Los miedos son aquellas sensaciones que llegan a paralizarnos y bloquearnos, impidiéndonos actuar y condicionando por completo nuestra vida. Puedes nublar el pensamiento o acelerarlo, sin que sea productivo en ningún caso. Además, empiezan a acumularse y repetirse, apareciendo en muchas de nuestras rutinas y afectándonos a todos los niveles. Sin embargo, ¿es el miedo una emoción negativa? ¿Puede entenderse y usarse de forma constructiva?

Lo que sabemos sobre el miedo

Asociamos los miedos a sentirnos desbordados ante una o varias situaciones, paralizándonos o empujándonos constantemente a huir de ahí. Nos ocurren ante una entrevista de trabajo, una reunión, un proyecto o una conversación pendiente con nuestros padres. Pero también aparece de forma generalizada, asociándose a áreas determinadas, como miedo a ir al trabajo o a los conflictos. Es en todos esos momentos, los puntuales y los generales, cuando nos gustaría que estas sensaciones desaparecieran por completo de nuestra vida.

Asociamos miedo a un conjunto de sensaciones que nos abruman y nos afectan de forma negativa. Lo que vamos aprendiendo a medida que nos desarrollamos sobre esa emoción va en coherencia con ese pensamiento. Y, de hecho, nos condicionan a menudos para no tener miedos, porque pensamos que siempre van a ser negativos o no nos sirven para nada.

Los miedos y la seguridad

Todas y cada una de nuestras emociones tienen una función y están diseñadas para que alcancemos una determinada estructura que, finalmente, nos ayude a tener bienestar. Sin embargo, lo que creemos es justo lo contrario, que son meras reacciones al ambiente y que, sobre todo las que consideramos negativas, únicamente nos generan malestar. Pero nuestro sistema emociona sí tiene una función.

El miedo es la emoción que va a buscar para nosotros la seguridad. Para ello, detectará una serie de amenazas, diagnosticará la gravedad y el daño que nos pueden hacer y establecerá una serie de límites para ponernos a salvo. Prácticamente lee que, en el futuro, de cumplirse esas amenazas, estaremos peor y actúa en el momento presente para que no ocurran o, al menos, no de una forma tan directa.

Por ejemplo, si tenemos en cuenta la situación sanitaria actual, el miedo nos ayuda a poner una serie de límites de seguridad (mascarillas, gel hidroalcóholico, distancia social) para que lo que amenaza a nuestra integridad física (coronavirus) no se produzca.

Falsos miedos

El sistema de miedo no siempre funciona de la forma adecuada. A medida que crecemos inmersos en una cultura y recibiendo una educación directa e indirecta, nuestras emociones también se van condicionando, especialmente si acontecen eventos altamente estresantes que hayan tenido que ver con esas emociones.

Con los miedos, podemos ver que algunas personas sobredetectan las amenazas. Identifican aquellas que son reales y aquellas que son falsas. Las reales serían las que existe una probabilidad real de que ocurran en base a los datos actuales. Las falsas amenazas y, por tanto, los falsos miedos, aparecen cuando creemos que algo que no tiene probabilidad real en nuestras circunstancias de ocurrir va a aparecer o cuando algo que nos pasó en el pasado pueda repetirse, aunque todo haya cambiado.

Como los miedos está diseñados para ayudarnos a encontrar seguridad, si aparecen falsas amenazas, ¿cómo buscaríamos la seguridad? No se pueden establecer límites de seguridad sobre algo falso, por lo que mentalmente nos bloquearíamos.

Diferencia entre fobia y miedos

Todos nosotros presentamos una serie de miedos que etiquetamos como irracionales o como falsos, pero que producen estados negativos en nosotros. Sin embargo, cuando alcanza proporciones desmesuradas, podemos estar delante de una fobia. Saber ver la diferencia nos va a ayudar a buscar un mecanismo u otro de afrontamiento.

Las diferencias más significativas entre los miedos y una fobia son:

  • El miedo detecta un peligro mientras que la fobia se centra concretamente en una situación o animal sin plantearse si existe peligro o no.
  • El miedo es una emoción básica. La fobia es más elaborada y genera odio hacia lo que lo provoca y hacia uno mismo.
  • El miedo, aunque sea elevado, puede llegar a disminuir sin que exista un tratamiento psicológico. La fobia necesita un tratamiento llevado a cabo por un profesional.
  • Las respuestas ante el miedo, por mucho malestar que provoquen, pueden llegar a controlarse. La fobia es desproporcionada e incontrolable cuando acontece.
Cómo diferenciar los falsos miedos

Cuando estamos buscando superar nuestros miedos, después de aceptar que son sentimientos que van a buscar nuestro bienestar y nuestra seguridad, debemos empezar a diferenciar lo que es falso de lo real. Como decíamos antes, un problema del sistema emocional del miedo es que llega a confundir las cosas que pueden ocurrir con las que no.

Estos tres puntos nos ayudan a ver qué amenazas son falsas y, por tanto, no deberían activar nuestros miedos:

  • Construcción mental: nuestra mente elabora una fantasía, algo que, si lo razonamos, no existe o no en esas proporciones.
  • Apariencia: se basa en una apariencia de realidad sin argumentos sólidos. Puede tener una base de realidad pero, o está muy alejado de nosotros, o bien ocurrió en el pasado lejano y no hay datos que demuestren que se vaya a repetir.
  • Racionamiento emocional: debemos saber que, aunque despierte nuestras emociones, no implica una realidad. Y que, a medida que aceptamos eso, podremos ir viendo cómo esa detección de amenazas falsas disminuye.
Así puedo superar los miedos

Nuestras emociones están diseñadas para que alcancemos el bienestar, aunque no de forma inmediata. Las que consideramos emociones negativas, en un primer momento nos generan estados negativos, para que actuemos y resolvamos el conflicto. Es lo que ocurre con el miedo y la búsqueda de seguridad. Escuchar esas sensaciones nos va a ayudar si algo va mal y cómo podemos solucionarlo.

Estos pasos nos ayudarán a poder empezar a superar los miedos:

  • ¿Real o falsa?: Lo primero es detectar si la amenaza que el miedo está detectando es real o no.
  • Límites de seguridad: Aquellas que son reales, son las que debemos controlar. Detectada la amenaza, elaboramos una lista con todos aquellos límites de seguridad que necesitemos aplicar. Podemos ordenarlos por orden de facilidad y/o importancia.
  • Relajación: tanto si el miedo es real como falso, si la activación está muy alta, debemos introducir alguna técnica de relajación rápida, como la respiración diafragmática.
  • Dejarlo estar: este punto es importante cuando la amenaza es falsa, por lo que no podemos hacer nada o, cuando una amenaza es real pero escapa a nuestro control.
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