La valoración personal se asocia a la emoción del Orgullo, al saberme reconocer, admirar y valorar. Socialmente creemos que el orgullo solo tiene un valor destructivo, pero su forma auténtica es la de la propia admiración. Cuando no lo tenemos conectado, vemos que nuestra vida se estanca, que no podemos ser nosotros mismos o nos da miedo salir y exponernos. Pero ¿qué aparece en nosotros en lugar de la valoración personal? Como las emociones necesitan un equilibrio, si no conectamos el Orgullo, hay otra emoción que está apareciendo en su lugar. Esta otra emoción puede ser el miedo, la tristeza o la rabia. Son disfunciones de la falta de valoración personal que llegan a producir en la persona malestar psicológico y problemas personales y sociales.

¿Qué es la valoración personal?

La valoración personal se basa en nuestra capacidad para sabernos mirar y reconocer, para alcanzar el verdadero estatus, sin pretensiones ni inseguridades. Es saberme el centro de mi propia vida, valorarme por ello y saber que los demás ocupan su propio centro, el cual respeto y admiro.

El estatus y la valoración personal trabajan a través de la emoción del Orgullo, la cual me permite reconocerme a mí. Veo cuáles son mis fortalezas, acepto mis valores y me atrevo a mostrarme y crear. Dicha valoración, además, se basa en la autenticidad. Yo no exagero lo que tengo ni dramatizo las ausencias. Me baso en los logros, las cualidades y las características que de verdad conforman lo que soy.

Al hablar de valoración personal, nos suele venir a la cabeza la autoestima, sin que sean realmente los mismos conceptos. Una cosa es mi capacidad para valorarme y otra es mi capacidad para no solo hacer eso, sino buscar el respeto o el amor propio. Por decirlo de alguna manera, la valoración personal es el primer escalón, el requisito indispensable para que pueda haber buena autoestima.

¿Por qué no hay valoración personal?

Tanto la educación que recibimos, la cultura en la que nos criamos o las experiencias que nos suceden, van a contribuir a conectar o desconectar nuestra valoración personal. Nuestros padres son los primeros referentes que tenemos sobre cómo debemos valorarnos, haciéndolo al principio a través de ellos. Después vamos sociabilizando, vamos aprendiendo y vamos creciendo. En el transcurso a la etapa adulta, la valoración personal tiende a no quedarse estática, sino que llega a desajustarse. Algunos adultos cuentan con una sólida valoración personal, pero la mayoría no llegan a conectarla del todo, sin que eso llegue a suponer un problema.

Cuando la falta de valoración personal, sumado a experiencias negativas vividas, acaba afectando al transcurso diario de la persona, sí debe trabajarse para que pueda llegar a un equilibrio emocional. El no valorarme puede hacer que las áreas sociales, laborales o de pareja se encuentren dañadas.

¿Cuáles son los signos de falta de valoración personal?

El signo básico que aparece cuando el Orgullo no está conectado es que la persona no se ve con objetividad: o bien exagera lo que es y lo que logra, o bien no es capaz de reconocerse. La valoración personal gira en torno a mi capacidad para verme y reconocerme, por lo que si esto no lo logro de la manera adecuada, es que no hay valoración personal.

Tanto si busco constantemente ser y parecer mejor como los otros, como si siempre estoy en un segundo plano, estoy indicando al mundo que mi Orgullo no está conectado. Sobrecompenso lo que soy o no sé mirarme ni quiero que otros lo hagan.

¿Qué disfunciones se asocian a la falta de valoración personal?

Cuando una emoción no aparece, al requerir que exista un equilibrio en lo que sentimos, otra emoción ocupa su lugar. Puedo llegar a sentir rabia en lugar de tristeza ante una pérdida, por ejemplo. Esto también está asociado a la falta de valoración personal. Si no me valoro, en momentos donde yo deba hacerlo, como cuando consigo una meta o veo que un amigo logra algo, sentiré otra emoción en su lugar. Esto es lo que podemos denominar disfunciones emocionales asociadas a la falta de valoración personal.

¿Qué emociones puedo sentir en lugar de Orgullo auténtico?

Cobardía: Miedo en lugar de Orgullo
En lugar de mostrarme, siento miedo. No creo en mí mimo y siento vértigo a la hora de mostrarme, por lo que huiré de todas aquellas situaciones donde tenga que exponerme o mostrar mi valía.
Castración: Tristeza en lugar de Orgullo
Siento que realmente no hay nada que mostrar, que no merezco que me miren y que mis cualidades siempre son peores. Esto aparece como si colocase un muro entre lo que soy y el mundo, una barrera que impide que los demás me vean.
Envidia: Rabia en lugar de Orgullo
Creemos que es injusto que el otro logre algo y nosotros no. Nos molesta realmente que se haya atrevido o que lo hayan reconocido. Como no soy capaz de reconocerme y de mostrarlo a los demás, siempre premian a los demás y a mí no me miran.
Vanidad: Amor en lugar de Orgullo
Siento amor hacia mí mismo en lugar de Orgullo cuando logro algo. Esto se debe a una visión egocéntrica de mí misma, donde soy mejor que los demás y ellos deben quererme por mis logros.
Pensamiento mágico: Alegría en lugar de Orgullo
Cuando creo que todo es fruto del azar y de la suerte, que todo son regalos por lo que yo ni he luchado. Este pensamiento no es como tal algo bueno: no me valoro y creo que mis méritos son producto de la suerte.

¿Cómo podemos trabajar la auténtica valoración personal?

Cuando el Orgullo no está en su punto óptimo, si deseo equilibrarlo, debo conectar con lo que verdaderamente soy. ¿Y qué puedo empezar a hacer para valorarme y reconocerme?

  • Aprende a mirarte: para ello, pasa tiempo a solas contigo mismo, escribe sobre ti y escucha tus propias necesidades.
  • Valores y fortalezas: conecta con los valores reales que sigues y con las fortalezas que tienes.
  • Logros y éxitos: ¿Qué has conseguido en todos estos años? Haz un listado de todo aquello que has ido logrando.
  • Invierte en ti: invierte tiempo y recursos en tu crecimiento, en tu desarrollo y en tu transformación.
  • Muéstrate: para poder sentirnos válidos, también debemos relacionarnos con los demás, mostrar lo que somos e interaccionar con los otros.
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