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¿Nueva etapa en septiembre? Haz con tiempo que el plan funcione

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    Septiembre es para muchas personas señal de nueva etapa. Como ocurre en enero, la llegada del nuevo curso nos hace replantearnos objetivos, metas y cambios. A veces nos planteamos mudarnos o implementar nuevas rutinas. Sin embargo, a menudo se queda en buenas ideas que, o no sabemos llevar a cabo, o lo decidimos en el último momento y ya es imposible de introducir en nuestra vida. Por eso, siempre es importante que, con tiempo, nos organicemos y tengamos claro cómo será esa nueva etapa.

    La importancia de cerrar

    Cerrar etapas es algo que nos tiende a costar a todas las personas. Existen diferentes factores que influyen en ello, como inseguridades o como la duración de dichas etapas. Tanto si es a nivel interno o a nivel externo, tenemos resistencias que nos impiden aceptar el fin de los ciclos y ver que deberíamos avanzar por otro camino.

    Esta dificultad tiene dos partes. Por un lado, lo que nos puede costar es ver que el ciclo ya no da más de sí, que está perdido y que deberíamos dejarlo atrás. Esa resistencia es una dificultad para ver lo que ya está perdido o lo que, de perderse más, nos acabará dañando, si aún no lo ha hecho. Pero, por otra parte, lo que nos cuesta es soltar. He podido identificar que, efectivamente, el ciclo está ya muerto, pero no soy capaz de enterrarlo y continuar por otro camino.

    Dependiendo de cada persona, nos costará más una parte u otra, aunque a veces son las dos. Y esto de cara a una nueva etapa es un obstáculo.

    Si lo conectáramos con una emoción, estaría implicada la tristeza. Dicha emoción nos ayuda a identificar las pérdidas, las ya ocurridas y las potenciales. Una vez identificadas, las acepta y elabora una serie de estrategias que nos ayudan a poder liberarnos de ellas para dejar paso al desarrollo y al avance.

    La importancia de avanzar

    Si es importante saber identificar los finales y poder soltarlos, también lo es el conectar con la necesidad de avance. Esto nos lleva a ver qué es aquello que yo quiero introducir en mi vida o cambiar. Por ejemplo, en una nueva etapa, implicaría todo ese futuro que ahora no tengo y que me gustaría tener.

    Para poder avanzar, también tienen que darse dos partes. Por un lado, la capacidad de cerrar una etapa para abrir otra. A veces queremos abarcar muchas cosas en nuestras vidas, cuantas más mejor. Vamos acaparando sin soltar nada. Eso llega un punto que no deja espacio a lo nuevo. Y, la otra parte es la capacidad para saber qué queremos, qué metas son importantes y saber definirlas. Conectamos con la insatisfacción, con ese aspecto negativo de lo que ahora tenemos, pero no nos proyectamos con ilusión hacia delante. Eso incapacita el que podamos construir nuevas etapas.

    A nivel emocional, la capacidad de avanzar desarrollar metas lo relacionamos con la alegría. En algunos estados, cuando es muy elevada, quiere vivirlo todo, acapara y no cierra etapas. Pero bien conectada, nos lleva a la ilusión, al optimismo y al generar metas y objetivo a corto, medio y largo plazo.

    Por tanto, desde el punto de vista emocional, lo que necesito para construir una nueva etapa es un buen equilibrio en mi tristeza, en mi alegría y en la relación entre las dos. Debo saber identificar lo que ya no es válido, poderlo soltar, no querer vivirlo todo y conectar con la ilusión del futuro.

    ¿Cómo avanzo y abro una nueva etapa?

    En primer lugar, como requisito para poder hacerlo, es contar con tiempo para desarrollarlo y un margen de actuación adecuado. Ni puedo abrir ciclos sin tener tiempo para pensarlos ni si es para dentro de una semana. Partiendo ya de esos requisitos, hay determinados puntos a trabajar de cara a una nueva etapa.

    Los puntos necesarios tienen que ver con lo visto anteriormente a nivel emocional. Por tanto, esto es lo que podemos hacer:

    Identifica lo que ya no vale

    Es importante antes de abrir cualquier nueva etapa saber identificar qué no queremos. Qué cosas de mi etapa actual ya no me sirven, me hacen daño o no me generan plenitud. Un listado dividido por áreas de mi vida puede ayudarme a ir parte por parte y ver qué no funciona.

    En este paso no tengo que pensar qué quiero, sino qué no me vale ahora mismo. Eso puede generarnos confusión. Por ejemplo, mi nueva etapa quiero que esté marcada por perder peso. ¿Qué no me vale? Por ejemplo, el pedir comida a domicilio todos los fines de semana o mi falta de organización con las comidas. Esas partes son las que identifico como no válidas en esta etapa.

    ¿Cómo puedo soltar lo que no sirve?

    Aquí aplicaríamos diferentes estrategias, una vez consolidado el punto anterior. Veo qué tengo que soltar y busco la manera de hacerlo o de impedir que siga en mi vida. Si quiero cambiar de trabajo y ya he asumido que no me llena, ¿cuándo voy a hablar con mi jefe y decirle que me voy? Marcar unos tiempos y poner una fecha de cierre sería una buena estrategia.

    Renuncio a no vivirlo todo

    Este punto implica revisar todas nuestras viejas creencias y necesidades limitantes. ¿Por qué tengo esa necesidad de querer vivirlo todo y de acaparar? Eso hace que mi vida esté más llena, pero no necesariamente que sea más plena. De hecho, el querer vivirlo todo no se relaciona con la plenitud, sino con la superficialidad. No tenemos ni el tiempo ni la capacidad de realmente acaparar y disfrutar todo a la vez.

    Me doy permiso para no vivirlo todo, para perder cosas y que otras vengan a mi vida.

    Nuevas metas

    Una vez realizados los tres puntos anteriores, es el momento de definir la nueva etapa. Ahora es cuando sí defino qué quiero, cómo lo quiero y de qué manera. ¿Qué voy a añadir a esta nueva etapa? ¿Qué me falta o que intercambio por algo que ya no me estaba llenando? Marcarnos plazos y una estructura muy concreta es imprescindible en este punto.

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