Cuando hablamos de problemas relacionados con la autoestima, nos estamos refiriendo a todo aquello que tiene que ver con dificultades en el reconocimiento personal. El no saber verse o valorarse, el despreciar aquello que somos o el buscar que los demás me reconozcan porque yo soy incapaz de hacerlo, son algunos de los síntomas de mala autoestima. No siempre aparecen todos los puntos a la vez, ya que cada persona tiene una forma específica de comportarse, pero sí hay patrones comunes. La baja autoestima puede aparecer en forma de necesidad de ser útil para que me valoren, pero también en una sobreprotección hermética por miedo a que me dañes. Todo ello, sea como sea el problema que tengamos con la autoestima, hace que surjan determinadas emociones que acaban siendo disfuncionales para nosotros.

¿Qué sí es tener una buena autoestima?

De forma simple, la autoestima es saber reconocerme a mí y a los demás. Es poder ver cuáles son mis méritos, qué fortalezas tengo, cuáles son mis necesidades, qué valores guían mi vida y hacer que mis acciones sean coherentes a todo eso. Me reconozco como un ser único, pero siempre al mismo nivel que los demás, ni por encima ni por debajo. Si mi autoestima está en un punto óptimo, también tendré la capacidad de poder ver cómo son los demás y reconocerlos por ello.

Cuando una persona tiene buena autoestima, vemos que vive de una forma más plena, sin juzgarse ni juzgar a los otros, dando el valor necesario a cada hecho y confiando en el proceso natural de las cosas. Sabe definir unas metas y orientarse hacia ella. Pero también sabe que puede cometer errores y que, cuando estos lleguen, serán aprendizajes que le harán elevarse aún más hacia su meta.

La autoestima como construcción

Cuando nacemos, nuestra autoestima como tal no existe. Es un constructo que va apareciendo a medida que nuestro cerebro se desarrolla e interaccionamos con los demás. Surge cuando me veo a mí y veo a los demás, cuando escucho lo que mis padres me dicen o como la cultura habla sobre lo que está bien o es deseable. Y esa construcción que es la autoestima es muy frágil. Vivimos rodeados de comparaciones, de aspectos o de habilidades que otros tienen y a nosotros nos faltan, o eso nos dice la sociedad. No señalan como seres imperfectos, por debajo de otros seres que sí lo son. Sin embargo, de la misma forma que la autoestima es una construcción, la perfección también lo es. Se basa en unos cánones temporales y finitos, es decir, ligados a modas que un día terminarán. Pero, mientras la moda dure, si yo no tengo esos rasgos definidos socialmente, me creeré imperfecto y por debajo de los demás.

En esa construcción de perfección basada en la comparación no vemos a cada ser humano en su totalidad. Simplemente señalamos un rasgo, el tener una talla 38, por ejemplo, y decimos que todo lo que esté por encima es malo. ¿Y los demás rasgos de la persona? Medimos la perfección de forma falsa, ya que nos focalizamos en un rasgo físico en este caso, sin tener en cuenta aspectos de valía o de inteligencia.

¿En qué deriva emocionalmente la autoestima?

La autoestima, el saberme reconocer y reconocer a los demás, llega a través de la emoción del Orgullo. No se trata de lo que socialmente creemos que es ser “orgullosos” sino de saber ver la valía, desde la humildad, y considerar todo aquello que es bueno en mí y en los otros. Cuando esta emoción no está en su punto óptimo ya que no hay una buena autoestima, aparecen emociones secundarias. Situaciones donde yo debería sentir orgullo, al no poder acceder a esa emoción, siento otras. Y también ocurre al revés, situaciones donde es más adaptativo sentir otra emoción, yo siento orgullo. Siempre como consecuencia de un problema en la autoestima.

¿Cuáles son esas disfunciones emocionales que tienen que ver con dificultades en la autoestima?

Cuando debería reconocerme pero no puedo

Las siguientes disfunciones las vemos cuando lo correcto sería saberme valorar y reconocer, porque ha ocurrido algo para ello. En cambio, en esa situación, siento otra emoción en lugar de Orgullo auténtico.

Vergüenza: Miedo en lugar de orgullo

Considero que el exponerme y mostrarme ante los demás es una amenaza, por lo que me escondo o huyo de esas situaciones.

Castración: Tristeza en lugar de orgullo

En vez de reconocerme a mí mismo, me menosprecio y solo veo los defectos. Me coloco por debajo de los demás.

Envidia: Rabia en lugar de orgullo

Me molesta que los demás ganen algo o logren méritos. No conecto con mi orgullo hacia esas personas.

Vanidad: Amor en lugar de orgullo

Creo que todo gira en torno a mí y soy incapaz de ver mis verdaderos logros de forma específica.

Pensamiento mágico: Alegría en lugar de orgullo

Considero que todo aquello que me ocurre es fruto de la suerte y el azar, sin que yo haya intervenido. No veo lo que yo he movido para lograrlo.

Cuando lo único que hago es reconocerme

Estas disfunciones aparecen cuando queremos ser siempre protagonistas, ya que nos sentimos mejores y superiores. Es llevar lo que somos o son los otros al extremo, pensando que las demás cualidades son siempre son inferiores.

Prepotencia: Orgullo en lugar de miedo

Ocurre cuando en lugar de buscar la seguridad, queremos lucirnos y mostrar que estamos por encima de todo.

Pedantería: Orgullo en lugar de tristeza

En situaciones donde se deben buscar soluciones, actuamos luciéndonos y mostrando todos nuestros dotes. Nos colocamos en el centro en una situación que no requiere de protagonistas.

Adulación: Orgullo en lugar de rabia

Ocurre cuando, ante personas que abusan o que cometen agresiones, no lo denuncias, sino que te colocas por detrás de ellos y les haces la pelota.

Superioridad: Orgullo en lugar de amor

El amor crea un estado de equilibrio donde nadie está por encima de nadie. Pero si lo gestionamos desde el orgullo, yo me creeré mejor que tú, sentiré que estoy por encima y asumiré ese rol en la relación.

Idolatría: Orgullo en lugar de alegría

En ciertas situaciones, solo deberíamos estar tranquilos y disfrutar. Pero, si actuamos desde el orgullo, lo que buscamos, de nuevo, es el protagonismo y estar en un escenario donde todos nos admiren y aplaudan.

El Orgullo es la emoción que nos ayuda a reconocernos y reconocer a los demás. Sin esta emoción, nuestra autoestima no podría colocarse en un punto óptimo y no veríamos todo lo que somos y merecemos. Por eso, saber en qué disfunciones del Orgullo caemos y darnos cuenta de que hay otros caminos, nos puede ayudar a trabajar con nuestra autoestima

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