¿Qué son las habilidades sociales?

Las habilidades sociales consisten en las capacidades que tiene cada individuo para relacionarse con los demás. Podríamos definirlas como las herramientas de comunicación que usamos para interactuar con otras personas. Estas herramientas pueden ser de distinta naturaleza, así como verbales y no verbales. Así, por ejemplo, serían habilidades sociales la capacidad de escucha, el control emocional, la resolución de conflictos, etc.

Este conjunto de habilidades está muy relacionado con la autoestima, esto es, el modo en que nos autopercibimos; esto se debe a que, si no nos respetamos a nosotros mismos, muy difícilmente conseguiremos que los demás nos respeten. Es por esto que estas habilidades son tan importantes, resultando decisivas para un buen desempeño social y profesional.

El ser humano es un animal social, motivo por el cual es tan importante saber relacionarse con otros individuos. Desde un punto de vista biológico, esto es de gran importancia; en la medida en que podamos comunicarnos exitosamente, podremos crecer, nutrirnos y permanecer seguros protegidos por el grupo. Sin embargo, la importancia de las habilidades sociales va mucho más allá de las meramente biológicas. La capacidad de desarrollo personal y realización de un individuo está íntimamente ligada a la aprobación social.

De hecho, estas habilidades sociales son tan importantes que cada vez se les presta mayor atención. Tradicionalmente, se consideraba que un niño era inteligente si era hábil matemáticamente o en el razonamiento lógico. Estos eran los famosos test de inteligencia o de cociente intelectual. Sin embargo, en los últimos tiempos se enfatiza cada vez más la importancia de la denominada inteligencia emocional. Esta última es, precisamente, la base que sustenta estas habilidades sociales.

¿A qué se deben los problemas de habilidades sociales?

El correcto desarrollo de las habilidades sociales es crítico para la adaptación de las personas a su entorno. Esto significa, por tanto, que cuando existe un problema con las habilidades sociales este repercute gravemente sobre el individuo. La carencia de estas capacidades puede generar ansiedad, estrés, aislamiento social, etc.

En cualquier caso, resulta de gran importancia señalar que las habilidades sociales no son innatas. Evidentemente, hay personas que pueden tener más o menos desarrolladas estas capacidades; sin embargo, esto no quiere decir que no se puedan desarrollar, practicar y potenciar. Se trata de comportamientos que se pueden mejorar a través de la repetición y el aprendizaje. Así, estas habilidades comienzan a aprenderse desde la infancia, y evolucionan a lo largo de toda la vida.

Lógicamente, esto puede explicar muchos de los casos de falta de habilidades sociales. Muy frecuentemente, el problema está en que estos comportamientos no se han enseñado en la niñez o simplemente no se han potenciado lo suficiente, por lo que la persona simplemente no ha aprendido cómo utilizarlas.

Otras veces, el problema es que no se han podido desarrollar estas capacidades por no haber tenido suficiente contacto social. Por ello, es normal que aquellos niños que han vivido sin interrelacionarse con otros menores presenten este tipo de problemas. Simplemente, no han tenido la ocasión de practicar.

Una baja autoestima puede ser también uno de los factores causantes de falta de habilidades sociales. Esto se debe a que aquellas personas que no se sienten bien consigo mismas generalmente se encuentran inseguras; esto hace que teman la desaprobación de otros individuos, preocupándose en exceso por la opinión de los demás. Igualmente, la falta de empatía es otra de las causas más frecuentes de falta de habilidades sociales.

¿Cuáles son los principales síntomas de la falta de habilidades sociales?

El signo más evidente de la falta de habilidades sociales está en las dificultades para relacionarse con otras personas. Sin embargo, esta es únicamente la manifestación más extrema, por lo que merece la pena prestar atención a señales previas. Así, algunos de los signos distintivos más frecuentes de este problema son los siguientes:

  • Dificultad para relacionarse con otros individuos.
  • Timidez, retraimiento, falta de interés por participar en conversaciones con otras personas.
  • Conflictos frecuentes con otras personas.
  • Incapacidad para controlar las emociones, el enfado o la ira.
  • Desarrollo de conductas inadecuadas, como gritar, insultar o amenazar.
  • Interrupciones constantes a las otras personas.
  • Búsqueda de protagonismo o necesidad de tener siempre la razón.
  • Actitud defensiva o permanentemente alerta.
  • Falta de asertividad.
  • Elevado nivel de ansiedad o estrés.
  • Dificultades a la hora de cumplir reglas o normas sociales.
  • Sensación de no valer o de baja autoestima.
  • Temor a ser rechazado o a la desaprobación.
  • Bajo rendimiento escolar o profesional.
¿Existen diferentes tipos de habilidades sociales?

Cuando hablamos de habilidades sociales, realmente estamos incluyendo bajo esta categoría una variedad muy amplia de capacidades distintas. Es por esto que, desde un punto de vista profesional de la psicología, se habla de categorías plenamente diferenciadas. Así, tradicionalmente se suele distinguir entre seis grupos o subtipos:

Habilidades sociales básicas

Estas son las primeras capacidades que se desarrollan en la infancia, y son las imprescindibles para comunicarse de manera efectiva. Implican el conocimiento sobre cómo iniciar o desarrollar una conversación, mantener una escucha activa o realizar preguntas. En esta categoría se incluyen también otras herramientas, como el presentarse, utilizar fórmulas de cortesía o hacer un cumplido.

Habilidades sociales avanzadas

Aquí encontramos unas habilidades de mayor complejidad que las básicas, aunque aun relativamente sencillas. Se suelen desarrollar en una fase más avanzada de la vida, conforme hay que afrontar entornos sociales más sofisticados; se trata de estrategias que generalmente se relacionan con la persuasión. Aquí encontraríamos capacidades como las necesarias para aportar una opinión en una conversación, solicitar ayuda, dar instrucciones o pedir disculpas.

Habilidades sociales afectivas

En este grupo se engloban las habilidades que nos permiten identificar y gestionar las emociones, tanto propias como ajenas. Se trata de las capacidades que se relacionan con lo que sentimos. Esto implica aspectos como la empatía, la habilidad para expresar cómo nos sentimos, el respeto a las emociones ajenas, el control de los miedos y la capacidad para afrontar el enfado de otros o para consolarles o darles ánimos.

Habilidades sociales de negociación

Las habilidades de negociación son las que nos permiten gestionar o controlar nuestra agresividad, evitando el conflicto con otras personas. Implican la capacidad para resolver disputas sin tener que recurrir a la violencia, buscando que todas las partes ganen algo. Encontraríamos aquí estrategias como el compartir, la capacidad de renuncia, la tolerancia o la asertividad. Otras capacidades de negociación serían la defensa de los derechos propios, de reírse de uno mismo o de evitar peleas.

Habilidades sociales de autocontrol

Estas habilidades, a diferencia de las anteriores, hacen referencia a la capacidad de evitar conflictos internos. Se trata de las herramientas de que disponemos para evitar ser dominados por la tensión, la ansiedad o el estrés. Hablaríamos por tanto de estrategias como la capacidad de controlar la vergüenza, la tolerancia al fracaso o la deportividad.

Habilidades sociales de planificación

Por último, encontramos esta categoría que se relaciona íntimamente con la capacidad de toma de decisiones. En este contexto hablaríamos de conceptos tales como la habilidad para marcarse metas y objetivos, el identificar los problemas que hemos de afrontar, reconocer las aptitudes y limitaciones propias, analizar y recoger información, priorizar o permanecer centrados en una tarea.

¿Cómo se puede mejorar la falta de habilidades sociales?

Afortunadamente, como ya hemos explicado, las habilidades sociales no son solo algo innato, sino que se pueden cultivar y desarrollar. Se trata de hábitos que se pueden adquirir y potenciar mediante la práctica y la repetición. Los niños lo hacen de manera inconsciente, aunque también los adultos pueden realizarlo de manera deliberada. Esto es algo muy positivo, ya que nos permite entender que los problemas de falta de habilidades sociales son solucionables.

Obviamente no existe una única forma de desarrollar las habilidades sociales, ya que estas son muchas y muy variadas. Cada una de estas, o al menos cada una de las tipologías antes vistas, requiere un enfoque específico. Esto es porque, lógicamente, es muy diferente la forma de desarrollar capacidades tan distintas como la negociación, el autocontrol o la planificación, donde cada una de estas difiere sustancialmente del resto.

Por lo general, aquellas personas que desean mejorar estas aptitudes, no saben cómo hacerlo por sí mismas. Es por esto que muchas clínicas de psicología ofertan distintos tipos de cursos o talleres, frecuentemente en modalidad grupal. Este tipo de intervención, acompañada junto con un asesoramiento psicológico, suele ofrecer grandes resultados. Mediante la práctica y empleando las técnicas adecuadas, se puede conseguir estar a gusto relacionándose con otras personas.

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