acoso laboral.
  • Disponer de un bajo salario profesional.
  • No ser valorado por superiores o compañeros, falta de reconocimiento profesional.
  • Haber estado anteriormente sin trabajo durante un periodo de tiempo prolongado.
  • La edad de la persona de que se trate.
  • Tener una menor empleabilidad fuera del trabajo actual.
  • Falta de motivación o ausencia de incentivos en el puesto laboral.
  • Imposibilidad para promocionar o para desarrollarse profesionalmente.
¿Cuáles son los síntomas del estrés laboral?

Las personas que sufren estrés laboral se ven afectadas a diferentes niveles. Esto significa que no hay un único efecto o consecuencia del estrés, sino que son varias las facetas de la vida personal que resultan impactadas de una manera significativa. En este sentido, podemos distinguir entre los síntomas emocionales, conductuales y fisiológicos:

Síntomas emocionales
  • Sensación de tristeza o depresión.
  • Inestabilidad emocional, mal humor o dificultad para controlar la ira o el enfado.
  • Desgana, falta de iniciativa o apatía generalizada.
  • Miedos y sensaciones de inseguridad.
  • Impaciencia y poca tolerancia a la frustración.
  • Dificultad para concentrarse o para realizar esfuerzos cognitivos.
  • Falta de atención y olvidos frecuentes.
  • Falta de motivación.
Síntomas conductuales
  • Desarrollo de adicciones o consumo excesivo de sustancias como café, alcohol, tabaco, fármacos, drogas, etc.
  • Desarrollo de conductas agresivas o violentas.
  • Inhibición o aislamiento social.
  • Ausencias del puesto de trabajo.
  • Cambio en los horarios del sueño, tendencia a trasnochar o a dormir en exceso.
  • Alteraciones de los hábitos de alimentación.
  • Desarrollo de comportamientos de alto riesgo, como por ejemplo sexuales, de consumo de sustancias, conducción arriesgada, etc.
Síntomas fisiológicos
  • Contracturas, dolores musculares o de espalda.
  • Gastritis, dolores de barriga o problemas estomacales.
  • Náuseas o vómitos.
  • Jaquecas, cefaleas o dolores de cabeza.
  • Sensación de agotamiento extremo o falta de energía.
  • Insomnio, hipersomnia o alteraciones del sueño.
  • Pérdida o aumento significativos de peso.
  • Taquicardia o hipertensión.
  • Sudoración excesiva.
¿Existen diferentes tipos de estrés laboral?

Cuando hablamos de diferentes tipos de estrés laboral, en realidad cabe hacer dos distinciones. Así, una primera distinción sería discriminando en función de la periodicidad o de la duración de los episodios de estrés. Por otro lado, cabría también hacer otra clasificación en función de si los resultados del estrés son o no negativos. Esto nos da, por lo tanto, las siguientes categorías de estrés laboral:

Estrés de corta duración vs. estrés de larga duración
  • Estrés laboral episódico. Aquí hablamos de aquellos casos de estrés que se dan en periodos reducidos, de manera puntual. Este se da cuando aparecen los factores desencadenantes, aunque una vez que estos dejan de existir el estrés desaparece; un caso así podría ser, por ejemplo, un pico de trabajo. Además, muchas veces este tipo de estrés suele ser periódico, en unas fechas predeterminadas. Esto sucede en muchas empresas, por ejemplo, con los cierres de ejercicio o la realización de un importante acto anual.
  • Estrés laboral crónico. En el caso del estrés crónico, concurren además factores condicionantes; esto hace que, aunque los factores desencadenantes hayan desaparecido, el estrés permanezca vivo. Este tipo de estrés laboral puede ser especialmente peligroso, ya que se prolonga durante largos periodos deteriorando gravemente la vida de quienes lo padecen.
Estrés positivo vs. estrés negativo  
  • Eustrés. Se conoce como eustrés aquel estrés de intensidad moderada que nos mantiene activos e implicados en nuestro trabajo. Esto tiene un efecto claramente positivo, ya que nos hace más productivos y eficientes. Se trata, en definitiva, de esa “tensión” que sin ser abrumadora nos estimula a redoblar nuestros esfuerzos.
  • Distrés. Cuando el estrés resulta excesivo se vuelve una carga, en vez de un estímulo. Es en estos casos cuando hablamos de distrés. Este distrés es el que genera efectos gravemente disruptivos sobre las personas que lo padecen. Así, efectos como la ansiedad, la depresión o incluso la baja autoestima son frecuentes en las personas sometidas al distrés.
¿Cómo se puede tratar el estrés laboral?

El tratamiento del estrés laboral es muy similar al de otros tipos de estrés, con la salvedad que al encontrarse el desencadenante en el trabajo del paciente se profundizará especialmente en esta faceta. Evidentemente, el abordaje a adoptar dependerá de los desencadenantes específicos de que se trate y de la gravedad del problema. Esto quiere decir que el tratamiento será siempre adaptado a las circunstancias específica de cada paciente.

Lo más común en este tipo de casos es recurrir a la terapia cognitivo-conductual; este enfoque es el que muestra unos mejores resultados, gracias al proceso de reestructuración cognitiva. Con ello se consigue que el paciente aprenda a controlar sus emociones y adaptar sus comportamientos de manera efectiva. De este modo, se puede poner fin a los problemas derivados del estrés laboral.

Adicionalmente a la psicoterapia, se suele favorecer también que el paciente desarrolle una serie de cambios en su vida cotidiana. Así, se le estimula a marcar distancias entre su vida personal y su trabajo; al retomar actividades cotidianas que se disfrutan, se ayuda a desconectar de la presión constante del ámbito laboral.

Por otro lado, se fomenta también la realización de actividades sociales, favoreciendo la recuperación de actos lúdicos y la creación de un entorno seguro y de confianza. Y, de igual manera, se trabaja sobre el desarrollo de habilidades personales, imprescindibles para garantizar el bienestar social y emocional

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