¿Qué es el fracaso escolar?

El fracaso escolar es una de las dificultades más frecuentes a la que se enfrentan muchos niños y adolescentes. Este problema implica la incapacidad para asimilar los contenidos académicos establecidos en función de la edad y desarrollo del menor. En términos docentes, se entiende por fracaso escolar cuando un alumno no supera la educación secundaria obligatoria, aunque realmente tiene una extensión que va mucho más allá de la consecución de un simple título.

Puesto que este problema puede venir motivado por distintas causas, no cabe achacar la responsabilidad en exclusiva al alumno; por el contrario, en la mayor parte de los casos la comunidad educativa y la familia tienen también un rol importante.

La relevancia de este problema estriba en que afecta a dimensiones personales del alumno, como por ejemplo su autoestima, pero también en que puede tener un importante impacto el desarrollo de la vida posterior del mismo, si como consecuencia abandona los estudios. En estos casos, no saber orientar adecuadamente al niño en un momento dado, puede condicionar todo su futuro profesional.

Aunque este es un problema grave que no ha de ser minusvalorado, también hay que entenderlo en su justa medida. En este sentido, muchas personas ponen en entredicho el propio término “fracaso escolar”; esto se debe a que, no por no haber completado los estudios, una persona se convierta en “fracasada”. Además, hablar de fracaso puede dar a entender que se trata de un problema definitivo y sin solución. Por ello, muchas veces se habla de dificultades escolares en vez de fracaso escolar.

¿A qué se debe el fracaso escolar?

España ha sido tradicionalmente uno de los países con un mayor índice de fracaso escolar dentro de la Unión Europea. Esto pone de manifiesto que factores como el sistema educativo son importantes a la hora de propiciar este problema; sin embargo, no todo el fracaso escolar se debe a cómo se estructura la educación en nuestro país. Por el contrario, hay que tener en cuenta también factores como la circunstancia de cada niño y su ambiente socioeconómico.

Partiendo de esta base, podríamos identificar tres grandes tipos de causas que pueden dar lugar al fracaso escolar. Estas son las siguientes:

Causas inherentes al niño

Algunos de los motivos inherentes al fracaso escolar se deben específicamente a elementos propios del alumno. Aquí encontraríamos, por ejemplo, casos de niños con dificultades emocionales o fisiológicas. Sería el caso de menores con dificultades del aprendizaje, TDAH, con problemas sociales o de conducta, fobias, etc.

Lógicamente, estos niños experimentan unas dificultades adicionales en su proceso educativo, derivadas de carencias propias. Estas carencias pueden conllevar muchas veces unas necesidades especiales, que hacen que el menor necesite de un acompañamiento especial para poder mantenerse involucrado en el proceso educativo. Otras veces estas dificultades afectan solo a ciertos ámbitos, como sucede por ejemplo con la dislexia o la discalculia. Y en otras ocasiones, se trata de un impedimento a su motivación, que simplemente les hace abandonar el entorno escolar.

Causas externas al niño

Aquí hablaríamos de factores como el entorno familiar o social del menor. En estos casos, no son dificultades propias del niño, sino del ambiente que le rodea. No obstante, a pesar de ser problemas externos, son tan importantes como los internos.

Un ejemplo de este tipo de dificultad sería el de aquellos menores que viven en una familia desestructurada. En estos casos, es habitual que no se le preste atención al niño ni a su rendimiento académico. Otras veces los padres simplemente no motivan al hijo a continuar con sus estudios. E incluso, en entornos con dificultades económicas, puede suceder que la familia impida al niño su escolarización. Esto se daría por ejemplo cuando se pone a los niños a trabajar a edades tempranas, sacándolos del colegio.

Causas del sistema educativo

Un último elemento de gran relevancia en el fracaso escolar es cómo se estructura el sistema educativo. Así, por ejemplo, influyen en gran medida factores como la financiación de la educación. Lógicamente, no es lo mismo un sistema donde la educación es gratuita que otro en el que es de pago; en este último, las familias con menos recursos tendrán una probabilidad mucho mayor de fracaso escolar.

Dentro del sistema educativo también se contemplan factores como la autonomía del alumno o la permisividad del profesor. Los recursos didácticos y las metodologías pedagógicas son igualmente importantes. En definitiva, la conjunción de todos estos factores puede hacer que el fracaso escolar incremente o disminuya.

¿Cómo podemos saber si nuestro hijo está teniendo fracaso escolar?

Detectar que nuestro hijo puede estar sufriendo fracaso escolar no es fácil, especialmente al comienzo. Evidentemente, cuanto antes identifiquemos el problema más fácil será solucionarlo; sin embargo, muchas veces no se hace patente hasta que ya es demasiado tarde.

Por estos motivos, es importante que los padres estén atentos ante posibles señales de alarma. Estas pueden servir como preaviso, para empezar a trabajar con el niño antes de que el problema vaya a más. Así, entre los síntomas tempranos de fracaso escolar, encontraríamos los siguientes:

Síntomas emocionales y conductuales
  • El niño no se siente cómodo en el entorno escolar.
  • Desajustes en los hábitos alimenticios o del sueño.
  • Actitud desafiante o desobediente.
  • Sensación de ansiedad o estrés.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Dependencia excesiva del teléfono móvil o los videojuegos.
  • Actitud dominante o agresiva, ya sea con la familia o con otros niños.
  • Sentimientos de tristeza o depresión.
  • Sensación de baja autoestima.
Síntomas de maduración y habilidades sociales
  • El niño sufre o infringe acoso escolar.
  • El niño tiene relaciones conflictivas con sus compañeros o amigos.
  • Dificultad en las relaciones sociales o en la comunicación con otras personas.
  • Actitud, esquemas mentales o comportamientos muy rígidos.
  • Problemas de audición o dificultades en la percepción de sonidos.
  • Desarrollo verbal inferior a lo que sería esperable según la edad.
  • Menores habilidades psicomotrices de lo que correspondería según la edad.
  • Dificultades en la visión del niño.
Síntomas educativos y escolares
  • Dificultades en la capacidad de escritura.
  • Dificultades en el desarrollo de las capacidades de cálculo.
  • Capacidad de lectura inferior a lo que correspondería según la edad.
  • Dificultad en la comprensión de la comunicación no verbal.
  • Capacidades de razonamiento numérico o verbal insuficientemente desarrolladas.
  • Dificultad para el desarrollo de la memoria o de esfuerzos de concentración.
¿Qué tipos fracaso escolar hay?

Como ya hemos dicho, entendemos por fracaso escolar aquellos casos en los que un alumno no alcanza el rendimiento esperado. Lógicamente, este rendimiento varía en función de factores como la edad o el curso que se estudia. Sin embargo, el tipo de fracaso que puede producirse no es siempre el mismo, sino que existen situaciones diferenciadas.

Así, prácticamente todos los expertos en la materia coinciden en diferenciar cuatro tipos distintos de fracaso escolar:

Tipos de fracaso escolar
  • Fracaso primario. Este se da cuando el rendimiento académico del niño es pobre desde un primer momento. Suele deberse a problemas inherentes al niño, como dificultades madurativas o problemas emocionales o fisiológicos. Habitualmente requiere de un apoyo adicional y constante al niño, ya que el objetivo es cubrir una carencia del mismo; esto es importante ya que, de no corregirla, esta dificultad puede convertirse en un elemento que de lugar a un fracaso escolar permanente.
  • Fracaso secundario. Aquí hablamos de un fracaso escolar que se produce en una etapa más avanzada de la educación del niño; así, puede ocurrir incluso tras años en los que el desempeño académico ha sido bueno. En estos casos no hablamos de un problema ocasionado por elementos inherentes al niño, sino por causas externas. Un ejemplo típico de esto sucedería cuando el menor pasa de primaria a secundaria. En estos casos, se trata de una etapa pasajera que, si se gestiona adecuadamente, puede superarse con éxito.
  • Fracaso circunstancial. En estos supuestos hablamos de fracasos que se dan manera aislada y que responden a unas circunstancias excepcionales. Lo más importante es averiguar las causas que lo originan, para así poder abordarlas adecuadamente. Sería el caso, por ejemplo, de niños cuyos padres se están divorciando, o que han perdido a un ser querido. Puesto que se trata de circunstancias que afectan a cualquier persona, muchas veces se dan también en buenos estudiantes.
  • Fracaso habitual. Este es el tipo de fracaso más persistente y complejo. Suele caracterizarse porque el niño, desde un comienzo, presenta un rendimiento académico pobre y problemas en el entorno escolar. Además, viene motivado por múltiples factores, tanto inherentes al niño como externos. Por este motivo, se trata del tipo de fracaso escolar más peligroso para el menor y de más difícil resolución.
¿Cómo se puede prevenir el fracaso escolar?

En primer lugar, es importante identificar si el niño realmente sufre fracaso escolar. Muchos padres asumen que el rendimiento de su hijo es desastroso, cuando realmente no es así. Por ello, hay que contextualizar y comprender si realmente el resultado académico es tan pobre como se piensa.

En el caso de que realmente nos encontremos ante un caso de fracaso escolar, el siguiente paso es identificar qué causas lo motivan y de qué tipo se trata. Esto es crucial para determinar el curso de acción a seguir y decidir cómo hemos de apoyar al menor. Lógicamente habrá que centrarse en las carencias más importantes del niño, aunque no solo en estas. Puesto que las causas del fracaso escolar son múltiples, generalmente su prevención requiere intervenir en muchas de ellas simultáneamente. Así, algunas de las pautas de acción básicas son las siguientes:

  • Fortalecer la autoestima del niño.
  • Mejorar la capacidad de concentración y atención del menor.
  • Ayudarle a desarrollar sus habilidades de lectura, escritura y comprensión.
  • Potenciar la memoria, ya que es un elemento imprescindible para el desarrollo de la inteligencia.
  • Enseñarle hábitos de estudio para que evite distracciones y pueda concentrarse.
  • Dar afecto y apoyo emocional al niño, tanto si sus resultados son buenos como si no.
  • Fomentar su autonomía y su capacidad de toma de decisiones, para que asuma responsabilidades.
  • No hacer juicios negativos ni comparaciones desfavorables con otros niños.
  • Enseñar perseverancia y constancia ante los fracasos, ya que es imprescindible soportar la frustración.
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