Cuando pensamos en las características que tienen los niños, no siempre pensamos en la inseguridad. Lo que más nos viene a la cabeza es su capacidad para abrirse y relacionarse sin miedos. Aunque depende mucho de la edad, sí que observamos que tienen facilidad para tener contacto con otros niños o con adultos cercanos. Cuando esto no ocurre, acabamos pensando que nuestro hijo o nuestra hija son inseguros, aunque no sería el único síntoma. La inseguridad infantil conlleva una serie de rasgos que acaban viéndose en todas las áreas de la vida de los pequeños.

¿Qué es la inseguridad?

Lo definimos como aquel rasgo que los niños muestran por el que sienten temor casi constante que les va afectando a la hora de relacionarse, jugar, rendir en el colegio u orientarse a metas. Aparece miedo al fracaso, al juicio de los demás o, incluso, a que su familia y sus amigos le retiren su amor.

Que los niños sean inseguros no siempre tiene una causa clara. A menudo se debe a una mezcla entre el carácter del niño y las experiencias que ha ido observando, por pequeñas que sean.

Como padres debemos conocer cómo puede aparecer la inseguridad en los más pequeños, saber los síntomas que tiene o aquellas claves que nos ayuden mejor a detectarlo. Además, seremos nosotros los que podremos ayudar a que la vayan superando, ya que el contacto más directo lo tienen con nosotros. Somos su vínculo más fuerte.

¿Qué síntomas tiene la inseguridad infantil?

Cada niño es un mundo y todos van a tener sus pequeñas peculiaridades. Pero, aún dentro de todo ese abanico, podemos distinguir una serie de síntomas clave que pueden aparecer en la inseguridad infantil. No necesariamente tienen que aparecer todos, pero sí una mayoría de ellos, de una forma marcada y que se vaya repitiendo en los diferentes contextos por los que el niño o la niña se mueven.

  • Por un lado, hay una pérdida de interés a la hora de jugar con otros niños o de relacionarse con ellos.
  • También vemos que el colegio se encuentra afectado. Muestra poco entusiasmo, no quiere ir o no presta atención en clase. Además, hay mucho miedo a cometer errores o fracasar, tanto en casa como en la escuela o a la hora de jugar. Y también vemos cómo las tareas llevan una enorme cantidad de tiempo. Hacer los deberes se convierte en algo muy tedioso.
  • Como su seguridad personal es baja, cualquier crítica o juicio de los demás impactará gravemente en el niño o en la niña. Da igual si lo que estamos diciendo es constructivo o si es un detalle sin importancia, lo sufrirá enormemente.
  • Como no quiere fracasar, irá limitando sus actividades y procurará rechazar todo aquello donde sienta que puede fallar o fracasar. De hecho, la falta de interés que se puede observar es un mecanismo de defensa para no enfrentarse a los retos.
¿Cómo podemos detectarlo como padres?

Es importante que estemos atentos a los síntomas que acabamos de comentar, prestando atención a cómo se relaciona con nosotros, con otros miembros de la familia o con otros niños. Siempre que sospechemos que pueda haber inseguridad, tendremos que reunirnos con los profesores para contrastar la información. Entre todos podremos ver qué es lo que está ocurriendo de forma clara.

Además, hay que tener en cuenta un factor importante y es que, si la inseguridad lleva mucho tiempo apareciendo, nos hemos podido acostumbrar y estarla pasando por alto. Por eso es siempre conveniente que veamos qué opinan otras personas que también se relacionan con el pequeño.

¿Y qué hacemos para empezar a transmitirles seguridad?

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que su inseguridad no es buscada y que seguramente le esté causando un gran malestar. Esto nos tiene que hacer que nos basemos en la paciencia y el respeto. Deberemos evitar todo juicio y toda crítica a su comportamiento.

  • Debemos mostrar nuestro amor y nuestro cariño, que no sienta que le retiramos amor si no actúa como nosotros queremos. Esto implica pasar más tiempo con él o con ella, dedicar horas concretas del día a jugar o a preguntar por sus intereses y procurar potenciar las dinámicas familiares.
  • Poco a poco tendremos que ir siendo nosotros mismos también un ejemplo de que vamos asumiendo riesgos, de que nos equivocamos, nos frustramos y acabamos obteniendo un aprendizaje. Hay que desdramatizar, pero sin pasarnos.
  • También tenemos que intentar permitir que se equivoque, que falle, que cometa errores. Aunque estemos viendo lo que va a ocurrir, nos quedaremos a un lado y mostraremos todo nuestro apoyo.
  • Además, siempre tendremos que evitar castigar todo comportamiento que se base en la inseguridad. Haremos justo lo contrario, reforzaremos todo avance, por pequeño que sea.

Todas estas pautas van a ayudarnos a que nuestros hijos y nuestras hijas puedan empezar a generar una mayor seguridad y pueden sentirse cómodos en todas las áreas de su vida.

¿Qué obtendremos una vez que trabajemos la seguridad?

Los niños acaban teniendo grandes progresos en muy poco tiempo. Van a necesitar para ello una base segura, paciencia y mucho amor. Si seguimos estas pautas, lo que empezaremos a observar es que su curiosidad aumenta. Mientras que antes evitaba todo reto, empezará a mostrar un mayor interés y disfrutará enfrentándose a ello. Esto también se verá reflejado en la escuela, ya que no habrá ese gran rechazo y mostrará más atención. Aparte aceptará las críticas, sabrá utilizarlas a su favor y saldrá fortalecido. Unos cambios que, por supuesto, no querremos que se vean el primer día. Nosotros también tendremos que trabajar nuestra paciencia y empezar a confiar en la gran capacidad que tienen los niños para superar los problemas. La resiliencia es su mayor fortaleza.

1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (1 votos, promedio: 5,00 de 5)
Cargando...