El ser humano lleva estudiando y buscando la felicidad desde su origen. Sabemos que se trata de un estado que a veces sentimos y que nos gustaría permanecer en él el mayor tiempo posible. Sin embargo, no sabemos muy bien definirla, la confundimos con factores externos y, sobre todo, nos la imponemos, convirtiendo a la felicidad en una dictadura que no logramos, pero de la que tampoco sabemos escapar.

Estudio de la felicidad

Entender la felicidad y cómo se alcanza ese estado está siendo buscado por las personas desde hace miles de años. Diferentes corrientes, no solo la Psicología, se preocupan por ello. Desde la Sociología, la Teología, la Espiritualidad e, incluso, la Biología, tratamos de definirla, saber cómo se origina y si hay condicionantes para poder alcanzarla. A veces decimos que es un estado que cualquier persona podría trabajar y tener, sean cuales sean sus condiciones, y otras veces decimos que no, que es un estado muy efímero y que tienen que darse determinadas situaciones para que así sea. Sin embargo, no hay un consenso, sino determinadas aproximaciones que tratan de definirla y de darnos claves para tratar de forma individualizada tenerla, ya que no hay una regla general, aunque la Psicología Positiva hace una aproximación bastante clara.

Felicidad en Psicología Positiva

A la hora de hablar de Psicología Positiva, tenemos una idea errónea y muy común de lo que es y de lo que trabaja, promovido por campañas de publicidad o mensajes “positivos” que podemos leer en tazas de café. Creemos que esta rama científica de la Psicología niega el malestar o los problemas, y solo pone el foco en el lado bueno de las cosas. Sin embargo, no es así. El centro de atención de la Psicología Positiva son las fortalezas, los valores y la gestión emocional, así como otros puntos donde la persona pueda apoyarse para trabajar y superar los problemas que tiene actualmente. No se trata de negar el malestar, sino de trabajarlo desde puntos de vista diferentes para, una vez superado, llegar a potenciar los recursos de la persona y tener un estado de plenitud.

Para entender desde esta rama que es la felicidad, podemos fijarnos en lo que Martin Seligman nos dice sobre ella: una vida placentera es aquella en la que la persona es capaz de maximizar sus emociones positivas, minimizando también el dolor y el malestar. Propone, a su vez, el Modelo PERMA, donde nos da claves para construir nuestro bienestar emocional y psicológico.

Modelo PERMA

El Modelo PERMA fue propuesto por Martin Seligman tras su estudio sobre la felicidad. Recoge cinco pilares donde se apoyaría este estado y, aunque podríamos fluctuar, sí lograríamos alcanzar una media que tendería a la estabilidad en el tiempo y donde nos viésemos realmente plenos. Esos pilares no tendrían que ser fruto del azar, sino construidos por nosotros mismos y trabajando para mantenerlos.

Los cinco pilares de la felicidad según el Modelo PERMA son:

  • P (Positive Emotions): Las emociones positivas. No solo recoge lo que sentimos, sino lo que pensamos y expresamos. Si a la hora de hacer un balance entre lo bueno pensado, sentido y dicho y todo lo malo, acaba ganando lo positivo, este pilar estará asentado.
  • E (Engagement): Involucrarnos en nuestro día a día. Se trata de estar en el presente, sin dejarnos llevar por la inercia y sabiéndonos capaces de usar nuestras fortalezas para mejorar nuestra calidad de vida. Si estoy en mi trabajo, debo usar mis recursos de forma deliberada para hacerme dicho trabajo más fácil.
  • R (Relationship): Son todas nuestras relaciones. Nos vinculamos con muchas personas a lo largo del día, aunque no todas ganan profundidad. Si este vínculo se construye y nos comprometemos con ello, tendremos más probabilidades de alcanzar el bienestar.
  • M (Meaning): El significado. Es tener una vida con sentido, donde tengamos un propósito y entendamos cuál es nuestro “para qué”.
  • A (Accomplishment): El logro. Orientarnos a metas, sabernos capaces de alcanzar objetivos y buscar siempre nuestro desarrollo y transformación.
Trabajar en la felicidad

Pero ¿puede construirse realmente la felicidad? El primer error que cometemos es pensar que factores externos son los que tienen que asentar las bases para que nosotros podamos ser felices. Tener un buen trabajo, una pareja, una economía elevada o una casa grande es lo que todos queremos y, sin ellos, no nos vemos felices. Sin embargo, actúa al revés: mi actitud personal y mi forma de estar en el mundo hacen que yo pueda lograr todos esos objetivos. Todo lo externo sumará a mi bienestar emocional, el cual ya tengo antes de alcanzarlo.

Por ejemplo, el Modelo PERMA es un buen ejemplo de cómo tener una vida plena simplemente centrándonos en nuestros recursos personales y trabajando con nosotros mismos.

La trampa de la felicidad

Uno de los quebraderos de cabeza que nos suele traer la felicidad es pensar que, una vez alcanzada, ya no volverán a haber cosas negativas en nuestra vida. Y, cuando aparezcan, las negaremos, no actuaremos o nos sumiremos en la frustración. Sin embargo, eso es una trampa que nosotros mismos nos ponemos y una ilusión que también tenemos que derribar.

La felicidad, la cual se alcanza desde la emoción de la alegría, no debe negar los estados emocionales negativos, sino todo lo contrario. Me apoyo en la tristeza para superar las pérdidas o en la rabia para defenderme de agresiones, por ejemplo, para después poder volver al bienestar. No rechazo las cosas malas, sino que las integro en mi vida y las entiendo como parte del proceso natural de las cosas.

Por tanto, ni la felicidad es totalmente estable ni se trata de que no nos ocurran cosas negativas. Es un ciclo que andamos y repetimos, donde aparecen eventos que no nos gustan pero que aprendemos a superar cada vez con mayor facilidad. Vivir de forma plena es saber que habrá cosas negativas, que la felicidad no puede ser inamovible y que realmente tenemos el poder de construir ese estado desde nuestro día a día.

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