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Autoeficacia percibida o saber si realmente crees en ti

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    La autoeficacia percibida es un concepto psicológico acuñado por Albert Bandura. Se relaciona con nuestra autoestima, con la capacidad de creer en nosotros a la hora de alcanzar una determinada meta. Es una parte de la valoración personal y un pilar indispensable de lo que somos. De la misma forma que está siempre latente, podemos poner el foco en ella y hacer que mejore. Esto incrementa nuestra motivación y la capacidad de lograr objetivos por grandes o pequeños que sean.

    ¿Qué es la autoeficacia percibida?

    Para poder entender que es la autoeficacia percibida tenemos que partir de la idea de subjetividad. Todo lo que evaluamos en nuestra vida, dentro o fuera de nosotros, está marcado por una serie de sesgos. Estos sesgos son esquemas aprendidos, adquiridos en la educación, la cultura o las experiencias donde nos hemos desarrollado. A partir de ahí, todo lo que percibamos será pocas veces objetivo o científico. Se basará en esos esquemas y podremos estar equivocados, aunque nuestro cerebro ciegamente nos diga lo contrario.

    Por lo tanto, ya sabemos que la autoeficacia percibida es subjetiva, es evaluada por una misma en base a una serie de sesgos con los que contamos. ¿Y el término autoeficacia? Hace referencia a las capacidades que podemos tener o que nos pueden faltar a la hora de enfrentarnos a una tarea o marcarnos un objetivo y conseguirlo.

    De esta forma, la autoeficacia percibida es la creencia que yo tengo de mí mismo para evaluar mis capacidades a la hora de alcanzar una meta. No siempre será real, pero sí marcará de forma casi absoluta tanto si me pondré a hacerlo como si tendré éxito. Porque, al final, lo que creo de mí mismo se acaba cumpliendo: profecía autocumplida.

    Albert Bandura y la autoeficacia percibida

    Albert Bandura es uno de los psicólogos más importantes, famoso por la elaboración de diferentes conceptos y por su teoría del Aprendizaje Social. Ha estudiado diferentes aspectos del aprendizaje, pero también de todo lo relacionado con él, entre lo que encontramos la autoeficacia percibida.

    Según Albert Bandura, nuestras habilidades y capacidades a la hora de resolver determinadas situaciones ejercen un rol crucial a la hora de conquistar metas o terminar tareas. Pero no cuando buscamos, por ejemplo, hacer una carrera o cambiar de trabajo, sino también en aspectos mucho más cotidianos.

    Por tanto, el como yo me veo no solo afectará a las grandes decisiones de mi vida y a si sabré enfrentarme y resolver cada una de ellas. Aparece también cuando me enfrento a pequeñas tareas diarias de mi trabajo, a mi forma de relacionarme con el deporte o con mis hobbies. Es entonces crucial que nuestra autoeficacia percibida se encuentre en un punto óptimo, ya que nos generaríamos a nosotros mismos una frustración constante. Aspectos como los miedos, la impotencia o la desesperanza se relacionarían con la autoeficacia percibida, ¿no?

    La autoeficacia percibida y los pensamientos

    Muchos de los aspectos emocionales y cognitivos que vivimos se retroalimentan con nuestro desempeño. Forma parte de la tríada pensamiento-conducta-emoción. No es necesario descubrir qué ocurre antes, porque activado el pensamiento, por ejemplo, le seguirán conducta y emoción. Y cuando aprendemos a gestionar una parte de la tríada, equilibraremos las otras dos. En esta ecuación entra en juego la autoeficacia percibida. También cuenta con esta tríada: pensamientos sobre lo que yo puedo alcanzar, el cómo me siento al respecto y las conductas que ejecuto para alcanzarlo.

    Pongamos un ejemplo. Tengo una baja autoeficacia percibida. Mis pensamientos giran en torno al “no soy válida; no soy suficiente; todo lo que haces fracasa”. Mis emociones acompañarán a esos pensamientos, me sentiré desesperanzada y, por tanto, como creo que no lo alcanzaré, no me pongo a ello, y me siento un fracaso sin tan siquiera empezar. Pero también puede ocurrir en otro orden. Estoy en unos días de enfado conmigo mismo. Me toca enfrentarme a una tarea, y esas emociones de rabia me dicen lo injusto que es que yo tenga que realizar la tarea, mis pensamientos giran en torno a eso. Eso me llevará a conductas donde mi desempeño irá a tirones y haré rápido y mal la tarea.

    Independientemente de qué ocurra antes – pensamiento, conducta o emoción-, la autoeficacia percibida se retroalimentará en ello y se irá consolidando con el paso del tiempo y las experiencias.

    Nuestros esquemas son modificables

    Una de las grandes aportaciones de Albert Bandura (y otras personas dedicadas a la Psicología) es que nuestros esquemas son modificables. De la misma forma que se han ido construyendo a lo largo de los años, también, con esfuerzo y tiempo, pueden modificarse, deconstruirse o consolidarse. Esto nos permite que, si nuestra autoeficacia percibida no nos está ayudando, podamos modificarla y hacer que sea un punto potenciado en nosotros.

    Esto nos da un gran margen, ya que, por lo general, nuestra autoeficacia percibida no suele ser ni cercana a la realidad ni totalmente alineada con nuestras metas. Esto nos entorpece y nos estanca. Pero todo tiene solución.

    Modifica tu autoeficacia percibida

    Para poder entender y modificar tu autoeficacia percibida, tenemos que basarnos en los cuatro pilares sobre los que se asienta. Esto nos permitirá trabajarlos a la vez y, con el tiempo, ver un cambio en nuestra forma de proyectarnos a metas y lograrlas.

    • Logros pasados: Esto es lo que suele alimentar la mayoría de las cosas que creemos sobre nosotros mismos. Apoyarnos en aquello que sí logramos hacer, las metas cumplidas, sin restarle valor ni importancia. Entender que hemos sido válidos en otras tareas, aunque no se parezcan a la actual.
    • Aprendizaje por observación: También lo que otros hacen nos influye. Puedo fijarme en personas que se parezcan a mí de alguna manera y que hayan alcanzado esa tarea. Buscar un modelo que se ajuste, no alguien totalmente alejado. Alguien de nuestra edad o con un mismo historial de vida.
    • Tus palabras: Aquello que nos decimos influye en lo que acabamos logrando o en cómo nos sentimos. Cambiar las palabras, ser más compasivos o pacientes con nosotros mismos es fundamental.
    • Mi estado físico: tanto el cómo se encuentra nuestro cuerpo o nuestras emociones. El autocuidado debe ser un pilar fundamental, y para eso debo escucharme y cumplir con aquello que necesito para estar bien.
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