Hace poco nos contactó nuestra amiga Eva Carnero, periodista de El País, interesada en hacer una entrevista para un artículo en Buena Vida sobre la personalidad pasivo-agresiva. La temática es de gran interés, y el cuestionario lo contestó estupendamente nuestra compañera Rocío Martín-Serrano, por lo que lo reproducimos a continuación en su totalidad.

¿Cómo saber si uno es pasivo agresivo?

Los comportamientos agresivos silenciosos no son fáciles de reconocer. Sin embargo, son mucho más comunes de lo que imaginamos. Esta conducta, la encontramos en las relaciones laborales, entre amigos y, por supuesto, en la pareja. Es el resultado de diversos factores: conflictos de autoestima, sensaciones de abandono en la infancia, habitualmente de la madre, de conductas aprendidas.

En este artículo trataremos de dar las claves de en qué consiste y sobre todo, de cuándo se trata de algo puntual carente de importancia y cuándo se trata de un rasgo fundamental del comportamiento de la persona, caso en el que convendría la ayuda de un psicólogo.

P: En primer lugar, ¿qué tipo de comportamiento define una conducta pasivo-agresiva?

R: La conducta pasivo-agresiva consiste en mostrar en primer lugar una reacción aparentemente indiferente o pasiva ante el otro y ante uno mismo, y de una forma justificada o no, inmediata o a largo plazo, reaccionar mediante una agresividad encubierta. Y esta es precisamente la dificultad para detectar este perfil agresivo, pues se enmascara dicha agresividad detrás del sarcasmo, la amabilidad y la aparente necesidad de agradar.

Es importante saber que este perfil presenta diferentes caras ante lo que dice y lo que hace, teniendo dificultades para empatizar y ejerciendo un abuso muy sutil, pero de igual forma muy desgastante. Generalmente estas personas son inflexibles y faltas de autocrítica. Además, presentan dependencia emocional, aunque no lo manifiestan abiertamente, puesto que son defensores de su libertad y autonomía. Se trata, por tanto, de un perfil muy ambivalente.

P: ¿Dónde cree que puede estar el origen de este comportamiento?

R: El origen de dicho comportamiento puede deberse a múltiples causas, ya que detrás de estas personas hay siempre muchas dificultades emocionales.

Estas actitudes se asocian frecuentemente a las dificultades en los vínculos de apego con sus figuras parentales, ya que el desarrollo del vínculo ha sido inseguro. Que el apego sea inseguro no significa que la persona no haya sido querida, sino que la forma en la que han establecido los lazos y las relaciones con sus padres no les ha aportado la suficiente seguridad y protección para desarrollar una seguridad emocional y por tanto un desarrollo adecuado de las características de personalidad, dando lugar a este comportamiento pasivo-agresivo.

También se da en personas que han sufrido situaciones de bullying, ya que se han sentido muy expuestas y en muchos casos acosadas. Este tipo de situaciones suelen generar mucha rabia, y una mala gestión de dicha esta genera como mecanismo de defensa esa conducta pasivo-agresiva.

También suele producirse en trastornos depresivos o trastornos de ansiedad, así como trastornos por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

P: En el ambiente laboral, ¿cómo se puede identificar este tipo de persona? ¿Y en casa? ¿con la pareja?

R: En cualquier ambiente es conveniente identificarlo a través de la observación en la reacción que tiene la persona ante una frustración o el cambio.

En el ámbito laboral, por ejemplo, se reflejaría cuando se hacen bromas con temas que hieren la sensibilidad con el objetivo de avergonzar a la otra persona, o cuando alguien sabe que para ti es importante tener unos documentos, pero no recibes ninguna respuesta o hace como si no te hubiera escuchado.

En el ámbito de la pareja, no difiere mucho de lo dicho anteriormente, pero se añaden más opciones puesto que en la pareja se establece un vínculo afectivo más fuerte y esto hace que pueda aparecer de forma más frecuente e intensa. Lo más característico en cómo este comportamiento se manifiesta en la pareja es que no se expresa claramente, es decir, no muestran sus rabias o frustraciones y esto hace que dichas rabias acumuladas generen un resentimiento que les hace manipular de forma muy sutil la realidad, haciendo que la otra persona se convierta en la responsable del conflicto. Las parejas también suelen presentar una gran dificultad para asumir responsabilidad compartida, así como para cooperar. Y, además, es frecuenten que desarrollen un rol muy victimista, donde se eximen de culpa desde su parte más pasiva pero a la vez culpabilizando a la otra persona.

P: ¿Es una conducta realizada de un modo plenamente consciente y premeditado o también puede que lo llevemos a cabo sin darnos cuenta?

R: Bien es cierto que presentar alguna conducta pasivo-agresiva, no significa que padezcamos dicho perfil de conducta pasivo-agresiva, y por tanto no es patológico. Sobre todo porque tomar conciencia de ello ayuda a modificarlo. Esto se puede hacer también con ayuda de un profesional, facilitándonos el trabajar todas aquellas cosas que han generado o están manteniendo este tipo de conductas.

El problema mayor está en aquellas personas que presentan este perfil y no son conscientes de ello, puesto que esto en general se genera en la infancia y se hace más visible en la adolescencia.

Por tanto, al ser un perfil tan difícil de reconocer, y al ser además un patrón de personalidad con el que han vivido durante toda su vida, estos individuos tienen dificultad para ser conscientes de ello y buscar ayuda en un contexto clínico y profesional.

P: ¿Es propia esta conducta de personas cobardes que evitan expresar su disconformidad si esta puede conducir al conflicto?

R: En realidad, se da en personas con dificultades en su autoestima y por tanto en su dificultad para gestionar las emociones, ya que la capacidad para gestionar las emociones ante un conflicto implica una seguridad personal y unas estrategias de afrontamiento basadas en dicha seguridad que una persona con este perfil carece. Por tanto, para abordarlo desde el punto de vista clínico, hasta que la persona no es consciente de dichas conductas pasivo-agresivas podemos entender que no puede encontrar otra salida ante el conflicto que sea. En el momento donde se toma conciencia de que existe un problema y no se aborda para resolverlo, entonces ahí si hablaríamos de que la persona no puede o quiere cambiarlo.

P: ¿Es algún tipo de estrategia tendente a buscar alguna satisfacción? De ser así, ¿cuál?

R: La satisfacción que buscan a través de este tipo de conductas es su propio alivio ante el conflicto y eliminar su propia responsabilidad, intentando de forma muy sutil que sea achacable a otra persona.

De este modo pueden eximirse de responsabilidad y, por tanto, que eso no les haga conectar con su propia culpa, intentando así salir ilesos de la situación de conflicto.

P: ¿En algún caso podría calificarse como un comportamiento positivo?

R: No tanto positivo, como que en algunas ocasiones pueda ser algo funcional como estrategia de afrontamiento utilizada en alguna situación en la que la persona se está sintiendo muy atacada en el conflicto. Siempre y cuando esto sean conductas conscientes y controladas, donde la persona sienta la capacidad de modificarlo, entonces se consideraría funcional para determinadas situaciones. Por supuesto, hay otras estrategias de afrontamiento o mecanismos de defensas más funcionales y adaptativos que las conductas pasivo-agresivas.

P: ¿Cuándo pasa de ser un comportamiento normal a uno patológico?

R: Esto se produce cuando la persona no es consciente y por tanto no puede manejar dicha conducta pasivo-agresiva, sino que es dominado por este perfil. Todas las personas ante determinadas situaciones pueden adoptar comportamientos pasivo-agresivos, pero la diferencia está en si se trata de conductas aisladas y conscientes, y por lo tanto modificables, o por el contrario se trata de un perfil de personalidad pasivo-agresivo, ya se trataría como algo patológico.

P: ¿Cómo reaccionar ante una persona pasivo-agresiva?

R: En primer lugar, entender que se trata de un trastorno, y que, aunque el objetivo no es compartir la forma de actuar de dichas personas, hay que comprenderlo, desde el punto de vista clínico y psicopatológico.

En el momento en el que somos conscientes de que la persona que podemos tener enfrente presenta este perfil, es recomendable evitar como mecanismo de defensa todos aquellos temas que puedan conectar con sus emociones personales.

También hay que evitar intentar razonar con ellos sobre donde te has sentido agredido, puesto que al no ser consciente de ello, la persona con este perfil va a tender a la victimización, y va a convertir el mensaje en un ataque.

Una de las pautas más importantes es mantener la calma y no señalar a esa persona realizando un juicio. Esto ayuda a uno mismo a protegerse y de forma indirecta puede permitir controlar la reacción pasivo agresiva de la otra persona.

También es positivo utilizar la asertividad para tratar de poner límites pero que la persona con dicho perfil no pueda tener motivos reales a través de los cuales sentirse atacado.

 

 

Autor:

Rocío Martín-Serrano Guerra

Psicóloga General Sanitaria, M-31567

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