Los mecanismos de defensa son estrategias mentales que todos usamos con el fin de proteger nuestra valoración personal. Nos hacen no ver o distorsionar la realidad, negando, muchas veces, la evidencia. Esto hace que nos quedemos anclados a diferentes situaciones que para el cerebro son cómodas, ya que están dentro de lo conocido, pero que a nosotros nos pueden estar generando un gran malestar. Por eso, es importante conocer cuáles son los mecanismos de defensa que existen y cómo podemos trabajarlos y superarlos.

Defensas de la autoestima

Todos nos hemos fijado cómo ciertas personas de nuestra vida o nosotros mismos se defienden de forma agresiva cuando se sienten juzgadas. Reaccionan con ira cuando alguien les señala los errores o les habla sobre aspectos de su vida que no están bien. Este «estar a la defensiva» es uno de los mecanismos más típicos que la autoestima usa para no sentirse amenazada.

Nuestra valoración personal se relaciona directamente con todo aquello que nos va sucediendo. Ciertos acontecimientos impactan y la debilitan. Dependiendo de cómo afronte la persona estos hechos, su orgullo aumentará o disminuirá. Si aumenta, atacará al otro. Si disminuye, se hará pequeño y se quedará ofendido dándole vueltas a lo que le han dicho. Solo la autoestima que está en su punto óptimo es capaz de escuchar y aprender de los juicios constructivos. Las demás personas generarán mecanismos de defensa para protegerla en la medida de lo posible.

Así nos defendemos

Los mecanismos de defensa se usan siempre de forma inconsciente. Se utilizan para defenderse de los pensamientos o las emociones de los demás que se interpretan como algo que pueden dañarnos. Si no elevamos esos mecanismos, la persona cree que sentirá miedo, ansiedad o frustración, por lo que, para evitarlo, aumenta sus defensas.

Dichos mecanismos nos ayudan a disminuir todas las emociones intensas que podamos sentir, incluso cuando lo que hacemos para ello tiene consecuencias negativas. Por ejemplo, ante el juicio de un jefe, mi mecanismo de defensa aparece con rabia para protegerme y genero un conflicto. Pese a eso, al cerebro parece compensarle y mantendrá esa herramienta.

Estos son los mecanismos

Nuestro cerebro repite los mismos patrones que otras personas, ya que está diseñado de la misma forma. Lo que vivamos o la forma de educarnos que usen nuestros padres van a determinar la frecuencia de ciertos comportamientos. Por ejemplo, unas personas repiten dos o tres mecanismos de defensa constantemente mientras otras personas repiten otros o ninguno.

A la hora de hablar de las herramientas que usa nuestra autoestima para protegerse y que a medio y largo plazo nos perjudicarían, podemos encontrar los siguientes:

  • Negación
    La persona decide negar la realidad, como si realmente no existiera. De hecho, buscará todos los datos que confirmen que los demás están equivocados, incluso cuando resulte tremendamente obvio.
  • Idealización y desvalorización
    Son un único mecanismo. La persona idealiza a alguien concreto de su vida, le entrega su poder personal y espera que así se resuelvan sus problemas. Esto genera desvalorización sobre la propia persona.
  • Proyección
    Es lo que hacemos cuando le echamos la culpa a los demás de todos nuestros problemas y nunca asumimos responsabilidad.
  • Retraimiento
    Aparece cuando cortamos el contacto con la realidad como vía de escape. Nos encerramos en nosotros mismos, como si nuestro cerebro desconectara de lo que está pasando. Mientras que la negación es activa, el retraimiento es meramente pasivo.
  • Control omnipotente
    La persona asume que tiene control absoluto sobre todas las situaciones de su vida. Si todo depende de mí, incluso lo malo, me siente seguro.
  • Identificación proyectiva
    Lo que conocemos de este mecanismo es el «Síndrome de Estocolmo». La persona justifica las cosas malas que otra persona le está haciendo para no enfrentarse a ello y solucionarlo.
¿Tiene solución?

Tenemos que entender que aquello que nos pasa en la etapa adulta viene dado por todos los años previos, las experiencias vividas y nuestra educación. Los mecanismos de defensa, además de ser algo innato del cerebro, también han sido condicionados por esos años previos. Por tanto, cabe esperar que nos salga de forma automática dicho mecanismo. No obstante, eso no quiere decir que no podamos trabajarlo y hacer que disminuya o desaparezca.
• Identifica que algo no va bien
• Busca qué mecanismo de defensa es
• Evalúa las consecuencias negativas para ti de mantenerte en ese mecanismo
• ¿Cuál sería la alternativa válida?

Seguir este paso a paso no implica que soluciones el problema a la primera, pero sí nos hará tomar conciencia poco a poco de lo que nos ocurre y de las alternativas válidas. De esta forma, puede que llegue un día que nuestro cerebro ya no reaccione mediante mecanismos de defensa.

Alternativas a los mecanismos de defensa

Sí hay ciertos mecanismos que podemos ir usando a medida que vayamos identificando nuestros bloqueos. Debemos hacerlo desde la paciencia con nosotros mismos y el amor propio. No es momento de elevar la autoexigencia, sino de trabajar para ayudarnos a estar mejor.

Estas son las alternativas que podemos usar para trabajar los mecanismos de defensa:

  • Trabajo mi autonomía personal y decido enfrentarme a los problemas. Soy plenamente consciente de que evadir el problema no hace que disminuya, sino que lo aumenta.
  • Acepto que no tengo ni debo tener el control sobre todo. Muchas de las cosas que nos ocurren se deben a elementos externos que tendremos que dejar estar o gestionar de formas diferentes, pero con la aceptación de que no depende de nosotros.
  • Conecto con mi humildad y suelto la necesidad de que puedo con todo. No es responsabilidad cargarme con las cosas que hay alrededor.
  • Me valoro, me reconozco y me apruebo. Trabajo en mi autoestima y en mi amor propio.
  • Quito el rol de víctima que he interiorizado y me hago líder de mi vida.

Trabajar los mecanismos de defensa implica asumir que no somos perfectos, pero que tampoco es necesario serlo. Tenemos errores y fallos y que solo mediante el aprendizaje podremos avanzar y transformarnos. Por eso, bajar las barreras es el primer paso para el bienestar psicológico.

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (1 votos, promedio: 5,00 de 5)
Cargando...