¿Qué son los problemas de conducta en niños?

Posiblemente una de las dificultades más temidas por todos los padres son los problemas de conducta en niños. Se trata de una situación que puede poner a prueba la paciencia del más calmado. Además, es también una etapa por la que habrán de pasar todas las personas en su proceso de maduración; todos los niños y adolescentes se comportan mal a veces, es algo inherente a madurar y explorar los propios límites.

Sin embargo, a veces se puede llegar a desarrollar un patrón de conducta verdaderamente hostil. En estos casos, no hablaríamos ya de situaciones puntuales, sino de un auténtico trastorno del comportamiento.

Comportamientos desafiantes como las rabietas permanentes, la desobediencia, las mentiras persistentes o la agresividad entrarían en esta categoría. En estos casos, es recomendable buscar ayuda profesional, ya que en caso contrario el problema podría agravarse con el tiempo.

Como siempre, la dificultad estriba en distinguir entre un auténtico trastorno del comportamiento o una actitud pasajera. Es por este motivo que, en primer lugar, es necesario definir exactamente qué es un problema de conducta en niños. Así, decimos que nuestro hijo se comporta mal cuando no actúa como nosotros queremos; esto, sin embargo, es una valoración muy subjetiva, y en muchas ocasiones insuficiente para hablar de problemas de conducta.

Por el contrario, cuando el niño actúa de manera agresiva o violenta, si desobedece reiteradamente las instrucciones de sus padres, o si desafía constantemente las normas de convivencia familiar, parece claro que en estas situaciones sí sería apropiado hablar de esos problemas de conducta. La diferencia principal, por tanto, se encuentra tanto en la intensidad como en la persistencia del comportamiento del niño.

¿A qué se deben los problemas de conducta en niños?

Uno de los elementos más comunes en los casos de problemas de conducta en niños es que los padres creen que, simplemente, su hijo es así. Sin embargo, esto es meramente una forma de no afrontar el problema real, e incluso peor aún, de agravarlo. Con esta actitud, los padres no solo evitan tener que confrontar al niño; por el contrario, le están dando rienda suelta para que sus problemas de conducta sigan creciendo incontrolados.

Obviamente, no existe una única causa que de lugar a este tipo de problemas; se trata más bien de un conjunto de factores, los cuales actúan de manera interrelacionada. Así, existen factores genéticos o fisiológicos que pueden influir sobre la personalidad del niño, aunque al mismo tiempo influyen también las vivencias personales del menor, la educación recibida o el estilo de apego paterno.

No obstante, cabe la posibilidad de enumerar los principales factores que pueden propiciar la aparición de este tipo de trastornos. De este modo, hablaríamos sobre todo de las siguientes causas:

Principales causas de los problemas de conducta en niños
  • Educación recibida por el niño: esta es posiblemente una de las causas más importantes. La educación tiene por finalidad enseñar al niño las consecuencias de sus acciones. Así, los menores aprenden que, ante determinados comportamientos, pueden recibir refuerzos o castigos.
    Un problema educativo sería, por tanto, cuando ante una conducta inapropiada del niño, en vez de ser castigado, es premiado; un ejemplo sería cuando el niño tiene una rabieta y, en vez de ignorarlo, le damos lo que pide. En estos casos, el niño termina por aprender que tener rabietas surte efecto y consigue lo que quiere.
  • Apego paterno: esta causa es menos aparente, pero igualmente importante. Cada vez está más demostrado que el apego paterno tiene una importancia crucial en el desarrollo de la personalidad. Este vínculo de apego consiste en el tipo de relación entre un niño y sus padres; es tal su importancia, que puede influir en el desarrollo de la autoestima, control emocional y personalidad del niño.
    Esto se traduce en que factores como el estilo autoritario o conciliador de los padres, su disponibilidad para pasar tiempo con el hijo, el estilo de comunicación, o la capacidad para expresar emociones, influirán de manera importante en cómo se comporta el niño.
  • Personalidad del niño: igualmente, existen también factores inherentes al niño respecto a cómo se comporta. Aquí hablaríamos de factores genéticos y fisiológicos, pero también psicológicos.
    Cada persona puede responder de manera diferente ante unos mismos estímulos; del mismo modo, cada niño puede desarrollar una personalidad distinta ante una misma situación. En última instancia, cada persona es única y tiene un temperamento y actitud propia.
  • Factores externos: por último, existen otros elementos que pueden influir en cómo el niño se comporta. Aquí hablaríamos de factores como las relaciones sociales, el entorno socioeconómico, experiencias vividas, etc.
¿Cuáles son los principales síntomas de los problemas de conducta en niños?

Frecuentemente los problemas de conducta en niños no se manifiestan de golpe, sino que suele ser un proceso gradual. Esto muchas veces dificulta la identificación del problema, ya que puede ser difícil distinguirlo de la simple personalidad del menor. Sin embargo, sí que hay algunos indicios que, si se repiten frecuentemente, pueden servir como señales de alarma. En estos casos, hablaríamos como síntomas más evidentes de las siguientes actitudes:

  • El niño se enfada con frecuencia, y con gran intensidad.
  • No acepta las normas establecidas, ya sea en el ámbito familiar o en cualquier otro.
  • Tiene una actitud desafiante, ya sea verbalmente, con la postura o con la mirada.
  • Su actitud es maleducada o contesta con malas maneras.
  • No obedece las instrucciones que se le dan, las incumple deliberadamente o hace como que no las escucha.
  • Muestra fracaso escolar.
  • Trasgrede con frecuencia los derechos de otras personas, amenazándolas o dañándolas a ellas o a sus pertenencias.
  • Roba, se apropia o daña objetos ajenos.
  • No asume responsabilidades por sus actos, echa las culpas al resto de personas.
  • Se inician tempranamente en el consumo de alcohol, drogas o sexo.
  • Muestra una actitud rencorosa o vengativa.
  • Tiene actitudes crueles, con otros niños o con animales.
  • Miente con frecuencia, no reconoce sus errores.
¿Qué tipos de problemas de conducta en niños hay?

A la hora de distinguir entre los distintos tipos de problemas de conducta en niños, existen tres grandes subtipos diferenciados. Aunque parecidos, cada uno de estos presenta unas características y rasgos particulares. De este modo, encontraríamos los siguientes:

Tipo negativista desafiante (desobediencia)

Como ya hemos mencionado anteriormente, es necesario saber exactamente a qué nos referimos cuando hablamos de desobediencia. Puede que nuestro hijo no actúe siempre como nosotros quisiéramos, aunque esto no necesariamente es desobediencia. Esto puede darse porque el niño no puede actuar así por factores externos, porque no ha entendido lo que esperamos de él, porque tiene instrucciones contradictorias, o por cualquier otro motivo.

Para entendernos, hablaríamos de desobediencia únicamente cuando se incumple deliberadamente una orden clara que han dado los padres. Además, en ocasiones se presentan también rasgos negativistas junto con la desobediencia; estos rasgos se caracterizan por agresividad, explosiones de ira, discusiones, etc.

En base a estos criterios, hablaríamos de trastorno negativista desafiante solo en ciertas circunstancias. Los rasgos de desobediencia y negatividad se tienen que dar de manera acusada y durante un mínimo de 6 meses.

Por lo general, este tipo de conductas pueden darse el en ámbito familiar, social o escolar, de manera aislada. Sin embargo, en aquellos casos más graves, pueden darse en todos ellos a la vez.

Trastorno explosivo intermitente (rabietas)

Otro de los problemas de conducta en niños más frecuente es el de las rabietas. En aquellos casos más severos, cuando estas son especialmente violentas, injustificadas y aleatorias, hablaríamos ya de un trastorno explosivo intermitente.

Este trastorno se caracteriza precisamente por la virulencia y aleatoriedad de las reacciones agresivas del niño. Estos ataques se caracterizan por no tener un motivo que los justifique, así como por la brusquedad de los arrebatos; en estos casos, es frecuente que se dañen objetos y pertenencias ajenas, o incluso que el niño se autolesione. Sin embargo, para hablar de un trastorno propiamente dicho, es necesario que estos episodios sean prolongados en el tiempo; así, podríamos afirmar que existe un desorden psicológico únicamente si las rabietas se suceden durante al menos dos semanas.

Lo más característico de este trastorno es que se produce sin previo aviso, sin una justificación aparente, y con una intensidad absolutamente desproporcionada en comparación con la circunstancia que pueda actuar como detonante de la rabieta. Además, vienen motivados por una absoluta incapacidad para autogestionar las emociones, lo que significa que no son intencionados. Por ello, generalmente se producen como reacción a alguna situación o contratiempo inesperados.

Trastorno de conducta

Por último, encontramos el denominado trastorno de conducta. Aquí se engloban aquellos casos en los que el niño no se somete a ningún tipo de autoridad; esto significa que no acepta reglas en casa, ni normas sociales, ni respeta derechos ni propiedades ajenas. Se trata, por tanto, de uno de los problemas de conducta en niños más graves que se pueden encontrar.

Muchas veces, los niños con este desorden muestran una elevada agresividad, ya sea hacia otras personas o hacia animales. Aquí, son habituales las conductas violentas, crueles o incluso sádicas, en las que el menor disfruta haciendo daño.

En otras ocasiones, no existe esta agresividad, aunque se produce una absoluta falta de respeto a los bienes ajenos. Aquí, el niño disfruta destruyendo o dañando las propiedades de otras personas.

Otro caso común se da cuando, en vez de dañar personas o cosas, el menor lo que hace es robar. En estos supuestos, la actitud característica del niño es la constante necesidad de cometer hurtos y mentir al respecto.

Por último, encontramos aquellas situaciones en las que la característica es la infracción constante y grave de las normas. Aquí no se producen daños ni robos, sino que el niño lo que hace es quebrantar reglas de manera deliberada; esta es una actitud desafiante en la que el menor es perfectamente consciente de las consecuencias de sus actos.

¿Cómo se tratan los problemas de conducta en niños?

Los problemas de conducta en niños pueden resultar complicados de tratar. Evidentemente, existen diferentes niveles e intensidades de cada tipo de trastorno, por lo que no hay un único tratamiento. Por ello, en cada caso será necesaria una valoración específica de la situación del menor, así como una adecuación del procedimiento a seguir.

En la mayor parte de los casos, la vía más adecuada para abordar el problema es la intervención psicológica. Aquí, el objetivo es ayudar al niño a comprender y gestionar sus emociones, para que controle así su comportamiento. Además, este tratamiento no interviene únicamente sobre el menor; además de este, es importante la participación de los padres o incluso del núcleo familiar. Esto se debe a la importancia de enseñar también a la familia sobre cómo gestionar al niño.

Solo en los casos más extremos y complicados puede ser necesaria la intervención de un profesional médico. En estos supuestos, lo habitual es el uso de fármacos para actuar como antiestimulantes o antidepresivos. Esto, no obstante, no suele ser necesario en la mayor parte de los casos.

Muchas veces, también es de utilidad formar al entorno escolar del niño sobre cómo gestionar al menor. Se ha demostrado que capacitar a los profesores en estrategias para ayudar al niño en su problemática es altamente efectivo. Por este motivo, suele ser recomendable que si nuestro hijo tiene un trastorno del comportamiento acuda a un colegio en el que su cuerpo docente esté formado en el trato con este tipo de niños.

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