La tristeza es entendida como una emoción negativa. Socialmente le atribuimos desesperanza, vacío, soledad, bloqueo y apatía. Pero ¿es todo negativo en ella? Nunca nos hemos planteado que pudiera existir una cara constructiva de la tristeza. Sin embargo, muchas de las habilidades cognitivas con las que contamos ocurren gracias a esta emoción. No todo es malo, pero sí hay que saber entenderla y gestionarla adecuadamente.

¿La tristeza es negativa?

Socialmente siempre hemos separado las emociones en positivas o negativas, en función de lo que nos hicieran sentir. En el saco de las negativas, por tanto, metemos la tristeza, ya que la atribuimos depresión, fatalismo o pensamientos negativos. Además, si hablásemos de sentirnos solos o culpables, también diríamos que tiene que ver con esta tristeza. Sin embargo, ninguna emoción es realmente negativa. Toda emoción está diseñada para ayudarnos a alcanzar una estructura positiva para nosotros. Lo que ocurre es que, algunas de las emociones, sí generan un malestar percibido, especialmente si no están bien gestionadas.

Cada emoción busca algo bueno para nosotros, independientemente de que sea rabia, miedo o tristeza. Y para alcanzar la estructura deseada, debemos entender cómo funciona la emoción, cuáles son los estímulos que la activan y qué debemos hacer para usarla correctamente.

Pérdidas y desarrollo

Nuestras emociones van activándose a medida que interacciones con las personas o con las diferentes situaciones que vivimos. Igual que vimos que la rabia se activaba ante las injusticias y nos ayudaba a defendernos, la tristeza también tiene un detonante. Ese detonante es la pérdida. Aquello que perdemos, que se rompe o que no cumple nuestras expectativas, activará la tristeza. Pero ¿con qué fin? Con el fin de que podamos generar alternativas y soluciones y podamos llegar a un desarrollo. Por ejemplo, si pierdo mi salud, la tristeza me ayudará a encontrar soluciones. Si mi teléfono se estropea, la tristeza me ayudará a encontrar la forma de arreglarlo.

Como emoción, baja nuestro nivel de activación para que el cerebro pueda pensar con claridad. Si estamos muy activados, como ocurre con estados de rabia, no podríamos pensar. Tenemos que bajar la activación para introducirnos en la búsqueda de soluciones.

La estructura que va a alcanzar la tristeza es el desarrollo. No quiere decir que estemos mejor que al principio, sino que, una vez que aparece la pérdida, vamos a poder salir de ella. Si mi móvil se estropea, me gastaré dinero en arreglarlo, pero saldré de la situación en la que no tengo móvil.

Habilidades cognitivas

De forma constructiva, debemos relacionar la tristeza con cualquier habilidad cognitiva que esté persiguiendo el desarrollo. Pensar, comunicarnos, expresar una opinión, buscar alternativas o generar un plan de acción, entre muchas otras, estarían dentro de las herramientas que usaría la tristeza. Y, como vemos, esas habilidades no son las que a nivel social tendemos a relacionar con esta emoción.

Pero ¿puedo mediante la tristeza usar siempre esas habilidades? Para que las usáramos de forma óptima, la pérdida tendría que haber ya ocurrido (no puedo gestionar un futuro que no sé si ocurrirá, por ejemplo) y, además, no estar viviendo la emoción como algo desbordante. Tanto si la usamos cuando no es necesaria como si la estamos sintiendo en exceso, podría bloquearnos y no alcanzaríamos el desarrollo deseado.

Pérdidas reales

Si queremos que esta emoción nos ayude correctamente, tenemos que entender que solo es constructiva ante pérdidas reales. Esas pérdidas reales serían aquellas que ya han ocurrido. No valdrían las que estamos anticipando ni aquello que en sí no sea una pérdida. Si la pérdida yo la estoy trayendo del futuro, me generaría ya malestar, pero no tendría control sobre ella para poder solucionarla, ya que aún no ha ocurrido.

Si la tristeza quiere que alcancemos el desarrollo, deberá hacerse cuando la pérdida ya la estamos viviendo, nunca antes. Solo desde ahí podremos generar las soluciones y alternativas necesarias.

¿Qué no es tristeza auténtica?

Todo aquello que vivamos como tristeza pero que no se esté activando ante la pérdida, seguramente sea una falsa tristeza. No quiere decir que yo no la sienta y la sufra, sino que, simplemente, debería poder sentir y usar otra emoción que me ayude mejor.

  • Tristeza en vez de miedo: Aquí acabamos sintiendo derrotismo. Veo que hay una amenaza a mi seguridad (un virus que podría enfermarme) y, en lugar de poner un límite de seguridad para que esto no ocurra (mascarilla), siento tristeza. Al final, el derrotismo me hará no ponerme a salvo.
  • Tristeza en vez de rabia: esta disfunción nos lleva a la culpabilidad. Ante una situación de injusticia o agresión, conecto con la tristeza en lugar de la rabia. No me defenderé, sino que me haré pequeño.
  • Tristeza en vez de orgullo: no valoro lo que soy o lo que hago, sino que creo que todo es insignificante. No me veo merecedor de nada, no está a mi alcance.
  • Tristeza en vez de amor: corto el vínculo afectivo con los demás. Lo doy por perdido o, incluso, siento que soy incapaz de querer a los demás.
  • Tristeza en vez de alegría: es la negatividad. Donde debo fluir, divertirme o estar feliz, siento que lo voy a perder todo de un momento a otro. Eso me impide disfrutar la situación.
La queja y el derrotismo

Dos de los problemas que puede ocasionarnos el exceso de tristeza son la queja y el derrotismo. Cuando esta emoción aparece ante situaciones que no son una pérdida, sentimos que no tenemos control sobre la situación. Dejamos que todo nos arrolle y caemos en la queja continuada. No somos conscientes de que, aunque nuestra inercia nos lleve a la tristeza, tenemos otros recursos emocionales.

La tristeza es la emoción del desarrollo, de la comunicación y del pensamiento crítico. Pero no debemos limitarnos a quedarnos anclados a ella. Todo aquello que nos ofrece es útil y necesario, pero solo ante las pérdidas reales. Para todo lo demás, tenemos diferentes emociones que podrán también ayudarnos.

Toda emoción busca algo positivo para nosotros. Si no lo estamos logrando, tendremos que escuchar a esa emoción y saber qué sería lo mejor en ese momento.

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