Cuando no sé organizarme, me acabo enfrentando con todas las emociones que me generan malestar después. Aparece la frustración, la tristeza, el miedo o la culpa. De hecho, esta última genera un círculo vicioso en la persona que perpetúa el bloqueo. Si no sé organizarme, no hago todo lo que querría, por lo que me genera deuda mental y culpa. Esa culpa, al ser algo desagradable para mí, propicia que me estanque aún más. Entonces, peor me organizaré, con otra vez la culpa. Este círculo vicioso es recurrente en muchas personas y, lejos de ayudar a mejor, hace que su rendimiento sea cada vez peor.

Saber organizarse es cuestión no de un sistema, sino de poder contar con pequeñas claves y herramientas que nos puedan ayudar. Además, debemos hacerlo teniendo en cuenta dos factores importantes: hay que alejarse de la búsqueda de perfección y debo encontrar qué es lo que a mí me funciona. Solo basándonos en estos dos puntos puedo aprender a organizarme mejor.

Sigue estas pautas de organización aplicables a tu día a día

Uno de los mayores problemas que acarrea el no saber organizarme, es el malestar que después me provoca. Ya hemos hablado de la culpa, y de cómo genera un círculo vicioso del que me cuesta salir. Eso me lleva a seguir sin organizarme y a ver cómo la calidad de mi trabajo, por ejemplo, empeora. Si quiero romper ese círculo vicioso, necesito unas pautas y unas claves.

A través de los siguientes puntos, podemos ver diferentes estrategias que nos ayuden a saber organizarnos mejor. Son primeros pasos para romper la espiral donde nos encontrábamos, sin exigirnos perfección. Tenemos que tener en cuenta que el cambio es progresivo y no puedo pasar de no saber organizarme nunca a ahora hacerlo perfecto. Los puntos que debo empezar a trabajar son los siguientes.

1.     Puntos de bloqueo

Es importante saber qué nos bloquea, qué impide el que sepa organizarme o dónde hay diferentes problemas a superar. Muchos de estos puntos de bloqueo tienen que ver con mi sistema emocional o con determinadas características de mi personalidad. El perfeccionismo o la autoexigencia, por ejemplo, parecen rasgos que llevan al éxito y a la consecución de tareas. Sin embargo, acaban conduciendo al bloqueo y a la parálisis. Entender el origen es clave para saberlo gestionar.

2.     Estrategias de organización en base a prioridades

Se trata de saber priorizar las tareas de forma objetiva y realista, sin seguir el ideal. De nada me sirve considerar que lo mejor es hacer hoy 15 cosas, cuando ni todas son urgentes ni prioritarias. Apoyarme en ello, simplemente me llevará al estancamiento y a generarme a mí misma una deuda emocional.

3.     Áreas de fuga de tiempo

El problema no solo es el no saber organizarme, sino que también cuento con diferentes áreas que no estoy controlando donde se me escapa el tiempo. Pueden ser las Redes Sociales, el tardar demasiado en una tarea y bloquearme o el hacer el trabajo con un sistema que no funciona. Debo entender que, aunque nada es perfecto, sí hay determinadas áreas que puedo controlar y gestionar mejor.

4.     Motivación

Si quiero organizarme, acabo pensando que esa es la prioridad y que luego después vendrá la motivación. Aunque esto es cierto en parte, también necesito una motivación externa y paralela. Por ejemplo, tengo que dejar de querer sentarme a estudiar durante 12 horas seguidas, pensando que eso es lo mejor para mí. ¿Cuántas aprovecho realmente? Si soy realista y lo compatibilizo con otras actividades que me pueden parecer una pérdida de tiempo inicialmente, tendré mejores resultados. ¿Qué pasaría si, por cada una hora y media de estudio, dedicara 15 minutos a pintar? Tal vez esa fuente de creatividad externa me daría un extra de motivación.

5.     Horario adaptado

Cuando quiero aprender a organizarme me baso en sistemas ideales y perfectos. Creo que lo mejor es levantarme muy temprano, empezar por las actividades más complejas y antes del mediodía tener todo lo importante hecho. Pero ¿esto se adapta a mí? No todo el mundo es productivo a primera hora y cada persona tiene que entender y respetar sus propios ritmos. Saber qué es lo que mejor me funciona para poder adaptar mi horario me ayudará a organizarme mejor.

6.     Silencio y calma

Aunque no implica que debamos tenerlo en la realización de las tareas, sí que es importante el silencio y la calma cuando me esté organizando. Lo mejor es poder tener un ratito diario o semanal para ello, donde pueda, incluso, disfrutar.

7.     Dedica tiempo a organizarte diaria y semanalmente

Este punto debemos combinarlo con al anterior. Ese espacio de silencio y calma puede ser, por ejemplo, al levantarnos. Tener nuestro momento para tomar un café y con el teléfono o un papel poder organizarnos. Además, hacerlo semanalmente nos ayuda a reenfocarnos y hacer balance. Y siempre huyendo de la perfección y la exigencia.

8.     Relajación y foco

La falta de organización también es fruto del estrés y la ansiedad. Por eso, para saber organizarme, también tengo que saber llevar mi mente y mi cuerpo a la calma. Las técnicas de relajación me ayudan a poner el foco en mí misma para, después, ponerlo en lo demás. Me devuelve la sensación de control.

9.     Tu espacio y tu sistema

Es crucial que sepamos que cada persona es única y va a necesitar organizarse de una manera particular. No existen métodos ni modelos perfectos, sino que debe cada persona encontrar lo que le funciona. Si me exijo encajar en un método efectivo pero que no se adapta a mí, solo me generará frustración y más culpa.

10. Apoyo y ayuda

Cuando no contamos con las herramientas necesarias o nos bloqueamos, también es bueno contar con ayuda. El querer hacerlo siempre nosotros no es un mayor síntoma de fortaleza, sino de rigidez y ruptura. Todo lo que no se flexibiliza, acaba cayendo. Por eso, debemos saber apoyarnos en los demás y contar con su ayuda cuando lo necesitemos. Organizarme mejor es también tener una red de apoyo.

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