¿Qué es el miedo al compromiso?

Todas las personas hemos oído hablar del miedo al compromiso, aunque quizás no lo hayamos conocido de primera mano. Esto da lugar en ocasiones a malinterpretaciones y falsas creencias; por este motivo, merece la pena comprender qué es exactamente y qué implica este miedo al compromiso.

Muchas veces, algunas parejas funcionan perfectamente durante un tiempo, pero llega un momento en que se estancan. Esto sucede frecuentemente cuando las dos partes no tienen las mismas expectativas a la hora de seguir consolidando la relación. En estos casos, uno de ellos quiere seguir avanzando, pero el otro no lo desea o no lo tiene claro.

El miedo es una reacción natural ante cualquier elemento que pueda sentirse como amenaza; en este sentido, asumir un mayor compromiso puede suponer salir de una zona de confort, entrar en un terreno desconocido. Por ello, esto a veces puede interpretarse como una situación amenazante o, al menos, poco deseable. En estos casos lo más importante es que la pareja exponga honestamente sus expectativas en la relación. Solo así se podrá llegar a un acuerdo mutuamente satisfactorio; en caso contrario, una de las dos partes terminará quedando defraudada, lo que dañará gravemente la relación.

Evidentemente, el problema aquí no está en no desear un compromiso serio a medio o largo plazo; por el contrario, la auténtica dificultad estriba en las distintas expectativas respecto a la relación de las dos partes. Por ello, si ambos miembros de la pareja coinciden en no desear un mayor compromiso, lógicamente no hay impedimento alguno; en estos casos se trataría de una relación más o menos informal, no seria, mutuamente consentida. Si, por el contrario, no existe un consenso mutuo al respecto, encontraríamos ahí un auténtico problema.

¿A qué se debe el miedo al compromiso?

Como hemos indicado anteriormente, el miedo al compromiso se da cuando una persona no desea seguir consolidando una relación sentimental. Esto, sin embargo, no viene motivado únicamente por el anhelo de vivir sin ataduras o de mantener relaciones abiertas; aunque estos pueden ser así en algunos casos, otras muchas veces los desencadenantes reales de este temor son otros.

Así, es frecuente que las personas que evitan establecer relaciones sentimentales duraderas lo hagan movidos por su malestar emocional. Este malestar se produce por diversos motivos. Muchas veces se da al sentirse emocionalmente vinculadas a sus parejas, ya que creen perder el control sobre sus emociones; otras veces, se debe al temor a no estar a la altura de las expectativas, ya sean estas reales o ficticias; e incluso en otras ocasiones, viene producido por el miedo a sentirse emocionalmente dependientes.

Adicionalmente a todo esto sucede que, muchas veces, tras haber finalizado la relación movidas por el miedo al compromiso, estas personas se arrepienten después de haber actuado de este modo. Esto resulta especialmente contradictorio, ya que la decisión de terminar la relación se toma siempre en base a preocupaciones futuras. La persona con miedo al compromiso estará por tanto permanentemente preocupada por todo lo que pueda salir mal; se cuestionará si realmente está enamorado de su pareja, o si su pareja le quiere de verdad. Finalmente, se suele romper con la pareja al estar permanente preocupados sobre cómo se desenvolverá esta relación en el futuro; y sin embargo, una vez finalizada, se produce el arrepentimiento y el deseo de no haber actuado de ese modo.

En última instancia, se produce una curiosa paradoja. Movidos por el miedo a sufrir en una relación, se termina sufriendo por la incapacidad para tener relaciones sentimentales.

¿Cómo saber si tengo miedo al compromiso?

Puesto que existen diferentes causas que pueden originar el miedo al compromiso, los signos distintivos del mismo son también variados. Así, no se puede hablar de un único conjunto de comportamientos común a todas las personas con este miedo. Sin embargo, sí que existen algunos rasgos frecuentes que pueden ser indicativos, como por ejemplo:

  • Son personas indecisas, que temen tomar decisiones firmes.
  • Suelen tener miedo a los cambios; se sienten cómodas en su zona de confort y temen salir de la misma.
  • Habitualmente tienen esquemas mentales rígidos, son poco flexibles y les gusta tenerlo todo controlado.
  • Idealizan la etapa inicial de la relación, de enamoramiento, y después evitan las responsabilidades que conlleva una pareja más estable.
  • Es común que sean introvertidas, o que tengan dificultad para expresar o compartir sus emociones.
  • Muchas veces se trata de personas con una baja autoestima; rehuyen el compromiso al creer que no estarán a la altura.
  • Priorizan sus actividades de ocio con terceras personas en vez de con la pareja.
  • En ocasiones, se trata de personas con una marcada inseguridad personal.
  • Estas personas suelen centrarse en los aspectos negativos de la relación, sobredimensionando los problemas y minimizando los beneficios.
  • Son ambiguas respecto a su satisfacción con la relación de pareja, evitando decir si están bien o mal.
  • Suelen idealizar conceptos como la libertad o la independencia, contraponiéndolos de manera simplista a las desventajas de vivir en pareja.
¿Existen distintos tipos de miedo al compromiso?

Es difícil hablar de distintos tipos de miedo al compromiso como si se tratase de un compendio cerrado; por el contrario, cada persona puede experimentar de forma particular y única sus emociones respecto a la relación de pareja, motivo por el cual se trata de una vivencia puramente subjetiva y no generalizable.

No obstante, algunas situaciones sí son relativamente comunes, por lo que no es descabellado hablar de supuestos frecuentes. De este modo, entre las situaciones más comunes de miedo al compromiso, podríamos encontrar algunas como las siguientes:

Miedo al compromiso debido a un desengaño amoroso previo

Como ya hemos explicado, el miedo a establecer una relación sentimental está muy ligado a la inseguridad personal. Es por esto que aquellas personas que han pasado por un desengaño amoroso sean más proclives a evitar el compromiso. Así, el haber vivido una experiencia traumática previa o un desengaño puede condicionar nuestras precepciones respecto a las relaciones; ante la sensación de dolor y vulnerabilidad tras una relación sentimental fracasada, es común adoptar una actitud defensiva. Es por ello que muchas personas que han pasado por este tipo de experiencia terminan por evitar futuras relaciones.

Miedo al compromiso debido al deseo de permanecer solo

Otras veces este miedo al compromiso puede venir motivado por el hecho de sentir un fuerte apego a la individualidad. Algunas personas sitúan en una situación preeminente en su escala de valores el poder desarrollar una vida independiente. El problema aquí está en que frecuentemente se confunde la independencia con la necesidad de estar soltero.

Por el contrario, se puede ser perfectamente independiente manteniendo una relación de pareja sana. Esto sin embargo suele ser difícil, en tanto que requiere de una gran madurez por ambas partes de la pareja. Esto significa que quienes deciden evitar las relaciones movidos por el apego a su independencia, muchas veces se equivocan; terminan renunciando a una parte importante de sus vidas, bajo la creencia de que independencia y pareja no pueden compatibilizarse.

Miedo al compromiso debido a una idealización del amor

La simplificación o idealización del concepto de amor es también otro de los problemas más frecuentes en estos casos. Muchas personas tienen ideas preconcebidas sobre qué es el amor y cómo debe desarrollarse una relación de pareja. En muchos casos estas creencias pasan por considerar que se ha de vivir en un permanente estado de enamoramiento; así, cualquier relación que vaya asentándose, con el paso del tiempo perderá la pasión inicial, lo cual se juzga negativamente. En otros casos, la creencia se basa en que estar en pareja implica renunciar necesariamente a la libertad individual. Estas personas creen que, al establecer una relación duradera, han de hacer todo siempre junto a su pareja.

Sea como sea, este tipo de prejuicios y creencias tan solo dificultan la posibilidad de desarrollar relaciones satisfactorias. Al simplificar tanto lo que significa estar en pareja, se imposibilita el establecimiento de vínculos emocionales apropiados. Al final, estas personas terminan por convertirse en víctimas de sus propios prejuicios.

Miedo al compromiso motivado por la comodidad

En ocasiones, el miedo al compromiso se da simplemente al evitar salir de nuestra zona de confort. Algunas personas, tanto si están satisfechas al permanecer solteras como si no, nunca intentarán tener pareja. Al fin y al cabo, iniciar una relación supone siempre un esfuerzo, y conlleva necesariamente decepciones y sufrimiento. Ante esta perspectiva, hay quienes simplemente deciden ahorrarse el esfuerzo.

¿Cómo se puede superar el miedo al compromiso?

El miedo al compromiso, en última instancia, se basa en el temor a perder algo, como por ejemplo nuestra independencia. Sin embargo, toda decisión conlleva descartar otras opciones; al final, tanto si decidimos establecer una relación sentimental como si no, habremos tomado una decisión y nos habremos cerrado otras puertas de cara al futuro. Sea como sea, nunca tendremos la certeza de haber tomado la decisión correcta.

Teniendo esto en mente, resulta claro que para superar este miedo el aspecto más importante a trabajar es la capacidad de toma de decisiones. Para ello, en primer lugar hay que concretar exactamente qué es lo que nos genera ese temor; solo de este modo podremos identificar cuál es el aspecto que creemos que podemos perder. Esto nos ayudará a establecerlo en una escala de valores, priorizándolo en contraposición a otras posibles ganancias o pérdidas.

Esta perspectiva también nos permitirá evaluar adecuadamente qué tenemos en la actualidad, y qué pasaría si lo perdemos. Muchas veces, al decidir movidos por el miedo, terminamos arrepintiéndonos de nuestras acciones cuando ya es demasiado tarde.

Posteriormente, tendremos que tomar conciencia que, si decidimos establecer una relación duradera, no necesariamente es para siempre. Puede ser que esta relación funcione o puede que no, pero en cualquier caso no tiene por qué ser definitiva. Este enfoque nos permitirá relativizar el peso de nuestras decisiones, comprendiendo que no todo es blanco o negro.

Para algunas personas, este puede ser un proceso complicado. En estos casos, siempre puede ser una buena opción buscar ayuda por parte de un profesional. Mediante la psicoterapia, un psicólogo especializado nos puede ayudar a comprender nuestras emociones y a controlar nuestras conductas, para tomar así decisiones de una manera más sosegada, valorado debidamente los pros y contras de cada alternativa.

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