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mujer con problemas sexuales

¿Qué es la dispaurenia?

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Terapia psicológica

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La dispareunia o coitalgia se caracteriza por un dolor genital intenso que ocurre de forma recurrente antes, durante o tras las relaciones sexuales. En consecuencia, surgen sentimientos de malestar, angustia, y conflicto interpersonal en quienes lo padecen.

Se trata de un problema que afecta tanto a población femenina como masculina. Pese a ello, existen algunas diferencias.

La dispaurenia en hombres

Hasta hace poco, este trastorno se vinculaba exclusivamente a las mujeres, no obstante, ya se reconoce su presencia en la población masculina. Las molestias manifestadas en estos casos se relacionan con intenso dolor en el pene durante la eyaculación. Asimismo, aunque menos frecuentemente, también aparece malestar en el prepucio, los testículos, la uretra y glándula prostática.

La dispaurenia en mujeres

Cuando se habla de dispaurenia no se debe hacer alusión exclusivamente a las parejas heterosexuales. El dolor genital puede darse igualmente entre dos mujeres o dos hombres, no obstante, se constata mayor probabilidad de encontrarlo en una pareja homosexual femenina.

Asimismo, dentro de una heterosexual, será ella quien tenga de nuevo, mayor posibilidad de contraer esta dispaurenia. Las molestias vinculadas a los hombres suelen acontecer ante la presencia de problemáticas en mujer ya sea, debido a lesiones o traumatismos del aparto sexual, infecciones, problemas psicológicos, falta de lubricación, etc.

La sintomatología relativa a este colectivo se relaciona con una disminución de la lubricación vaginal, sequedad, irritación y dolor vulvar. Además, esta problemática puede llegar a acarrear dificultades en el tracto urinario generándose similares sensaciones de dolor o irritación.

¿Trastorno de dolor o disfunción sexual?

Si se tienen en cuenta las manifestaciones, síntomas y malestares de índole más física dentro de esta dispaurenia, cabría preguntarse por qué dentro del DSM 5 no queda clasificada como un trastorno del dolor.

La dispaurenia, además de esta apreciación física, involucra muchos aspectos de la vida diaria derivando en problemas de insatisfacción sexual o incluso, atacando de manera directa a la calidad de vida de las personas, de sus parejas y su autoestima. Es así, que, considerando la salud mental como un derecho humano, este diagnóstico entra dentro de las disfunciones sexuales y queda fuera de lo puramente físico.

Se ha demostrado como, a largo plazo, esta importante molestia puede derivar en diagnósticos de ansiedad, fobias y conductas evitativas frente al sexo.

Origen de la dispaurenia

Causas exclusivas del sexo femenino

Tal y como se ha comentado anteriormente, las mujeres tienden más a padecer dicha dolencia genital. Dentro de esta población, la prevalencia aumenta tras el parto. El momento de dar a luz consiste en un importante factor para la emergencia de la dispareunia, siendo más frecuente el dolor vaginal en las mujeres conforme aumenta el número de partos o cesáreas experimentadas.

Otro significativo factor de riesgo en este colectivo se atribuye a la presencia de ciertas actitudes de rechazo hacia el sexo. Se observa mayor probabilidad de diagnóstico en mujeres que no practican la masturbación o que se muestran inconformes con su sexualidad.

Finalmente, cabe destacar una larga lista de causas de índole obstétrico y ginecológico que aumentan la probabilidad de padecer dispaurenia.

  • Endometriosis
  • Enfermedad inflamatoria pélvica
  • Prolapso uterino
  • Útero retrovertido
  • Fibromas uterinos
  • Cistitis
  • Disfunción del suelo pélvico
  • Adenomiosis
  • Hemorroides
  • Quistes ováricos
  • Síndrome del intestino irritable
  • Infecciones en la vulva, hongos o bacterias.
  • Presencia de enfermedades de trasmisión sexual
  • Periodos hormonales (menopausia o lactancia) de falta de estrógenos que generen una falta de lubricación a la hora de mantener relaciones.
  • Vaginismo: los espasmos involuntarios que se dan durante el acto sexual pueden causar molestias al penetrar.

Causas comunes a hombres y mujeres

Por otro lado, existen una serie de dificultades a nivel emocional que bloquean o entorpecen una óptima excitación sexual. Sin una correcta excitación, la lubricación genital puede ser escasa e insuficiente para proteger la zona íntima y evitar el dolor.

En este bloque se encuentran, por tanto, diagnósticos de ansiedad o depresión, baja autoestima o sensaciones de invalidez frente al acto sexual. En la misma línea, se hablaría de la presencia de miedos paralizantes o creencias disfuncionales que impiden disfrutar de las relaciones íntimas. Dichos temores, en ocasiones, provienen de historias de abuso sexual o agresión, escenarios traumáticos que habrá que explorar en profundidad durante la evaluación clínica. Este estilo de vivencias poseen un valor significativo de alerta, ya que, pueden derivar en trastornos de estrés postraumático.

Cabe destacar, como el estrés emergente dentro de esta etiología más afectiva también posee un impacto a nivel fisiológico. La tensión de los músculos genitales y del suelo pélvico se ve aumentada con altos niveles de estrés, generándose, así, mayor prevalencia de dolor.

En última instancia, se sabe que el uso de ciertos medicamentos influye de nuevo en la lubricación sexual: antidepresivos, sedantes, antihistamínicos o la píldora anticonceptiva.

Principal sintomatología

En lo relativo a las mujeres, las principales manifestaciones se vinculan a:

  • Ardor o irritación vaginal y/o vulvar.
  • Baja lubricación vaginal y sequedad vaginal.
  • Dolor vaginal durante la penetración.
  • Problemáticas y molestias urinarias.
  • Ansiedad y estrés ante el dolor en el acto sexual.
  • Rechazo al sexo y conductas evitativas.
  • Sentimientos de frustración e invalidez frente a las relaciones sexuales.

En lo que respecta al aparato masculino, suele darse malestar en el pene, los testiculos y la glándula prostática principalmente durante la penetración y la eyaculación.

Tratamiento de la dispaurenia

Cada caso es único

Como se ha descrito anteriormente, la dispaurenia posee un carácter multicausal. Será en función de su etiología que se determina el tratamiento más eficaz para abordar la problemática. Por ello, resulta primordial llevar a cabo una exhaustiva evaluación del o la paciente de manera previa a la intervención. Esta valoración se compone de:

  • Una profunda exploración ginecológica
  • Un análisis de la historia sexual de la o el paciente.
  • Un estudio de su vida actual, parejas sexuales, relaciones intrapersonales.

De esta forma, se pretende configurar un perfil del o la paciente lo más completo con el fin de generar una intervención lo más personalizada y eficaz posible, motivo por el cual es importante proceder tanto al diagnóstico fisiológico como a la evaluación psicológica. En función de las circunstancias del paciente se puede hacer uso de diversos métodos para abordar la dispaurenia.

Cómo intervenir

Cuando el origen de las dificultades sexuales deriva en mayor proporción de bloqueos psicológicos, la psicoeducación sexual resulta fundamental. Si la o el paciente se encuentra dentro de una relación afectiva, se considera indispensable que ésta le acompañe y colabore en la terapia. Ambas partes son piezas claves en aspectos como la mejora de la comunicación sexual, la intimidad en la pareja, la satisfacción y en consecuencia, la excitación.

Si se han constatado historias de abuso o agresión en la persona que acude a consulta, elterapeuta será responsable de abordarlas en consulta. Las historias traumáticas pueden estar originando en la actualidad conductas evitativas y fóbicas frente al acto sexual.

Por otro lado, desde un punto de vista más externo, será prudente paliar las molestias tópicas y físicas aludiendo a alternativas tales como:

  • Limitación de la penetración hasta que remitan las dolencias.
  • Uso de lubricantes naturales o geles que faciliten la lubricación genital.
  • Uso de hidratantes vaginales que disminuyan los picores, ardores y molestias cutáneas.
  • Favorecer la producción de estrógenos en la mujer: se normaliza el pH ácido aumentando, así, la vascularización del epitelio y la lubricación genital.
  • Tratamientos de fisioterapia vaginal.

En última instancia, y siempre bajo un trabajo en red con otros profesionales sanitarios, se puede hacer mano de herramientas farmacológicas si se considera necesario.

Cabría subrayar como, teniendo en cuenta el intenso dolor que emerge de la dispaurenia, la forma más común de tratarla, ha sido mediante esta prescripción de medicamentos. No obstante, y como se ha comentado, este importante impacto físico acaba por generar daños a nivel psicológico. Por tanto, se podría afirmar como será necesario reducir esta intensa respuesta psicológica pese a que a corto plazo los dolores físicos hayan disminuido. De hecho, en este aspecto cabe destacar la especial importancia de la sexología como disciplina que aborda de manera efectiva estas situaciones.

Cuando se lleva a cabo un proceso terapéutico se fijan objetivos tanto a corto plazo como a largo plazo. No debemos caer en el error de frenar el trabajo psicológico cuando percibimos una mejoría únicamente en aquellas metas más cercanas. En estos casos, los y las paciente caen en una falsa percepción de eficacia y si cesan la intervención puede que poco tiempo después, tenga lugar una recaída de los síntomas.

Referencias

American Psychological Association [APA]. (2013). Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5). Editorial Medica Panamericana

Espitia, F.J. (2021). Prevalencia y caracterización de los factores asociados a dispareunia en mujeres con antecedente de parto vaginal o cesárea. Revista chilena de obstetricia y ginecología, 86 (5), 435-443.

Villareal, J.A. (2019). Dispaurenia masculina. Anales de la facultad de medicina, 80 (1), 79-85.

Spengler, L.M., De Dios, E., Roque, L. y Maurisset, D. (2020). Dispaurenia y vaginismo, trastornos sexuales por dolor. Revista cubana de Medicina Militar, 49 (3).

Zambrano, E.H., Zambrano, K.A., Zambrano, J.A. y Toral, S.S. (2019). Etiología y tratamiento de la dispareunia. Revista Científica Mundo de la Investigación y el Conocimiento, 3 (3), 643-65.

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