La asertividad se basa en dos premisas: sé poner límites y digo “no” con total seguridad. Esto debe hacerse alcanzando el equilibrio entre ser muy agresivos con la otra persona o caer en la pasividad. De hecho, aunque los límites estén puestos o hayamos dicho que no, si lo hemos hecho desde el polo de la agresividad, no hemos sido realmente asertivos. En lugar de dejarnos invadir por el otro, hemos sido nosotros los invasores, a los que otras personas deberían también ponernos límites.

Búsqueda de seguridad

Pero ¿por qué es tan importante saber poner límites y decir no? La primera necesidad de una persona en cuanto a sí misma y en cuanto a las relaciones es la búsqueda de la seguridad. Sin ella, todas las demás estructuras que deben alcanzarse a nivel emocional, o bien no se podrán construir o, de hacerlo, serán inestables. Si, por ejemplo, conozco a una persona en el trabajo y empiezo a relacionarme con ella, si no me siento seguro, si no sé decir que no o poner límites, no podré pedirle ayuda o dejar que me ayude, no habrá un sentimiento de que el vínculo está compensando o de que la persona me refuerza mi confianza.

La seguridad, tanto a nivel físico o emocional, es requisito imprescindible para que se puedan construir relaciones, buscar un desarrollo o sentirse en sintonía con los demás. De lo contrario, podemos llegar a sentir soledad, miedo, aislamiento o una constante necesidad de huir de los demás. Y la llave para esa seguridad es la asertividad.

El miedo puede ayudarnos

A la hora de categorizar las emociones, consideramos el miedo como una emoción negativa, cuando realmente lo que quiere para nosotros es algo positivo: la seguridad. Sí es cierto que ese miedo no debe ser desmesurado ni estar totalmente desconectado. Tiene que alcanzar el punto óptimo donde nos pondremos en alerta y ejecutaremos una serie de límites de seguridad que nos pongan a salvo. Cuando el miedo se refiere a la integridad física es fácil verlo, aunque no tanto en aspectos sociales. Soy capaz de establecer una serie de límites de seguridad frente a una crisis sanitaria mundial, pero me cuesta poner límites a mis relaciones sociales.

Cuando una persona me invita a una fiesta y no me apetece ir es porque anticipo (leo el futuro) que no me lo voy a pasar bien. Es entonces cuando debo activar la emoción del miedo y ser asertivo para poner límites de seguridad y decir no. Algo que amenaza mi tranquilidad puedo evitarlo con dicha emoción. Lo mismo ocurre cuando mi jefe me pide hacer horas extra dentro de una semana y no me las va a pagar. Le digo que no, ya que, de hacerlo, estaría poniendo en riesgo tanto mi tiempo libre como mi economía.

¿Puede entrenarse la asertividad?

Como decíamos anteriormente, los extremos son la agresividad y la pasividad. Pero no nos colocamos en esos extremos desde el momento en el que nacemos. Si pensamos en los bebés o en los niños muy pequeños, saben alejarse de lo que no les gusta, rechazar o decir que no. Y, ¿no es “no” lo primero que empiezan a decir con la cabeza? Por tanto, perder la asertividad es algo que aprendemos, algo para lo que nos educan o que las experiencias nos van moldeando. Y si lo hemos aprendido, podemos también desaprender, volver a la asertividad que teníamos cuando éramos niños, cuando nos permitíamos descartar lo que no nos gustaba y, sobre todo, ser capaces de expresarlo.

La asertividad no es algo que deba aprenderse o trabajarse, sino todo lo contrarios: desaprendemos aquello que la vida nos ha programado y nos hacemos de nuevo responsables de nuestra seguridad. Poner límites y decir “no” es un derecho y algo que siempre hemos sabido hacer. Solo debemos recordarlo.

Empieza a revisar los errores

Cuando decidimos construir de nuevo la asertividad y saber poner límites correctamente, debemos trabajar en un primer momento con todas esas veces donde lo hemos hecho de forma errónea. Revisar los fallos nos hace ver las alternativas asertivas que podíamos haber usado, qué limites eran los correctos o cómo tendríamos que haber verbalizado el “no”.

Busca 10 hechos del pasado reciente donde no supiste ser asertivo. Identifica cuál era la amenaza y cómo te sentiste cuando llegó. Por ejemplo, siguiendo el caso anterior, cuando te ves obligado a ir a una fiesta por compromiso, ¿cómo te sentiste ya en la fiesta? ¿Qué tipo de emociones negativas sentiste y podías haber evitado? Una vez hecho eso, ¿de qué forma podías haber dicho “no”, siendo sincero, pero sin dañar al otro? Esto último es lo que más entrenamiento requiere, pero es imprescindible.

Cada vez que cometas un nuevo fallo, piensa que te sirve para el aprendizaje, para evaluarlo y buscar un mejor esquema que usar en el futuro. Eso te liberará de la culpa de no haber sido asertivo y de no saber poner límites aún de forma correcta.

Técnica del Sándwich

La Técnica del Sándwich es la mejor forma de rechazar invitaciones o saber decir que no. Tiene una estructura marcada que podemos usar siempre para poner límites. Empiezo con un halago o algo positivo, después pongo el límite y, por último, termino con algo positivo. Todo desde la sinceridad.

Si cogemos la situación de que un amigo te invita a ver una obra de teatro que a ti no te apetece, el esquema es el siguiente:

  • Elogio sincero: expreso un halago totalmente verdadero. “Me encanta hacer planes contigo.”
  • Límite o “no”: “Pero no me gusta/no me apetece ir al teatro”.
  • Mensaje o propuesta positiva: “Seguro que encuentras a alguien con quien sí puedas compartir ese día”.

La seguridad es la base estructural sobre la que se va a asentar todo bienestar emocional. Sin dicha base, todo lo que nos propongamos construir después no va a funcionar o se va a tambalear constantemente. Cualquier camino que sigamos, cualquier vínculo que formemos o cualquier contacto social que hagamos donde no haya seguridad, nos generará insatisfacción y diversas emociones negativas. Es por eso que la asertividad, el saber poner límites y el decir no, son tan importantes para nosotros.

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