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La Ley del Espejo: Lo que ves en otros también está en ti

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La Ley del Espejo es un constructo y fenómeno psicológico que relaciona el cómo percibimos a los demás en base a nuestra propia realidad interna. Nuestras experiencias y nuestra personalidad dictaminan una visión subjetiva del mundo. Esto hace que nos centremos más en unos elementos que en otros. La Ley del Espejo nos diría que aquello que más nos llama la atención de los demás, estaría reflejando algo interno nuestro. Esto es especialmente relevante porque daría explicación al por qué nos cae mal alguien sin saber el motivo exacto.

¿Qué es la Ley del Espejo?

De una forma simple, podemos decir que la Ley del Espejo nos hace ver en los demás una realidad que también en nuestra. Los rasgos que más destacamos de las otras personas, los positivos pero, sobre todo, los negativos, están también en nosotros mismos. Eso hace que nos fijemos con una mayor frecuencia en aspectos de personalidad de alguien, de una manera subjetiva.

Como nuestra manera de ver el mundo está completamente sesgada en función de nuestra educación, vivencias y personalidad, analizaremos a los demás en base a esa misma realidad interna. Esto hace que si, por ejemplo, a un rasgo de mi personalidad que no me gusta, tendré una mayor facilidad para identificarlo y señalarlo en los demás. Mi cerebro tiene que filtrar la realidad y lo hace en función de aquello que puede ser significativo por algún motivo para nosotros.

Yoshinori Noguchi

Yoshinori Noguchi es el autor de “La Ley del Espejo”, donde se recoge este fenómeno psicológico. Nos dice que percibimos la realidad como un reflejo de lo que somos, sentimos y hacemos. Los demás actúan ante nosotros como espejos de nuestra vida interior.

Un ejemplo muy claro de la Ley del Espejo lo vemos cuando alguien nos despierta emociones negativas intensas. Por ejemplo, hay alguien que no nos cae bien y al que no soportamos porque consideramos que es muy histriónico, llamando siempre la atención. Según la Ley del Espejo, esto nos genera malestar porque ese rasgo está también en nosotros. No necesariamente es porque también seamos histriónicos, porque la Ley del Espejo tiene diferentes formas. Puede ser, por ejemplo, que en la infancia esto nos haya sido censurado especialmente por nuestros padres, haciéndonos creer que nosotros lo éramos. Desde ese momento, perseguiremos ese rasgo en los demás.

Las diferentes versiones de la Ley del Espejo

Que los demás acaban reflejando lo que somos según la Ley del Espejo tiene diferentes formas de interpretarse. Como tal, la versión básica de esta ley nos dice que odiamos en los demás rasgos que tenemos nosotras mismas. Sin embargo, es mucho más completo y tiene un total de tres formas de manifestarse.

¿De qué forma puede manifestarse la Ley del Espejo en nuestras vidas? Dependiendo de las realidades que veamos en los demás o de la situación, puede manifestarse de una manera o de otras. Estas son las tres variaciones que podemos encontrar:

El otro me refleja lo que soy

Esta versión es la más básica y la más conocida de la Ley del Espejo. La otra persona nos está reflejando directamente un rasgo que está también en nosotros. Dicho rasgo no siempre está presente de la misma forma o con la misma intensidad. Normalmente es un rasgo que no consideramos como positivo y que puede estar relacionado con experiencias vitales negativas. Por ejemplo, un rasgo que nuestros padres nos castigaban o que nos trajo problemas en la escuela o con alguna pareja. Está asociado a experiencias que nos “enseñan” que contar con ello es malo. Verlo en los demás me despierta mi propio rechazo y lo proyecto en la otra persona.

El otro me refleja lo que me hago

Esta modalidad de la Ley del Espejo no siempre nos es fácil ver y comprender. Se trata de que rasgos o actos de los demás nos muestran acciones que nosotros nos hacemos o anulamos a nosotros mismos. Por ejemplo, estoy con alguien que tiende a hablarme de una manera dura. Me está hablando tal y como yo me hablo habitualmente. Esto nos va a generar un gran malestar, pero no necesariamente nos ayuda a rechazar a la otra persona. Al fin y al cabo, su leguaje es coherente con cómo nos hablamos nosotros. Esto es uno de los modelos explicativos de las relaciones tóxicas, de por qué nos atraen personas que no nos tratan bien.

El otro me invierte el reflejo

Esta variante de la Ley del Espejo es justo lo contrario a lo que todos conocemos por dicha ley. Un rasgo de la otra persona aparece en el lado opuesto en nosotros mismos. Por ejemplo, alguien que habla sin parar me hace de reflejo inverso, mostrándome mis grandes dificultades para hablar en público. Este reflejo inverso también me genera malestar y emociones negativas, como el rechazo y/o la envidia. Muchas veces, también se trata de un rasgo que está en nosotros pero que por determinados motivos ha sido reprimido y bloqueado.

Activándose el espejo

La Ley del Espejo no está presente de forma constante, sino en determinados momentos. Esta forma aparece cuando tenemos rasgos propios que puedan estar generándonos un gran malestar actualmente. Aunque en muchos casos se trata de una relación con heridas pasadas que siguen sin cerrarse. Las demás personas tocan, sin ellos darse cuesta, estas heridas en nosotros y hacen que conectemos con emociones intensas.

Lo que la Ley del Espejo nos hace sentir depende de la persona, de su carácter o de su experiencia vital. Mientras que en algunas personas la rabia o el rechazo es lo más frecuente, en otras parece la tristeza o el bloqueo. Lo que despierta como tal no es relevante, porque el que algo nos genere malestar, ya es directamente significativo. Identificar qué nos muestran los demás y de dónde viene nos da muchas pistas de lo que somos y de las heridas que podemos arrastrar. Aunque no nos guste la Ley del Espejo, tiene mucho que mostrarnos de nosotros y del vínculo con los demás.

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