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Cómo ayudar a tu hijo a superar la neofobia alimentaria y disfrutar de nuevos alimentos

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¿Tu hijo tiene miedo a probar nuevos alimentos? ¿Sientes que muestra una aversión demasiado intensa o tiene reacciones desproporcionadas hacia ciertas comidas?

Aunque es normal que los niños muestren reticencia a comer alimentos desconocidos, si este comportamiento persiste puede derivar en problemas de salud como desnutrición e incluso en el desarrollo de un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA).

Obligar a los niños a comer puede agravar más la situación (además de suponer un quebradero de cabeza para los padres), así que los expertos aconsejamos seguir pautas básicas como preparar los alimentos de una forma atractiva, ofrecer raciones pequeñas, evitar las distracciones durante la comida o buscar especializada en los casos más graves.

¿Qué es la neofobia alimentaria infantil?

La neofobia alimentaria infantil es la tendencia de un niño a rechazar o mostrarse receloso ante alimentos nuevos o que le resultan poco familiares.

Niños jugando felizmente en terapia infantil

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Suele aparecer en la primera infancia y se manifiesta con gestos como negarse a probar ciertas comidas, apartar los alimentos con la mano, fruncir el gesto ante olores/texturas desconocidas o aceptar un número reducido de alimentos.

La Academia Española de Nutrición y Dietética (AEND) describe la neofobia como una conducta selectiva o restrictiva, mientras que la Asociación Española de Pediatría (AEP) la encuadra dentro de las dificultades de alimentación que requieren seguimiento si afectan al estado nutricional del niño.

El Manual Diagnóstico DSM-5 no incluye el término “neofobia alimentaria”, pero sí reconoce el Trastorno de Evitación/Restricción de la Ingesta de Alimentos (ARFID) cuando el rechazo afecta significativamente a la nutrición y al bienestar del niño.

Causas de la neofobia alimentaria en niños

Desde una visión evolutiva, la neofobia puede entenderse como una técnica de supervivencia, un instinto natural para que evitemos alimentos desconocidos o que no hemos identificado como seguros.

Esta manera de actuar ha protegido a nuestros ancestros frente a intoxicaciones y elementos potencialmente venenosos, pero en la actualidad nos parece excesiva e incluso incomprensible.

Sin embargo, la neofobia infantil también tiene causas, más o menos definidas, independientemente de si el olor, color o textura de un alimento resulta desagradable al niño.

Aspectos neurológicos

El trastorno del espectro autista y condiciones como la ansiedad aumentan la probabilidad de rechazo de alimentos debido a la hipersensibilidad sensorial y la dificultad de estos niños para asumir novedades en sus rutinas.

Experiencias pasadas

Una digestión molesta, un episodio de atragantamiento o una experiencia desagradable con un determinado sabor pueden condicionar aversión de los niños hacia ciertos alimentos.

Comportamiento de progenitores y entorno

La presión para comer, el castigo, el chantaje o la presencia de neofobia en adultos cercanos aumentan la probabilidad de este tipo de rechazo.

De hecho, los niños aprenden por imitación, y si ven que sus padres, cuidadores o compañeros consumen un alimento con normalidad, lo percibirán como menos amenazante.

La falta de clima agradable en la mesa también aumenta el riesgo de neofobia alimentaria en niños.

¿Hay relación entre neofobia alimentaria y altas capacidades? ¿Hay factores de riesgo de este trastorno? 

Aunque no hay una relación directa entre neofobia alimentaria y altas capacidades, algunos rasgos de estos niños (mayor sensibilidad, perfeccionismo o menor tolerancia a la novedad) aumentan su tendencia a rechazar alimentos desconocidos.

Por norma general, la neofobia alimentaria tiene mayor prevalencia entre los 2 y los 6 años (etapa preescolar), y es más habitual en niños con hipersensibilidad sensorial e historial de eventos alimentarios o gástricos adversos (alergias o intolerancias graves).

También en hijos de padres que ejercen estrategias coercitivas y en contextos de baja diversidad alimentaria o restricciones culturales marcadas.

Recuerda que la neofobia alimentaria es común y, en la mayoría de casos, pasajera.

Normalmente, disminuye con la edad y la exposición repetida a los alimentos, pero, si se intensifica y se mantiene en el tiempo, requiere evaluación y abordaje profesional.

En Somos Psicólogos contamos con psicólogos especialistas en altas capacidades en Madrid.

Consecuencias de la neofobia alimentaria en niños

La neofobia alimentaria tiene consecuencias negativas, tanto a nivel físico como mental.

Consecuencias nutricionales

  • Dieta poco variada y riesgo de deficiencias micronutricionales (vitaminas, hierro, calcio, etc.).
  • Desequilibrio macronutricional.
  • Problemas de crecimiento.
  • Complicación de condiciones médicas como alergias o diabetes.

Consecuencias sociales

  • Tensión y conflicto en las comidas.
  • Sensación de fracaso parental.
  • Aumento de la carga doméstica y el estrés.
  • Problemas en comedores escolares o en casa de terceros (rechazo, aislamiento, episodios de vergüenza, etc.).
  • Evasión de actividades que impliquen comida.
  • Ansiedad en celebraciones.

¿La neofobia alimentaria puede desembocar en un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA)?

La neofobia no es causa directa de TCA, pero puede contribuir al desarrollo de patrones alimentarios restrictivos o evitativos.
Además, las dietas restrictivas, la presión externa sobre el niño e incluso su estigmatización pueden consolidar comportamientos rígidos y respuestas negativas hacia la comida.

Cómo tratar la neofobia alimentaria en casa (y ayudar a tu hijo a disfrutar de nuevos alimentos)

Cada niño tiene su ritmo, y lo importante es mantener la calma. Estos son algunos consejos útiles para tratar la neofobia alimentaria:

Exposición repetida y sin presión

Imagina que tu hijo aparta la cucharilla cada vez que intentas darle brócoli. En este caso, puedes colocar pequeñas porciones en el plato junto a alimentos conocidos u ofrecérselo varias veces de forma calmada.

Modelado positivo

Si preparas un guiso con un alimento que tu hijo no prueba (por ejemplo, guisantes), puedes comer delante de él con expresión relajada e invitarle a probar, tocar, etc. A veces, la imitación genera seguridad y reduce el rechazo.

Juegos sensoriales

Muchos niños se niegan a comer una fruta o una verdura porque su aspecto les resulta raro.

Por ejemplo, si rechaza las fresas, puedes proponerle jugar a contarlas, describirlas, olerlas o tocar su superficie. 

Este tipo de exploración sensorial reduce la ansiedad y aumenta su curiosidad antes de la comida.

Elecciones limitadas

Nuestro consejo es ofrecer dos opciones aceptables («¿Quieres zanahoria o calabacín?») para mantener el control, pero respetando la autonomía del niño.

Sin premios ni castigos por la comida

La comida no es un premio ni elemento de chantaje: es mucho mejor tener pequeños gestos como un elogio por explorar un alimento (aunque no lo coma) o reconocer lo bien que lo ha hecho por sentarse en la mesa sin llorar ni discutir.

Respeta las señales de hambre y saciedad (responsive feeding)

Confía en el apetito de tu hijo y no le fuerces a comer. 
Puedes ofrecerles comidas regulares y snacks saludables porque, si tiene hambre, se las comerá.

Busca ayuda profesional

En casos de pérdida de peso, rechazo extremo, ansiedad o aislamiento social vinculado a la comida, consulta con un pediatra y un psicólogo experto en terapia infantil.

Por qué la terapia infantil es clave para tratar la neofobia

La terapia infantil ofrece herramientas para transformar el “miedo a lo nuevo” en curiosidad y tolerancia.

El tratamiento en el caso de la neofobia alimentaria implica que un terapeuta especializado, de manera coordinada con el pediatra y un dietista-nutricionista, evalúe si el rechazo es una fase, un problema sensorial, un signo de ARFID o parte de otro trastorno (ansiedad o TEA).

Las técnicas que los psicólogos utilizan son:

  • Exposición gradual y jerarquizada al alimento.
  • Terapia conductual y refuerzo positivo para consolidar conductas de acercamiento.
  • Terapia cognitivo-conductual para trabajar miedos y pensamientos negativos (en niños mayores y preadolescentes).
  • Intervenciones familiares para modificar prácticas parentales (reducir la presión, establecer rutinas, etc.).
  • Entrenamiento en habilidades de alimentación (manejo de texturas, ejercicios para masticar, etc.) si hay dificultades motoras.

¿Cuándo pedir ayuda?

Los principales signos de alerta para buscar ayuda psicológica para tu hijo en este caso son:

  • Pérdida de peso, bajo crecimiento y déficit nutricional.
  • Ansiedad intensa, aislamiento social o deterioro significativo de las relaciones familiares causadas por la comida.

 

Solicita información sin compromiso.

Imagen de Beatriz González

Beatriz González

Fundadora y directora de Somos Psicología y Formación. Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid Máster en Neuropsicología por la Clínica San Vicente Terapeuta EMDR Nivel II

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