¿Qué son los problemas de pareja?

Todas aquellas personas que han tenido alguna relación sentimental conocen que los problemas de pareja son inevitables; por muy bien que funcione nuestra relación, sin importar la afinidad o el cariño, antes o después se producirán desavenencias. Además, es habitual que actuemos de manera poco racional con nuestra pareja… no es raro que nos dejemos llevar por nuestras emociones, lo que hace que un asunto cualquiera que en otra circunstancia no tendría mayor importancia, pueda desencadenar una auténtica discusión.

Múltiples estudios demuestran que vivir en pareja supone importantes beneficios para la salud emocional y física de las personas. Esto, sin embargo, no se da en todos los casos; para ser así, es necesario que la relación de pareja se desarrolle de manera sana y positiva para ambos miembros. Por el contrario, aquellas personas que viven una relación sentimental poco sana pueden pasar por un auténtico suplicio. Y peor aún, también hacen pasar ese sufrimiento a la persona con quien conviven.

En consecuencia, el problema no está tanto en la existencia de conflictos, sino más bien en cómo se resuelven estos. En función de cómo se aborden estas discrepancias, la relación de pareja puede salir fortalecida o debilitada. De hecho, no es descabellado afirmar que algunos problemas de pareja pueden terminar fortaleciendo la relación; la clave aquí es saber gestionar adecuadamente el conflicto, para así canalizarlo y afrontarlo de la mejor manera posible.

El amor, por sí mismo, no resuelve los problemas de pareja; sin embargo, es un elemento fundamental que, de utilizarse bien, puede ayudar a encontrarles una solución. En función de cómo se vayan resolviendo estas dificultades, la relación de pareja irá consolidándose o debilitándose gradualmente. Así, una relación sana y positiva no se obtiene fácilmente, sino que es un trabajo logrado día a día.

¿A qué se deben los problemas de pareja?

Posiblemente uno de los factores más importantes a la hora de desarrollar una relación sana y evitar los problemas de pareja es el propio bienestar individual. Es imposible desarrollar una convivencia satisfactoria y constructiva si ambos miembros de la pareja no están bien individualmente.

Es un error común pretender encontrar en la pareja la solución a problemas propios, ya que esto no suele funcionar; por el contrario, al hacer esto, lo que suele pasar es que se proyectan las insatisfacciones propias sobre otra persona. En consecuencia, lo que es un problema individual termina siendo una dificultad para ambos miembros de la pareja.

Esto no quiere decir, obviamente, que no podamos encontrar apoyo en nuestra relación. Y si esta se lleva adecuadamente, las dos partes de la pareja salen mutuamente beneficiadas y reforzadas; lo que es un error de partida, es buscar la relación como forma de superar las problemáticas propias. Podría decirse en este sentido, que una relación sana es aquella que surge porque deseas aportar algo al otro miembro de la relación, ayudar a esa persona y acompañarla y disfrutar junto a ella. Por el contrario, un mal punto de partida para una relación sería cuando sucede al revés; cuando el deseo de encontrar solución a una insatisfacción personal te lleva a establecer una vida en pareja. Así, la generosidad y el mirar por la otra persona son dos elementos básicos para que una relación funcione adecuadamente.

Una vez se ha partido de esta base mínima, lógicamente existen otras muchas pautas importantes en la relación de pareja. Hábitos como la comunicación, la empatía, la capacidad para llegar a acuerdos, o el respeto son indispensables para superar exitosamente los problemas de pareja. Precisamente porque no existen las parejas sin conflictos, es imprescindible que quienes viven en pareja sepan cómo resolverlos.

¿Cuáles son los principales síntomas de los problemas de pareja?

Muy frecuentemente sucede que nuestra relación de pareja se va deteriorando poco a poco, pero no somos conscientes de ello. Esto puede dar lugar a que, para cuando nos demos cuenta, sea ya demasiado tarde para arreglarlo. Por este motivo, es importante estar alerta ante posibles indicios de que algo no funciona en nuestra relación. Solo así podremos intentar encontrar una solución antes de que los problemas de pareja se agraven.

Cuando una relación comienza a deteriorase, son varios las señales de alarma a las que deberíamos prestar atención. Entre estos, los más frecuentes son los siguientes:

Primeros indicios de que la relación se está deteriorando
  • Vemos siempre el lado negativo de nuestra pareja: ante cualquier cosa que diga o haga, lo interpretamos negativamente. Nos fijamos constantemente en sus defectos, pero no prestamos atención a lo que hace bien.
  • No se siente necesidad de estar en pareja: esto se da cuando se prefiere estar solo o con otras personas; estar con la pareja es un plan menos apetecible, lo que significa que realmente no se le echa de menos.
  • Falta de comunicación: ya sea por trabajo, por estrés o por cualquier otro motivo, no nos comunicamos con nuestra pareja. En estos casos, ambas partes no hablan entre sí, no por enfado o por molestia, sino simplemente por inercia.
Síntomas de que la relación de pareja está dañada
  • No hay planes de futuro compartidos: la relación se ha convertido en una rutina y, además, no hay planes de que esto cambie. No se comparten objetivos, metas o simplemente planes de futuro. El día a día de la pareja pasa, y no hay señal alguna que haga pensar que algo pueda modificarse en esa dinámica.
  • Falta de relaciones sexuales: obviamente la actividad sexual se modifica con el tiempo, y no es igual en todo momento. Sin embargo, cuando la falta de relaciones es absoluta, es un claro indicio de que algo falla; la ausencia de deseo es un indicativo claro de que no hay complicidad.
  • Sensación de tristeza o depresión: cuando tu relación no es fuente de satisfacción, sino de tristeza, algo va mal. Esto es especialmente así si esa sensación de tristeza solo se da cuando estás con tu pareja; si al estar separados no tienes ese sentimiento, es un signo claro de que algo falla en la relación.
  • Indiferencia: cuando además de todo lo mencionado anteriormente, no existe ninguna sensación de enfado o molestia. Se asume como normal que la relación discurra de esta manera. Además, no existe intención por ninguna de las dos partes de cambiarlo.
Señales de que la relación está gravemente deteriorada o rota
  • Desconexión emocional: a pesar de que los problemas de pareja son evidentes, esto no genera enfado ni malestar. Esta desconexión suele ser por parte de los dos miembros de la pareja. No se comparten los sentimientos entre la pareja, que evita hablar sobre cualquier cosa, pero sobre todo sobre cómo se siente cada uno.
  • Desconfianza: no solo porque vemos lo peor de nuestra pareja, sino porque íntimamente nos sentimos traicionados. Nuestro malestar con la relación nos hace achacar la responsabilidad a la otra persona, creyendo que nos quiere perjudicar. Interpretamos que no se han portado bien con nosotros, y que se ha hecho con intención de herirnos.
  • Atracción hacia otras personas: es uno de los síntomas más definitivos. Cuando una relación está seriamente dañada, podemos empezar a buscar lo que nos falta en otras personas. Es un paso definitivo hacia la ruptura y el inicio de una nueva relación.
¿Qué tipos de problemas de pareja hay?

Hay tantas parejas diferentes como personas. Lógicamente, esto implica que los distintos problemas de pareja que pueden darse son también de lo más variado; no existe un decálogo que identifique los diferentes conflictos que puedan darse en una pareja, ni el mejor modo de solucionarlos.

Sin embargo, sí que hay una serie de situaciones que son más frecuentes que otras. En este sentido, cabría mencionar lo que suelen ser los conflictos más comunes en las relaciones sentimentales. Entre estos, cabría destacar los siguientes problemas de pareja:

Discusiones constantes

Muchas veces las parejas entran en un círculo vicioso de conflicto y confrontación. Las discusiones se vuelven una tónica habitual, y condicionan gravemente todo el funcionamiento de la pareja. Cualquier cuestión, por irrelevante que sea, puede ser susceptible de convertirse en objeto de disputa; en estos casos, es fundamental saber reconducir la situación, o la relación se irá deteriorando gradualmente hasta romperse definitivamente.

Discutir es natural, inevitable e incluso positivo, aunque hay que hacerlo adecuadamente. Es importante saber establecer la diferencia entre mantener el punto de vista propio, o querer imponerlo a la otra persona. Además, también hay que ser consciente de que no se puede descargar en nuestra pareja nuestras frustraciones personales; existen motivos de estrés laboral, familiar o social que muchas veces terminamos discutiendo dentro de nuestra relación. Identificar adecuadamente estos problemas de pareja y controlarlos es imprescindible para que la relación no se vea perjudicada.

Comunicación en la pareja

La comunicación es posiblemente el elemento más importante en los problemas de pareja. No solo es imprescindible para poder solucionarlos, sino que muchas veces es también la causa que los origina. Muchas veces resulta difícil identificar y evitar pautas de comunicación tóxicas, que inconscientemente dan lugar a disputas.

Igualmente importante es desarrollar la capacidad de escucha, ya que sin esta no puede existir una comunicación realmente efectiva. Únicamente prestando atención a lo que nos transmite y siente nuestra pareja, podremos empatizar y comprender su situación. Además, los reproches, las faltas de respeto o los sarcasmos son hábitos a los que recurrimos inconscientemente y que pueden resultar verdaderamente nocivos para nuestra relación.

Infidelidad

Una de las situaciones más graves que puede afrontar una pareja es la infidelidad de uno de sus miembros. En estos casos, se produce una ruptura de la confianza entre ambas partes; sin esta confianza mutua, que es uno de los pilares básicos de cualquier relación sentimental, la pareja queda severamente dañada.

El propio concepto de infidelidad es de difícil precisión, ya que no necesariamente implica tener relaciones sexuales con otra persona. Puesto que la confianza es una cuestión muy subjetiva, cada individuo puede considerar como infidelidad algo distinto. En cualquier caso, este es uno de los motivos más frecuentes de ruptura; según diversos estudios, solo el 50% de las parejas en las que ha habido infidelidad por alguna de sus partes, consiguen reponerse y salvar la relación.

Celos

Cuando hablamos de celos, nos referimos al miedo a perder a nuestra pareja o a que esta nos sea infiel. El temor a ser rechazados o a ser sustituidos por otra persona da lugar a pensamientos distorsionados o irracionales; estos miedos llevan en última instancia a intentar controlar a la pareja, intentando conseguir una seguridad que reafirme la relación.

En consecuencia, los celos son una determinada forma de gestionar la relación de pareja, aunque enfocada de una manera que puede llegar a ser nociva. Aunque tener celos no es necesariamente malo en sí mismo, si estos no se controlan sí que puede ser perjudicial. El límite entre preocuparse por una persona a la que quieres y desconfiar de ella puede ser difuso. Se puede concluir que los celos se convierten en un problema en el momento en que nos impiden disfrutar del presente o cuando limitan la libertad del otro miembro de la relación.

Problemas sexuales

El sexo es un aspecto muy importante en las relaciones de pareja; de hecho, aunque frecuentemente se dice lo contrario, sin una vida sexual sana es difícil que una pareja funcione adecuadamente. Sin embargo, cualquier persona puede presentar de manera ocasional pequeñas anomalías en su respuesta sexual. No obstante, solo hablaríamos de disfunción cuando el problema se prolonga durante un determinado tiempo.

Las disfunciones sexuales son mucho más frecuentes de lo que creemos, y más aún si solamente hablamos de situaciones puntuales. Hablamos de disfunciones sexuales cuando se experimentan dificultades en cuanto al deseo, la excitación, el orgasmo o la resolución durante cualquier etapa del acto sexual. Como ya hemos dicho, el sexo ocupa un lugar tan destacado en las relaciones de pareja; por este motivo, los problemas en este ámbito suelen trasladarse también a la relación sentimental.

Individuo, pareja, familia y amigos

Uno de los motivos de conflicto más habituales en las parejas es el uso que se da al tiempo libre. Decidir qué actividades realizar en este tiempo, o con quien hacerlas, suele ser un punto de fricción en muchas relaciones. Las diferentes perspectivas e intereses en este sentido hacen que sea difícil encontrar una solución que agrade a ambas partes.

Muchas veces es necesario encontrar acomodo a las exigencias o necesidades de distintos ámbitos. Hacer planes con amigos, ver a la familia, quedar con compañeros de trabajo de uno u otro miembro de la pareja, realizar actividades con los hijos o incluso facilitar que estos últimos tengan sus propios planes, son solo algunas de las vertientes de esta ecuación irresoluble.

Este conflicto de intereses puede dar lugar a situaciones de confrontación que terminen por dañar la relación. En estos casos, suele ser imprescindible desarrollar capacidad de escucha, negociación y compromiso; solo de esta manera se puede garantizar que ambas partes de la pareja ven sus necesidades cubiertas.

Dependencia emocional

En cualquier relación sentimental es normal que ambos miembros se encuentren vinculados emocionalmente. Esta vinculación, sin embargo, puede llegar en ocasiones a convertirse en una dependencia emocional patológica. Esta se da cuando uno de los miembros de la pareja siente una necesidad exagerada de recibir atención del otro; cuando esta necesidad termina por limitar la libertad de ambos miembros de la relación, hablaríamos ya de dependencia patológica.

Decimos que limita a ambas partes porque el dependiente necesita de la atención de la otra parte constantemente, inhabilitándole seriamente, llegando hasta tal punto que, sin darse cuenta, necesita al otro incluso de manera constante. Y por el otro lado, porque el no dependiente ve su libertad seriamente coartada; se le exige estar permanentemente al tanto de la otra persona, lo que le inhabilita para desarrollar una vida autónoma.

Monotonía

La rutina, la monotonía y el aburrimiento son unas de las grandes dificultades de las relaciones de pareja. Con el paso del tiempo, la relación va perdiendo la pasión de los primeros años; además, el trascurso de los años y la confianza mutua hacen la rutina se asiente en el día a día. La rutina no es mala en sí misma, pero puede ser una amenaza para la relación de no gestionarse adecuadamente.

Cuando la monotonía se adueña de la relación, la tendencia habitual es responsabilizar a la pareja; en estos casos es necesario ser consciente de que la responsabilidad es de ambas partes. Por ello, se hace necesario establecer pautas que eviten que la rutina termine por destruir la relación. Reconocer que existe un problema, hablar sobre ello y buscar un compromiso por parte de los dos miembros es necesario para encontrar una solución.

Problemas de convivencia

La vida en común de dos personas hace que sea inevitable que surjan fricciones en el día a día. Las pautas más elementales de una persona pueden no coincidir con las de su pareja, lo que puede generar desacuerdos. Cuestiones como la limpieza del hogar, el reparto de tareas, los horarios, etc., pueden terminar por convertirse en asuntos espinosos.

Para que la relación de pareja se desarrolle adecuadamente, ambas partes deben entender la necesidad de adaptarse mutuamente. Cualquier posición inflexible terminará haciendo que la otra parte termine resintiéndose, tanto si cede como si no. En este sentido, la capacidad de negociar y de asumir compromisos es imprescindible para garantizar una vida en común satisfactoria.

Relaciones tóxicas

Que una relación sea tóxica no quiere decir que no haya amor, sino que no se quiere bien. Podríamos definir como relación tóxica aquella que no hace bien a uno o ambos miembros de la pareja. Esto puede suceder por múltiples motivos: porque se es infeliz en la relación, porque se produce chantaje emocional, porque se culpabiliza a una de las dos partes, porque se manipula su comportamiento o bien simplemente porque se roza el maltrato psicológico.

Para solucionar estos casos, lo primero es tomar conciencia de que existe un problema. Esto muchas veces no es sencillo, ya que se puede querer a esa persona que te está haciendo daño. Además, es muy frecuente que incluso nos auto culpemos sobre las acciones de la otra persona; así, nos convencemos de que la responsabilidad no es suya, sino nuestra. Solo asumiendo la responsabilidad de cada uno es posible plantarse definitivamente y reconducir, o incluso finalizar, la relación. Esto muchas veces es una decisión difícil, que requiere de grandes dosis de valentía y autoestima.

Miedo al compromiso

Muchas veces, algunas parejas funcionan perfectamente durante un tiempo pero llega un momento en que se estancan. Esto sucede frecuentemente cuando las dos partes no tienen las mismas expectativas a la hora de seguir consolidando la relación. En estos casos, uno de ellos quiere seguir avanzando pero el otro no lo desea o no lo tiene claro.

El miedo es una reacción natura ante cualquier elemento que pueda sentirse como amenaza; en este sentido, asumir un mayor compromiso puede suponer salir de una zona de confort, entrar en un terreno desconocido. Por ello, esto a veces puede interpretarse como una situación amenazante o, al menos, poco deseable. En estos casos lo más importante es que la pareja exponga honestamente sus expectativas en la relación, para intentar así llegar a un acuerdo mutuamente satisfactorio; en caso de no ser así, una de las dos partes terminará quedando defraudada, lo que dañará gravemente la relación.

Dificultad para encontrar pareja

Si bien hay excepciones, la mayor parte de las personas siente la necesidad de establecer una relación afectiva de pareja. Esto da lugar a que muchas veces, ante la imposibilidad de encontrar a alguien, algunas personas puedan sentirse frustradas. Puesto que este es un ámbito emocional tan íntimo, esta situación puede dar lugar a un gran malestar; la incapacidad para encontrar pareja puede relacionarse, como causa o consecuencia, con problemas de autoestima, inseguridad, depresión, etc.

Muchas veces el hecho de no encontrar pareja tiene una fácil solución; para ello, puede bastar simplemente con entrenar y mejorar las habilidades sociales, aprendiendo a cómo relacionarnos con otras personas. El primer paso en este sentido es conocer a gente, a partir de lo cual hay que saber elegir apropiadamente. Una vez identificada la persona adecuada, tan solo hay que aprender a seducirla, atraerla y mantenerla.

Ruptura o divorcio

No todos los conflictos de pareja pueden ser resueltos. En ocasiones, no queda más remedio que dar por finalizada la relación y afrontar una nueva etapa. Esto muchas veces es doloroso, por lo que es frecuente intentar evitarlo por todos los medios; sin embargo, intentar salvar la relación no siempre es la mejor idea. A veces, debido a los acontecimientos pasados, la pareja queda irreversiblemente rota y lo mejor es saber pasar página.

En estos casos, lo más importante es afrontar la ruptura y la nueva etapa de la mejor manera posible. Una vez termina la relación, el primer paso es volver a aprender a afrontar la vida sin la otra persona. Lógicamente en estos casos existe un proceso de duelo, que han de pasar ambas partes. Sin embargo, esta es una etapa normal que debe dar lugar a una nueva fase, en la que reiniciar un proyecto de vida, bien en solitario bien con una nueva pareja.

¿Cómo se tratan los problemas de pareja?

Tal y como hemos mencionado, todas las parejas pasan en un momento u otro por situaciones de crisis. En ocasiones estas se agravan hasta tal punto que puede ser necesario recurrir a la ayuda de un profesional. Para ello se emplea la terapia de pareja, dirigida a superar los conflictos y resolver los problemas de la relación; para conseguirlo, es necesario desvelar los motivos de fondo que dan lugar a la aparición de estas disputas.

Muchas veces, cuando la relación se ve bloqueada por distintos problemas, puede ser conveniente la intervención de una tercera persona. La figura del psicólogo experto en terapia de pareja puede aportar una visión objetiva y externa. Así, se puede evaluar la problemática de manera correcta y aplicar la metodología más adecuada para su resolución.

En esta terapia se aprende a desarrollar, de manera conjunta con la pareja, estilos de relación positivos, la creación de la confianza mutua, la aceptación del otro, el disfrute, la toma de decisiones, la pasión, etc. Se potencia así la comunicación positiva y asertiva, basada en el respeto mutuo y en la escucha activa. El fin último de la terapia es detectar esos problemas de relación y de comunicación poco efectivos.

En cualquier caso, la terapia no tiene siempre por objetivo solucionar los problemas de pareja. A veces, los pacientes pueden llegar a la conclusión de que lo mejor es finalizar la relación. Otras veces, la terapia tiene por objetivo ayudar a personas que se encuentran afectadas psicológicamente por una ruptura sentimental o ancladas en relaciones pasadas.

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