¿Qué son los problemas de convivencia en la pareja?

Los problemas de convivencia en la pareja son una parte ineludible de toda relación sentimental. La vida en común de dos personas hace que sea inevitable que surjan fricciones en el día a día. Las pautas más elementales de una persona pueden no coincidir con las de su pareja, lo que puede generar desacuerdos. Cuestiones como la limpieza del hogar, el reparto de tareas, los horarios, etc., pueden terminar por convertirse en asuntos espinosos.

Para que la relación de pareja se desarrolle adecuadamente, ambas partes deben entender la necesidad de adaptarse mutuamente. Cualquier posición inflexible terminará haciendo que la otra parte termine resintiéndose, tanto si cede como si no. En este sentido, la capacidad de negociar y de asumir compromisos es imprescindible para garantizar una vida en común satisfactoria.

De este modo, los problemas de convivencia en la pareja puede que no se solucionen, pero sí pueden ser sobrellevados. Puesto que es irreal pensar en evitar la aparición de discrepancias, lo lógico es aprender a gestionarlas. Partiendo de este enfoque, es más fácil comprender mejor la casuística a la que nos enfrentamos; los problemas de convivencia en la pareja son, en efecto, consecuencia de la inmadurez de la relación. Más que su origen, lo importante es cómo son tratados y las actitudes que desarrollamos para afrontarlos.

Esto se debe a que, al comienzo de una relación, mostramos a la otra persona nuestra mejor faceta. Sin embargo, en el momento en que comenzamos a convivir, esto ya no es posible; a partir de ese momento nuestra pareja puede ver realmente como somos. Se muestra nuestra personalidad al completo, incluso en aquellos aspectos más íntimos de los que no nos sentimos orgullosos. Por ello, gestionar estas situaciones requiere de gran madurez, flexibilidad y tolerancia por ambas partes.

¿Por qué motivos puedo tener problemas de convivencia en la pareja?

En una relación sentimental, no se puede culpar al otro de que la pareja no funcione. Cada uno es plenamente responsable de que la relación prospere. Además, como hemos dicho con anterioridad, todas las relaciones conllevan fricciones. Esto significa que los motivos que pueden dar lugar a problemas de convivencia en la pareja son muy variados; no obstante, podemos identificar una serie de elementos subyacentes que comúnmente se producen en las relaciones conflictivas.

Así, se trata no tanto de factores desencadenantes, sino más bien de ingredientes de fondo. Este tipo de circunstancias ponen la base para que los conflictos y desavenencias se reproduzcan y perpetúen en el tiempo.

Elementos subyacentes a los problemas de convivencia en la pareja:
  • Inmadurez: se da cuando la pareja no sabe gestionar conflictos adecuadamente. Esto puede dar lugar a que cualquier pequeña desavenencia, por insignificante que sea, termine por generar problemas recurrentes. Esta inmadurez implica la falta de capacidades básicas para el desarrollo de una relación, como la empatía o la tolerancia.
  • Desigualdad: otra de las causas comunes se produce cuando la relación no está equilibrada. Esto suele percibirse en cuestiones aparentemente irrelevantes, como el reparto de tareas o responsabilidades; sin embargo, estos detalles suelen esconder factores más importantes, como el equilibrio de poder en la relación. Sea como sea, esto no significa que una pareja solo pueda funcionar si es totalmente equitativa, con un reparto de tareas y responsabilidades al 50%, sino que la distribución que se haga debe ser consensuada y aceptada por ambos miembros de la relación.
  • Falta de compromiso: la relación de pareja es posiblemente una de las facetas más complejas y agotadoras de la vida. Aunque la pareja es una fuente de inspiración y apoyo, también lo es de frustración y conflicto. Esto significa que es imprescindible contar con un fuerte compromiso para hacer que la relación funcione. En caso contrario, lo más habitual sería tirar la toalla ante las primeras adversidades.
  • Problemas de intimidad de la pareja: en contra de lo que suele pensarse, intimidad no es solo sexualidad. La intimidad implica otros aspectos, como la complicidad, la confianza o el conocimiento de los deseos y necesidades del otro. Estos son los elementos básicos que permiten gestionar adecuadamente los conflictos. Cuando la intimidad de la relación está comprometida, es muy probable que se produzcan problemas de convivencia en la pareja.
¿Cómo saber si los problemas de convivencia en la pareja están convirtiéndose en un problema?

Aunque hemos dicho con anterioridad que todas las relaciones tienen conflictos, llega un momento en que estos pueden ser alarmantes. Esto sucede cuando los problemas de convivencia en la pareja se vuelven demasiado recurrentes o demasiado intensos. En estos casos, es mejor buscar ayuda por parte de un profesional que nos asesore.

Señales de alarma
  • El deseo o las relaciones sexuales han desaparecido. Esto sucede cuando, como consecuencia del distanciamiento emocional, la sexualidad de la pareja se ha visto comprometida. Puesto que el aspecto sexual es de gran importancia en las relaciones sentimentales, una disfunción en este sentido suele ser de gravedad y habitualmente anticipa un distanciamiento incluso mayor en otros ámbitos. Por este motivo, se podría afirmar que la sexualidad es un buen indicativo de que una pareja funciona adecuadamente; si bien esto no es un valor absoluto, sí que se trata de un elemento al que prestar atención.
  • La comunicación se ha roto. Esto no se produce únicamente si la pareja ha dejado de hablarse, ya que puede manifestarse de otras maneras. Se puede hablar sobre el día a día, las responsabilidades o las actividades cotidianas, pero sin llegar a abrirse nunca a la otra persona, sin compartir los sentimientos o preocupaciones que nos afectan. En este sentido, la comunicación va más allá de simplemente mantener un diálogo. Consiste en compartir con la otra persona cuestiones tales como los retos individuales, las aspiraciones o los miedos propios.
  • Falta de complicidad. La complicidad es la expresión propia del afecto y del cariño; cuando esta ha desaparecido de la relación, muy posiblemente el distanciamiento emocional sea más grave de lo que pensamos. Una pareja sin intimidad se convierte en algo totalmente distinto; encontraríamos aquí una relación puramente funcional, como la que podríamos mantener con un socio o un compañero de piso.
  • Intereses y prioridades diferentes. Puede ser porque no se persiguen los mismos objetivos o porque se tienen distintos intereses. En estos casos, se deja de tener una meta compartida, que es uno de los elementos que más unen a una pareja. Como consecuencia, los planes de futuro dejan de tener sentido.
¿Existen distintos tipos de problemas de convivencia en la pareja?

Mantener una relación estable con una pareja no es sencillo, requiere de tiempo, dedicación y compromiso. La cantidad de motivos por los que pueden surgir conflictos es casi ilimitada, por no decir directamente infinita. Sin embargo, algunos de los desencadenantes de problemas de convivencia en la pareja se repiten frecuentemente.

Tipos frecuentes de problemas de convivencia en la pareja
  • Cariño. Aunque estemos seguros de que nuestra pareja sabe que la queremos, es importante expresarlo y hacérselo saber.
  • Amistades. La pareja puede tener relaciones o vínculos con personas que no son de nuestro agrado, y es necesario respetarlo.
  • Orden. La manera en que organizamos o no nuestros objetos es muy subjetiva, y suele ser fuente de conflicto.
  • Independencia. El espacio de cada miembro de la pareja y el respeto a su autonomía es imprescindible en cualquier relación sana.
  • Sexualidad. Aunque las relaciones sexuales no garantizan por sí mismas que una pareja funcione, su ausencia muchas veces precede una ruptura.
  • Dedicación. Conseguir que la pareja funcione requiere de una importante inversión de tiempo.
  • Tareas. El reparto de responsabilidades debe ser equitativo, y una parte no puede sobrecargar a la otra evadiendo sus obligaciones.
  • Ocio. Qué hacer en el tiempo de ocio puede ser motivo de conflicto si no se comparte unos mismos intereses. En este caso, se debería establecer un consenso al respecto.
  • Economía. El origen y el uso del dinero de la pareja suele ser un tema de conflicto, por lo que es positivo dejar claras las normas a seguir en este aspecto.
  • Incompatibilidad. Cada persona es diferente, y siempre existen intereses contrapuestos que es necesario compatibilizar.
  • Decoración. Al igual que la personalidad individual, cada persona tiene su estilo propio. Sin un acuerdo previo, puede resultar difícil decorar un espacio común.
  • Rutina. Caer en la monotonía puede terminar por desencantar a nuestra pareja, para lo que habrá que evitar instalarse en una zona de confort.
  • Intromisión. Los problemas debe resolverlos la propia pareja; una cosa es dejarse aconsejar, y otra muy distinta dejar que terceras personas intervengan en la relación.
  • Costumbres. Ciertos hábitos pueden resultarnos intolerables, pero forman parte de la personalidad de nuestra pareja.
  • etc.
¿Cómo se pueden mejorar los problemas de convivencia en la pareja?

En ocasiones, los problemas de convivencia en la pareja van incrementándose gradualmente hasta que llegan a ser casi irresolubles. Por este motivo, es fundamental empezar a trabajar sobre ellos tan pronto como se empiecen a producir. Para ello, un primer paso es hacernos conscientes de que ambas partes de la pareja están del mismo lado; parece una obviedad, pero muchas veces en el calor de la discusión olvidamos este aspecto tan importante.

Partiendo de esta premisa, que ambas partes comparten un objetivo común, es mucho más sencillo mejorar la convivencia. Así, nos hacemos conscientes de que los conflictos no surgen por el deseo de fastidiar al otro. La relación sentimental relación no es una competición, ni esta puede funcionar al margen de la otra persona. Esto nos lleva ineludiblemente a comprender la necesidad de actuar de manera tolerante y flexible; solo mediante la escucha, la negociación y la aceptación se pueden compatibilizar las aspiraciones de ambos miembros de la pareja.

En ocasiones, sin embargo, la dinámica de pareja está ya muy viciada por los acontecimientos pasados. En estos casos, puede ser de utilidad acudir a un experto que nos asesore sobre cómo mejorar nuestra relación. Mediante la terapia de pareja, un psicólogo especializado podrá ayudarnos a romper el círculo vicioso de discusiones y conflictos, dotándonos de herramientas que podamos usar cotidianamente para gestionar adecuadamente la vida en pareja.

En este proceso de terapia de pareja el psicólogo nos ayudará a identificar el problema real que ha derivado en un deterioro de la relación, nos enseñará a manejar nuestras emociones y a modificar nuestras conductas, y nos permitirá conocer cómo evitar muchas de estas desavenencias antes de que aparezcan o se agraven.

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