La rabia es una de las emociones a la que más connotaciones negativas suelen asociarse. Se relaciona con gritar, explotar, invadir o incluso agredir a la persona que tenemos enfrente. Sin embargo, es en sí una emoción que debe llevar un tono neutro pero que, como todas, corre el riesgo de elevarse en exceso o de inhibirse. Su mala gestión nos convierte en personas que pueden caer en la sumisión o en la agresión, dependiendo de cada uno o del momento. Sin embargo, entenderla y saber cómo usarla nos ayudará a tener mejores relaciones con los demás y con nosotros mismos.

Funciones de la Rabia

La rabia es una de las emociones que más energía moviliza en la persona. No es única del ser humano, los animales también la sienten, y tiene como base la misma función: protegernos. Nos ayuda a defendernos, cortar malas relaciones, parar las agresiones, movilizar nuestra energía. Tiene en nosotros también una función social, buscando el equilibrio en las relaciones y el sentido de justicia. Es una emoción sana, que busca la verdad y percibe la realidad en el momento presente. Cuando la usamos anticipando el futuro o anclada en el pasado, no nos ayudará y se convierte en un lastre para nosotros.

La búsqueda de la justicia y el equilibrio en las relaciones nos lleva al respeto mutuo y al apoyo. Es imprescindible en cualquier tipo de relación, sin importar la profundidad de la misma y necesita que amabas personas sepan usarla. Para usarla se necesita energía y permitir que salga constantemente, en su dosis equilibrada. Inhibirla o prohibirla solo llevará a explosiones intermitentes que nos harán daño.

La Rabia auténtica

Cada emoción se asocia a diversas estructuras y momentos donde alcanza su verdadero valor. Solo en esas situaciones nos ayuda y es funcional. Cuando colocamos una emoción donde no toca, sentimos que puede desbordarnos, que nos bloquea o que no avanzamos. La rabia tiene como estructura la justicia, la verdad y la defensa en las agresiones, por pequeñas o grandes que sean.

Si sufrimos una mentira, una injusticia, un engaño o una traición, debemos usar la rabia para pararlo. No se trata de atacar al otro o de vengarse, sino de no permitir que nos hagan daño. La usamos para cortarlo y poder avanzar, desde la necesidad y el derecho a que nos respeten.

Así se usa la Rabia

La rabia tiene una fórmula para poder usarse de forma correcta en situaciones sociales. Por un lado, la primera parte de la fórmula consiste en expresar la queja o la crítica, sin elevar el tono ni usar desvalorizaciones hacia la otra persona. La segunda parte de la fórmula genera una alternativa, la manera correcta de actuar. «Así no quiero las cosas y así sí las quiero».

Generalmente usamos la rabia para únicamente aleccionar, expresar lo que el otro debería hacer o simplemente para quejarnos. Sin embargo, debemos combinar ambas partes y en el orden correcto. Lo que no queremos delante seguido de la alternativa. «Así no, así sí». Por ejemplo, si estamos en una reunión con amigos y uno de ellos hace un comentario negativo sobre la ropa que llevamos, debemos pararlo desde la rabia: «No me gusta que opinen sobre mi ropa; si tienes una sugerencia, puedes buscar otra forma de decírmelo y sin que haya más gente delante».

La rabia corta, sin alargarse ni dar explicaciones. Al principio puede dar miedo, no nos gusta parecer maleducados, pero si no lo hacemos, los demás nos invadirán y nos sentiremos aún peor.

Disfunciones de la Rabia

Todas las emociones que sentimos están diseñadas para ayudarnos. Aunque las distingamos en positivas o negativas, eso solo hace referencia a la sensación que al principio nos producen. La función realmente siempre es positiva porque nos ayudan a solucionar conflictos, buscar soluciones o mejorar nuestras relaciones. La premisa es que deben ser usadas en los momentos donde sí van a ayudarnos. Cada emoción tiene su función y fuera de ahí serán disfuncionales. La tristeza obedece a la pérdida o al duelo, la rabia a la justicia o el miedo a la detección de futuras amenazas o al saber decir ‘no’. Si las intercambiamos, si siento rabia cuando pierdo algo o miedo ante un ataque verbal, no podremos resolverlo y sentiremos otras emociones posteriores como la culpa o la frustración. Usar cada emoción de forma correcta nos lleva al orgullo y la admiración propia.

Uso Rabia en lugar de Miedo

Cuando siento que algo me amenaza, que me pueden invadir o que corre riesgo mi seguridad, uso el miedo para detectarlo y anticiparlo. Esto establece límites y me pongo a salvo. Si ante una amenaza a mi seguridad no uso el miedo y uso la rabia puedo perder el control y emporar la situación.

Nos han puesto para mañana un examen, sin margen para estudiar. Aunque es una amenaza a mi nota media y puedo suspender, lo vivo como injusto y con rabia. Esto me bloquea, me quedo anclado en esta emoción y no me concentro en estudiar. Al final, la amenaza se cumple, ya que no he usado el miedo para poner límites.

Uso Rabia en lugar de Tristeza

Cada vez que se produce una pérdida en nuestra vida, del tipo que sea, la emoción correspondiente sería la tristeza. Sin embargo, cuando no nos llevamos bien con las pérdidas o la tristeza nos cuesta, tendemos a usar la rabia, lo que no nos ayudará a buscar soluciones o a alternativas, como sí haría la tristeza sana.

Si llego tarde al aeropuerto y no cojo el avión, puedo vivir esa pérdida como algo injusto. Esa explosión emocional no me permitirá pensar y buscar soluciones alternativas para poder llegar al destino.

Uso Rabia en lugar de Orgullo

El orgullo es la emoción de la admiración propia y ajena, es valorar los logros, las cualidades personales. Cuando va dirigida hacia uno mismo, cuando hemos conseguido algo, nos es relativamente fácil sacar el orgullo. Pero en otros casos, cuando quien lo consigue es un compañero, puede darnos envidia y celos. Esto ocurre porque, en lugar de admirar al otro, sentimos rabia. Una parte disfuncional de esta emoción que nunca cambiará la realidad, pero sí nuestro equilibrio emocional.

Uso Rabia en lugar de Amor

La emoción del amor nos une a los demás, genera confianza, entorno seguro y apoyo mutuo. No siempre nos permitimos sentirlo, especialmente cuando estamos arrastrando problemas o limitaciones pasadas. Uso la rabia como sustituto, para no perder el control y no soltar, algo que sí haría el amor, ya que es la entrega a la hora de confiar en el otro.

Uso Rabia en lugar de Alegría

¿Qué pasa cuando tenemos un mal día y vamos a una fiesta? Que el enfado lo trasladamos allí. Estamos irritables, hablamos mal a los demás y la gente llega a rechazarnos. Esto sucede cuando no fluimos a través de la alegría y nos quedamos instaurados en la rabia, una emoción que detecta una injusticia cuando solo hay una fiesta.

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