El concepto de compasión está cobrando especial importancia en el ámbito psicológico. Sin embargo, nos resistimos a usarlos o a hablar de ello ya que se ha confundido siempre con la lástima. Mientras un concepto nos hablaría del amor (también el propio) el otro hablaría de pena y tristeza. Pero ¿qué ocurre, además, cuando mezclamos todas esas emociones?

¿Qué es la compasión?

La compasión es la capacidad que todo ser humano tiene para poder entender, empatizar con los demás y poder apoyar al otro. Se basa en que observamos que una persona tiene un problema que hace que esté mal y desde la compasión, interpretamos lo que siente y buscamos mecanismos para aliviar ese dolor. Ese alivio, en muchas ocasiones, simplemente lo da el proceso de escuchar o estar al lado de la otra persona.

Nuestro cerebro está diseñado para poder leer las emociones de los demás en base al lenguaje verbal y no verbal. Podemos saber si el otro sufre y orientarnos a mostrar ayuda y apoyo. Es una cualidad que todos tenemos pero que, con el paso de los años, con nuestra educación y nuestra cultura, se distorsiona. Es donde la compasión se puede volver hacia la lástima, hacia la necesidad de salvar al otro o hacia la huida. Es en esas distorsiones donde no queremos caer y creemos que eso es realmente la compasión.

Entonces, ¿qué es la lástima?

La lástima es una distorsión emocional que llegamos a hacer, mezclando el sentimiento de tristeza con el amor (no necesariamente romántico) hacia la otra persona.

Cuando una persona se encuentra viviendo una situación negativa, emocionalmente está en situación de pérdida. La emoción correcta ante este tipo de situaciones es la tristeza, ya que nos ayuda a buscar soluciones para poder alcanzar un desarrollo. Sin embargo, ¿por qué introducimos aquí amor? Observamos la pérdida de la otra persona y, en lugar de promover ese desarrollo para que pueda salir de la situación, nos dedicamos a dar palmaditas en la espalda y compadecer. No vemos qué necesita realmente la otra persona, ni si lo que estamos intentando hacer es correcto: nos movemos por un impulso nuestro. Es en esta mezcla entre tristeza y amor, la lástima donde podemos generar dependencia, rechazo o anulación de la otra persona.

Es importante que entendamos que cada situación necesitará una serie de elementos. Las situaciones de pérdida buscarán desarrollo, no amor.

Beneficios de la compasión

La compasión se basa en la empatía y en saber ver y entender las necesidades de la otra persona. Para ello, necesitamos saber qué ocurre realmente. Nos basaremos en la observación, en lo que sepamos de esa persona y, sobre todo, en lo que el otro nos verbaliza. No puedo jugar a interpretar ni a basarme en lo que yo necesitaría en ese caso. Es ahí, desde ese respeto y esa comprensión, donde yo puedo ayudar.

La compasión nos permite promover la comunicación, la empatía y, sobre todo, la búsqueda del desarrollo. Lo que queremos es acompañar a la persona, paliar la sensación de soledad o incomprensión. Y, cuando la situación y el otro lo permita, buscar soluciones. Aunque no siempre somos nosotros los que debemos empujar sino solo acompañar y apoyar.

Cuando hemos trabajado desde la compasión, ayudando a la otra persona, buscando soluciones o acompañando en el proceso, desde esa búsqueda del desarrollo, reforzamos el vínculo. Solo cuando la pérdida está resuelta (tristeza), alcanzaremos un estado de bienestar con el otro (amor). Nunca el proceso se hará al revés.

Peligros de la lástima

Y ese proceso que decimos que no puede ser al revés, es el que sí propone la lástima. Me muevo desde el amor hacia el otro al ver su pérdida, y quiero salvarle, solucionarle la vida o, simplemente, ayudarle a que se lamente aún más de todo lo que está viviendo. Es por eso que, uno de los mayores peligros que genera la lástima es que victimiza a la persona. Le hace que no se sienta válida ni suficiente, como si se encontrara en un pozo negro. Además, en muchas ocasiones, esa lástima empieza a generar ganancias secundarias en quien la sufre, perpetuando el problema. Los demás sienten lástima por mí, me hacen caso y me abrazan, por lo que, de forma inconsciente, deseo quedarme en este problema más tiempo.

Cómo promover la compasión sin caer en la lástima

Por nuestra propia educación y nuestras vivencias individuales, no siempre sabemos promover la compasión, por lo que acabamos cayendo en la lástima. Sin embargo, son estructuras psicológicas diferentes con puntos claros que las diferencian. Para no caer en la lástima, debemos tener en cuenta esas diferencias.

Esto es lo que debes hacer para promover sin lástima la compasión:

  • Escucha al otro: no interpretes ni adivines. Da igual cuáles sientas tú que es lo correcto, lo importante son sus verdaderas necesidades.
  • No salves: la otra persona no necesita a nadie que ande su camino.
  • Controla tu frustración: el que debe actuar, cuando se sienta preparado, es el otro. Tu misión es acompañar, no empujar.
  • Respeta los tiempos: cada persona lleva su propio proceso.
  • Silencio: cuando una persona se encuentra mal y queremos ayudar, buscamos llenar los silencios y bombardear con soluciones. Vete más al silencio. Recuerda que estamos solo para acompañar.
  • Pregunta: ¿qué necesita la otra persona? Como no queremos interpretar, debemos preguntar.
También hacia mí mismo

La compasión y la lástima, como hemos visto, son estructuras psicológicas que usamos para relacionarnos con los demás en determinados momentos. Sin embargo, como toda emoción, también podemos y debemos usarlo con nosotros mismos. Aunque es cierto que no siempre nos es fácil promover determinados elementos en primera persona. Cuando existe esta dificultad, podemos visualizarnos como si fuéramos otra persona. Si esta situación la estuviera viviendo mi mejor amiga, ¿qué haría yo para ser más compasivo? Desde este desdoblamiento, nos es más fácil trabajar.

Social y culturalmente tendemos a confundir lástima con compasión, de la misma forma que tendemos a dar amor a aquello que nos da pena. Sin embargo, son estructuras diferentes que, si lo mezclamos, no nos ayudarían a solucionar nada. Debemos saber diferenciarlo y usar correctamente la compasión. Es una estructura muy necesaria en toda interacción social y con nosotros mismos.

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